Menú ruso les ofreció a sus invitados el embajador Abelardo Parentini Posse la noche del martes. A su mesa se sentaron Eduardo Duhalde, Rafael Bielsa, su eventual sucesor Carlos Bettini, el jefe de Gabinete Alberto Fernández, los senadores Miguel Pichetto y Ramón Puerta, el diputado José María Díaz Bancalari, el embajador Eduardo Valdés y la mano derecha del canciller, Aníbal Gutiérrez. Entre bromas y veras, a este Aníbal comenzaron a llamarlo «el bueno», en alusión al ministro del Interior, Aníbal Fernández, convertido en el primer verdugo del duhaldismo con su candidatura a gobernador, ya lanzada. Cuando ya se había consumido la pechuga a la Kiev, llegó Néstor Kirchner y su esposa Cristina: acababa de dejar la comida con los reyes en La Zarzuela. A esa hora, distendidos, la char-la se volvió animada. Duhalde comenzó a comentar su viaje por la India con Lula Da Silva, alguien hizo una alusión al Kama Sutra -ya era la una de la mañana-y el ex presidente se lanzó con una teoría sobre la vinculación que existe entre el sexo y el uso del poder. Según la lección duhaldista, la relación es inversamente proporcional (recordar que el teórico dejó el poder por adelantado, igual que Fernando de la Rúa y Raúl Alfonsín). Parentini, de puro oficialista, arguyó que «Perón sólo tuvo relaciones sexuales con Evita entre 1946 y 1948; después fue una relación de poder». Nadie se animó a calificar a Duhalde, como hacen algunos maliciosos bonaerenses, de «voyeur» de la política, es decir, alguien que ubica a otros en el poder (Kirchner, Solá) para observar desde su casa cómo lo disfrutan. Seguían las lucubraciones, más ahora con la vodka que aportó Parentini, mientras indicaba: «Tomen, tomen, que después de esto se soporta todo. Se los digo yo por experiencia». Es cierto, el embajador protagonizó días aciagos con este viaje presidencial, que significó prácticamente el fin de su gestión.
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* Disfrutó Cristina Kirchner como pocas la reunión que mantuvo al mediodía, almuerzo mediante, con la cúpula de la Real Academia Española de la Lengua. Llegó al palacio acompañada por Alberto Fernández, Rafael Bielsa, Eduardo Valdés y Gloria Bender, la secretaria de Asuntos Culturales de la Cancillería. El dueño de casa, Víctor García de la Concha, paseó a los invitados por la biblioteca, los detuvo especialmente en la del filólogo y crítico Dámaso Alonso y se enredó después en discusiones sobre el lunfardo, con apoyo de algunos colaboradores. El motivo del encuentro fue organizar el Congreso de la Lengua que se desarrollará en Rosario, para el cual el propio Néstor Kirchner se puso al frente de una colecta que complete el aporte estatal: costará 1 millón 700.000 euros, bastante menos que el realizado en Valladolid en 2001, que sumó 4 millones de dólares. A propósito de una primera edición del Quijote, se recordó que este año se cumplen 500 años desde que se publicó por primera vez, por lo que al Congreso estarán invitados todos los premios Cervantes, junto al Premio Nobel José Saramago. Haciendo gala de erudición, De la Concha comentó con Bielsa un trabajo de Teun van Dij, a quien el canciller recordó como un gran polígloto (visitó Buenos Aires hace tres años), «igual que su maestro, el estructuralista Roman Jacobson». «Sí, contestó el académico, de Jacobson siempre se dijo que hablaba el ruso en 20 idiomas.» Bielsa, desenfadado, no pudo dejar de agregar: «Igual que un ex jefe de Gabinete argentino de no hace tanto tiempo, que habla 5 idiomas pero no piensa en ninguno». Para arruinar tanto buen humor e ingenio, se anuncio que en el Congreso se premiará con una medalla a Ernesto Sabato.
* «¿Estoy saludando al futuro presidente del gobierno espa-ñol?», preguntó Néstor Kirchner ayer cuando se encontró con Mariano Rajoy, candidato a suceder a José María Aznar por el Partido Popular. Los acompañantes del Presidente miraron azorados: «¿Qué va a decirle hoy al competidor, José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE?». Tal vez la apuesta de Kirchner terminó de configurarse cuando finalizó su reunión con Felipe González, quien llegó a la residencia del embajador Posse acompañado por un amigo de los Kirchner desde hace 30 años, el platen-se Carlos Bettini. «No entiendo cómo Rodríguez Zapatero no condenó con más firmeza lo sucedido en Cataluña», dijo González, refiriéndose a la entrevista entre el aliado del socialismo y separatista Corod-Rovira y dirigentes de la ETA buscados por la Justicia, principal escándalo en lo que va de la campaña electoral. Felipe González repasó todos los temas de la agenda internacional en una especie de clase magistral de las que acostumbra a brindar con encanto.
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