La situación se está complicando. Ayer por primera vez desde el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono se comenzó a mencionar abiertamente la palabra "confusión", en relación con la lucha que están liderando los EE.UU. contra los terroristas (fue el planteo de la CNN) . La falta de acciones armadas y algunas "chispas" que saltaron durante la semana con la información dada por Colin Powell y el presidente Bush, están comenzando a cobrar su costo, en una caída de la confianza hacia el Ejecutivo. Sin dudas, esto es lo peor que puede pasar y algunos temen que si no se toman acciones pronto la guerra contra el terrorismo termine como la guerra contra la droga o la guerra contra la pobreza, que lanzaron administraciones anteriores sin grandes resultados. A estas quejas se sumaron otras aun más fuertes por la falta de respuesta que parece estar teniendo el gobierno ante un parate económico, que luego de la catástrofe apunta a ser una verdadera recesión. Con este trasfondo es más fácil entender, más allá de los hechos puntuales del mercado, el malhumor que primó entre los inversores. Si bien las primeras operaciones del día fueron en positivo, para las 10 de la mañana los principales índices pasaban del lado perdedor, e iniciaban un movimiento bajista que prácticamente no se interrumpió a lo largo de todo el día. Seguramente si hubiera habido más interés que el manifestado por los apenas 1.533 millones de acciones operadas en el NYSE y 1.741 millones del mercado electrónico el Dow no hubiera cerrado en 8.567,39 puntos, mostrando una pérdida de 1,07% ni el NASDAQ hubiera perdido 2,5%. De alguna manera lo malo de lo que se vivió ayer es que no sólo se rompió una racha alcista que apenas si duró 48 horas, sino que los índices quedaron debajo del valor de cierre del lunes. Con ninguna noticia realmente positiva, el anuncio que la gente de Goldman Sachs reducía sus proyecciones de ganancias para Intel, que los de Merrill Lynch hacían lo propio con IBM, los de UBS Warburg con Caterpillar, etc., sumado a los anuncios de caída en las proyecciones de ganancias en AES, Bear Stearns y la mismísima Goldman Sachs y algunas otras como que los de Lehman reducían su proyección para el valor final del índice S&P a fin de año en 16,5%, al tiempo que afirmaban que les resultará difícil a General Motors y a Ford obtener ganancias el año que viene, fueron una lluvia de malas nuevas sobre los inversores que parecía no tener fin. Dejando de lado lo ocurrido ayer, lo peor es que aún no se inició el período de arribo de balances. Una advertencia: atención con el precio del petróleo.
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