Mr. Biden vuelve a la Casa Blanca, pero esta vez con un megaplan billonario bajo el brazo apostando a impulsar la recuperación pospandemia. Sin embargo inversores y analistas dudan no solo sobre cómo lo financiará sino si existe el peligro de recrear las condiciones financieras que imperaron antes del crack del 29 en Wall Street. Con una cuarta parte del mercado mundial de bonos operando en terreno negativo, lo que marca precios elevados, donde Tesla supera en capitalización bursátil a los principales fabricantes de autos del mundo sumados, y otros tantos indicadores como el boom bitcoin explican los temores de los inversores sobre una burbuja en los mercados mundiales. Así lo dejó claro, días atrás, Mark Haefele, CIO de UBS Global Wealth Management, a sus clientes quien aunque no cree del todo en una burbuja advierte las condiciones previas para eso: bajos costos financieros récord, nuevos participantes en los mercados, altos ahorros y bajos rendimientos de los activos tradicionales, lo cual crea tanto los medios como el deseo de participar en actividades especulativas. A lo que se suman signos de exuberancia irracional en los mercados de criptomonedas.
Muchas dudas sobre el Plan Biden (temor a repetir el colapso del '29)
Desde exuberancia irracional hasta estallido de burbujas marcan el sentimiento del mercado. El presidente electo de EE.UU. genera interrogantes sobre su capacidad de gestión e implementación.
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Pero quizás la charla que mantuvo Sam Meredith de la CNBC con el hedge fund David Neuhauser, CEO de Livermore Partners, aclara bien el sentimiento de parte del consenso: el plan Biden conllevaría un aumento de la inflación que sería potencialmente responsable de estallar una burbuja bursátil épica. Existe la idea que el Plan Biden intenta repetir el escenario de los Años Locos de la posguerra aspirando a que las personas regresen a la fuerza laboral rápidamente. Pero Biden corre el riesgo de quedar más cerca de ser Herbert Clark Hoover que de Franklin Roosevelt. Neuhauser no dudó en señalar que los inversores deberían preocuparse de que el plan de gastos del presidente electo pueda conducir a un evento como el colapso de 1929. Si bien la magnitud de los anuncios de Biden superaron, incluso, las expectativas de los grandes bancos de inversión de Wall Street, hay serias dudas de cómo lo financiará y si será viable, amén de que muchas de las reformas planteadas necesitarán del apoyo de los senadores republicanos. O sea, si pese a dominar en el Senado, la flamante administración demócrata será capaz de sacarlo adelante.
Ocurre que los inversores y gestores ven que las medidas de apoyo propuestas añaden leña al fuego de que los impuestos y las tasas de interés tendrán que subir, dos factores que tienen connotaciones negativas para las Bolsas, lo que arroja dudas sobre la capacidad de los mercados para mantener el ritmo con el que arrancaron 2021, más allá que la Fed se ha esforzado por subrayar que no aumentará las tasas en un futuro próximo.
Biden podría, teóricamente, deshacer muchos de los recortes de impuestos de Trump para las empresas y los ricos desde el primer día en el Despacho Oval, pero es poco probable que las subas de impuestos sean la prioridad para los demócratas en este momento. Por lo que apunta a que las reformas fiscales esperarán un año, al menos hasta 2022. “De hecho, no hay nada en el plan Biden que parezca estar financiado por aumentos de impuestos, por lo que se avecina otro tsunami de emisión de bonos”, señala Jeffrey Halley, analista de Oanda. Estos estímulos se sumarán a los casi u$s4 billones que la administración republicana ya ha gastado durante la pandemia, todo ello financiado por la deuda. Trump tenía un déficit de un billón de dólares incluso antes del covid-19 de modo que el déficit no es sólo un problema de los demócratas. Desde Julius Baer advierten que el mercado de la deuda ya había reaccionado al cambio político en la primera semana de enero, por lo que el anuncio de Biden no causó ni frío ni calor. “Nos atenemos a nuestra visión a largo plazo de que los rendimientos del Tesoro seguirán avanzando hacia el 1,5% en lo que queda de año y mantenemos nuestro llamamiento a la moderación de los riesgos crediticios a corto y medio plazo”, avisan estos expertos. Si bien puede haber algo en el comportamiento de los principales índices bursátiles de “comprar con el rumor y vender con la noticia”’, los analistas de Link Securities creen que “el tema es más complejo”: el programa que Biden pretende que sea apoyado por ambos partidos incluye muchas de las ayudas que habían venido proponiendo los demócratas en los últimos meses, pero en algunos temas sobrepasa lo estrictamente relacionado con la pandemia, como en el del salario mínimo, que propone aumentar en todo el país a 15 dólares la hora. El problema es que algunos puntos del programa necesitarán el apoyo de 60 senadores para poder convertirse en ley. Los demócratas controlan, tras las elecciones en Georgia, sólo 50 de estos escaños, con el voto además de la presidenta de la cámara, la vicepresidente Kamala Harris, por lo que deberán contar al menos con el apoyo de 10 senadores republicanos. Por el contenido de algunas de las propuestas, estas cuentas distan mucho de estar aseguradas ya que, de salir adelante el plan, conllevaría un fuerte incremento de la deuda. Es por eso, quizás, que los inversores no han mostrado la euforia esperada, ya que el proceso en la Cámara Alta no está nada claro y puede ser condenado a un infierno interminable de aplazamientos.Este es el desafío que el presidente electo afronta después de la toma de posesión. “Dado el desprecio que los republicanos tienen por la ayuda estatal, las esperanzas de consenso bipartidista de Biden serán puestas a prueba inmediatamente”, cree el estratega de Oanda. “No hay claridad ahora mismo sobre lo proclives que se sentirán a este gesto los republicanos”, asegura. Sin contar con que, en una futura fase, llegarán al Senado nuevos proyectos de ley para reconstruir América que casi seguro conllevarán incrementos de impuestos.
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