30 de enero 2004 - 00:00

Aznar, duro ayer: "es la última vez que ayudamos"

Cerró su agenda en España Néstor Kirchner cenando con el presidente José María Aznar en una taberna de Madrid Viejo. El argentino había recibido durante el día dos importantes promesas de inversión (Aerolíneas Argentinas y Telefónica). Pero durante la cena, Aznar finalmente fue al punto que más preocupa afuera: le dio un ultimátum respecto del lugar que debe ocupar la Argentina en el mundo. No es coherente recurrir a España o a Bush cuando se necesita cobijo y, a la vez, desafiarlos públicamente desde los micrófonos. Kirchner dio sus razones: «Tengo popularidad en mi país, pero no poder». Es evidente que Kirchner no se animó a desairar esta vez a los representantes del mundo de la libre empresa. Aprovechando esa actitud, Aznar le señaló el rumbo: «Tu mejor año para llegar a acuerdos es éste; de aquí en más, el tiempo corre en tu contra». Por «acuerdos» debe entenderse que preocupa a España (y a Bush, amigo de Aznar e impulsor de la velada de anoche) la relación con los acreedores privados, con el Fondo y con las empresas. Se pretende en España (al menos en el Partido Popular), antes de preferir a Brasil en América la-tina, que Kirchner fije un rumbo predecible, que dé más seguridad jurídica a los inversores que el gobierno argentino se encargó de seducir durante tres días. Parece haber entendido el presidente argentino: «Yo respetaré las reglas de juego, no las voy a modificar. Cumplo». Hoy, antes de emprender su regreso, Kirchner mantendrá reuniones con el titular del BBVA, que controla en el país el Banco Francés y con empresarios pesqueros.

Los matrimonios Aznar (José María e Inés Botella) y Kirchner (Néstor y Cristina Fernández) honraron ayer el menú del célebre restorán Casa Lucio.
Los matrimonios Aznar (José María e Inés Botella) y Kirchner (Néstor y Cristina Fernández) honraron ayer el menú del célebre restorán Casa Lucio.
Madrid - Anoche, en el restorán Casa Lucio, el más renombrado del Madrid antiguo, se celebró la reunión más trascendente de las que mantuvo Néstor Kirchner durante la visita a España que termina hoy. Se trata del encuentro con José María Aznar. La reunión fue a pedido el premier español, quien quiso hablar con el Presidente a solas. Aznar creyó que sólo así, liberado de un entorno que le sirve habitualmente de platea, Kirchner ofrecería la verdad de su pensamiento respecto de dos o tres cuestiones que en los países con intereses en la Argentina resultan inquietantes.

Según la información que este diario pudo recoger en el Ministerio de Asuntos Exteriores de este país, la charla iba a resultar áspera, sobre todo si Aznar exhibía la acidez e ironía que le conocen quienes lo rodean de cerca. El Presidente se mostró incómodo durante toda la tarde -revelaron sus íntimos-por esta comida que, en alguna medida, interpretó como una especie de encerrona a las que no está habituado.

El primer problema que estaba previsto en la agenda de Aznar tiene que ver con las relaciones entre la Argentina y los deudores, sean éstos el Fondo Monetario Internacional o los tenedores de títulos públicos en default.

Kirchner estuvo reunido ayer con uno de los más cercanos amigos del primer ministro, el presidente de Telefónica, César Alierta. Julio De Vido compartió reuniones con otros empresarios españoles, ligados al negocio energético.

De todas esas fuentes se pudo reconstruir lo que Aznar le dijo anoche a su colega: «Tienes que entender que tu mejor año para llegar a acuerdos es éste. Todo el tiempo que pase de ahora en adelante será en tu contra. No puedes estar enemistado con todo el mundo a la vez, con los países, con las empresas, con el Fondo Monetario, con los acreedores privados. Mira lo que sucedió en el Fondo; tal como te anticipé ayer (por el miércoles), hubo demasiadas abstenciones y tres países del G-7 no quisieron aprobarte el acuerdo. No nos dejes sin argumentos a los que queremos seguir ayudando a tu país. Es la última vez que ayudamos, cumplan algún acuerdo».

Kirchner iba al encuentro preparado para oír un planteo respecto de otro tema importante, que es el de la relación entre las empresas y el Estado en España. En La Moncloa se prepararon para decirle anoche que «la relación entre las empresas y el gobierno no es directa, lineal. Las empresas no le obedecen al gobierno en España. Ellas tienen una lógica de mercado, su finalidad es ganar dinero, y eso no está mal si lo hacen correctamente. Además, debes comprender que detrás de las compañías no hay necesariamente españoles, sino fondos de inversión internacionales. Frente a esos fondos, los directivos deben justificar sus inversiones. La apuesta por la Argentina es estratégica y la hemos mantenido en los peores momentos. Pero debes entender que hay un momento en que los gerentes deben justificar ante los accionistas por qué se quedan en tal o cuál lugar si allí los maltratan».

Aznar estaba ayer al tanto de que varios empresarios escucharon al Presidente y al ministro Julio De Vido decir que «si no entienden nuestras condiciones, revisaremos los contratos de concesión» (ver nota aparte).
Kirchner iba preparado anoche también para escuchar de su anfitrión una inquietud trasmitida por varios empresarios, entre los cuales hay algunos de los que según el propio Presidente «nos entienden»: «Me dicen que hay temas que se discuten durante meses y que luego no se dan soluciones, no se cumple lo pactado...».

Curioso, el reclamo suena parecido al que formuló el titular de RepsolYPF, Alfonso Cortina, cuando el miércoles dijo: «A veces, tratar con el gobierno parece ir a los toros. Uno habla aquí, allá, más allá y recorre toda la arena como el torero. Pero en ningún lugar está la solución, que se demora más y más. Queremos saber si éste es el método y si, finalmente, concederán lo que prometen».

•Preparación

El Presidente se preparó durante la tarde de ayer, buscando formarse una caracterización política sobre Aznar. Sonsacó algún dato hasta de sus adversarios, como cuando le preguntó al candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero: «¿Por qué Aznar parece ser tan empleado de Bush?». Miel para el paladar de Zapatero, quien compite en desventaja contra Mariano Rajoy, el candidato del gobierno y del Partido Popular.

En la mesa de «Lucio», Kirchner desgranó algunos de los argumentos preparados desde la noche anterior, cuando comió con su esposa Cristina, Alberto Fernández, Miguel Pichetto y José María Díaz Bancalari en el restorán Jockey Club, vecino a la residencia del embajador argentino.

Dijo Kirchner ante Aznar:


. «La Argentina pasó por una crisis tremenda y yo no puedo hacer cosas que vayan en contra de la opinión pública, porque eso me quita popularidad. Y la popularidades el único poder que tengo.»

. «Con el Fondo voy a cumplir, pero no me deben pedir que haga un ajuste fiscal más importante. Yo respeto la economía de mercado, no he intervenido desde el Estado, pero si no me dejan mantener el proceso de recuperación actual, habrá menos plata para todos, también para el Fondo. Si la economía se comporta como se muestra en estos días, con una perspectiva muy interesante, el año que viene habrá más plata todavía y entonces se podrá pagar más.» El argumento no cuenta con que, aun en las condiciones actuales, el año próximo deberá hacerse frente al pago de los BODEN, razón por la cual es probable que el gobierno se encuentre necesitado del financiamiento al que hoy parece renunciar. Si fuera así, el ajuste que se quiere evitar hoy (acaso erróneamente, ya que cualquier reestructuración supone un período de gracia de por lo menos 5 años) será más duro mañana. Y tal vez más cercano en el tiempo.

. El centro del planteo de Kirchner respecto de España fue expuesto varias veces en la intimidad de sus reuniones en estos días y se repitió anoche ante Aznar: «Hubo dos paradigmas, el de los '90 y el actual. Las empresas deben adecuarse al nuevo paradigmae invertir, ya que la Argentina-será de nuevo un gran negocio,como lo fue en la década pasada. Yo respetaré las reglas de juego, no las voy a modificar. Cumplo». De la comida en el «Madrid de los Austrias» participaron también Cristina Kirchner y Ana Botella, la esposa del primer ministro español. La presencia de las mujeres permitió también alguna distensión.

Indispensable: los dos hombres no se tienen simpatía, están en orillas distintas en cuanto a mentalidad política y ninguno de ambos es un dechado de calidez o sentido del humor.

Por lo que trascendió, al cabo de las dos horas de reunión, Aznar les comentó a los argentinos las características de la comida de la casa, mencionó la peculiaridad de que «Lucio» es el restorán preferido del rey Juan Carlos (compite en esto con La Trainera), hubo lugar para comentar las peripecias de la campaña electoral en la que está involucrada la política española, pero también para alguna frivolidad, como la afición de la pareja gobernante por algunas actrices y famosos, como Gema Guillén Cuervo. El presidente del Gobierno español habló veladamente de su futuro: tomará un año sabático, «que puede ser un mes», se dedicará a escribir un libro «no de memorias pero sí de reflexiones generales sobre la política y el gobierno» y, de volver a la política, «ya no será en la escena local». A diferencia de otras ocasiones, los Kirchner no pudieron invitar a sus anfitriones a la gira habitual que proponen en El Calafate. Al menos mientras estén en el poder, los Aznar deberán permanecer en España: hasta marzo, el proselitismo lo absorbe todo.

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