Con baja rentabilidad bancaria, aún hay “colchón” para Guzmán

Economía

Este sistema financiero “pseudo-estatizado” posee un nivel de ROE real que es apenas positivo. Así y todo, sigue a flote, con algunas salvedades sectoriales. Tiene liquidez excedente.

La rentabilidad del sistema financiero luce algo aceptable bajo la mirada general de los analistas. Sin embargo, el resultado final es apenas positivo para el sistema en su conjunto. En particular, son los bancos minoristas más pequeños, las entidades digitales y las entidades financieras no bancarias, los menos agraciados, ya que son deficitarios. Los números del BCRA muestran que el ROE (indicador de rentabilidad sobre los activos de los bancos) viene cayendo desde fines de 2020 desde niveles del 25%. Cayó a niveles negativos a mediados del año pasado y luego comenzó a recuperarse pero siempre muy por debajo de los niveles de los últimos años. Según datos de CML&A, en base a estadísticas del BCRA, el resultado antes de impuestos y ajustes normativos se ubicó en el 0,6% del activo, con leve tendencia negativa en marzo pasado, siendo el resultado final del sistema de solo 0,07% del activo neto. Entre enero y marzo pasado, el resultado acumulado del sistema fue $47.054 millones, lo que implica un ROE real del 8% anual. Veamos más en detalle qué hay detrás de estos números.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que a partir de la nueva gestión del BCRA, liderada por Miguel Pesce, por cada peso destinado a préstamos privados los bancos colocaron $3,3 en Letras del BCRA (Leliq) y $2,6 en Títulos públicos nacionales. Con solo observar la performance de los activos más rentables de los bancos, es insoslayable que no haya de otra manera. Ya que hay muchos créditos subsidiados, con tasas nominales muy por debajo de la inflación, mientras que las tasas que devengan las Leliq y Pases, en términos relativos, las superaron ampliamente, al igual que los Bonos y Letras del Tesoro. Los bancos así prefieren colocar excedentes y/o capacidad prestable sobre todo en Leliq, porque el BCRA nunca ha defaulteado, y en menor medida en papeles del Tesoro, que sí ya incumplido (como en el reperfilamiento del 2019). De esta manera diluyen el riesgo crediticio que tendrían de haberle prestado a una empresa o particular.

Adentrándose en las entrañas de los balances de los bancos, CML&A señala que en marzo pasado, la cobertura de gastos con ingresos operativos fue de 275% mostrando una tendencia creciente desde mediados del año pasado. Eso es para el sistema en su conjunto, mientras que para los bancos privados el ratio es mayo y para los públicos apenas por debajo del promedio. En cambio para las entidades financieras no bancarias (EFNB) el ratio es apenas de 135%. La tendencia de la cobertura de gastos de administración está vinculada a los mayores ingresos por intermediación financiera (spread) respecto a los aumentos de sueldos y otros gastos operativos. Ello se ve bien al observar el margen financiero neto que para el conjunto del sistema alcanzó el 246% (para las EFNB fue menor al 130%). Claro que también entraron en juego, señala CML&A las flexibilizaciones normativas del BCRA que permitieron que los ingresos por comisiones cubran casi el 30% de los gastos. Así el resultado neto por servicios, como porcentaje de los gastos de administración, ascendió al 29% para el sistema en conjunto. Acá se observa una mayor dispersión de la performance de cada subsector, ya que los bancos privados muestran un ratio de resultado neto por servicios del 35% mientras que los bancos públicos apenas llegan al 20% y las EFNB a menos del 13%.

Hoy los bancos tienen un importante stock de deuda del BCRA, al igual que del Tesoro. Y si bien hay ciertas restricciones normativas, que podrían modificarse, existe un gran colchón aún de liquidez excedente, en caso de que el Palacio de Hacienda tuviera serios inconvenientes para financiarse o conseguir el rollover de los vencimientos de la deuda en pesos. Claro que las experiencias históricas muestran que siempre los atajos no terminan del todo bien. El hecho de cargar las carteras activas de los bancos con más deuda pública puede ser una movida arriesgada. Por lo pronto la dinámica de la política monetaria asegura que, bajo el actual proceso inflacionario, el crecimiento de los depósitos y por ende de los agregados monetarios le asegura materia prima a los bancos y al BCRA. Pero por otro lado el estacionar tanta liquidez en el BCRA es la contracara de una menor oferta crediticia para el sector privado, y por ende, una menor expectativa de crecimiento en el corto plazo. Al respecto, en el último Informe de Bancos, el BCRA señala que “con relación a la composición del activo total del sistema financiero agregado, en abril se incrementó el peso relativo de la tenencia de instrumentos del BCRA. Como contrapartida, las restantes partidas redujeron su ponderación en el activo. En cuanto a la composición del fondeo total a nivel agregado, en líneas generales no se registraron variaciones de magnitud. Los depósitos en pesos del sector privado continuaron explicando casi la mitad del fondeo total del conjunto de entidades financieras”. Sumando los instrumentos del BCRA y el crédito al sector público es más del 43% del activo.

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