Biden se estrena a lo grande (pero Wall Street se achicó)

Economía

El presidente electo juega fuerte. Sabe que es ahora o nunca. El influjo del covid debiera mermar con el éxito de la vacunación. La economía volvió a destruir empleos y no hacer algo es inadmisible.

Hay que actuar ya. El presidente electo Joe Biden no esperó a su asunción, el miércoles, para poner las cartas de su política económica sobre la mesa con un nuevo paquete fiscal de 1,9 billones de dólares, cifra que superó las expectativas más agresivas. Allí dispone pagos directos de 1400 dólares a los ciudadanos, la suba del salario mínimo federal a 15 dólares por hora, generosos beneficios extra por desempleo, fondeo para la reapertura de las escuelas, 350 mil millones de dólares de ayuda a estados y municipalidades y 400 mil millones de dólares destinados a acelerar la vacunación masiva. No hubo tiempo material para gastar los 900 mil millones de dólares aprobados en diciembre como refuerzo en la lucha contra el Covid-19, un aperitivo, y Biden decidió ordenar el plato principal. Barack Obama padeció por timorato, no quiere cometer el mismo error.

Hay que pensar que la ley ARRA (2009) que rescató a EE.UU. de la crisis de Lehman sólo autorizó 800 mil millones de dólares de estímulo. Biden juega fuerte. Sabe que es ahora o nunca. Es su período de gracia, el influjo del Covid-19 debiera mermar con el éxito de la vacunación, la economía volvió a destruir empleos y no hacer nada es inadmisible, la FED pide más aliento fiscal a los gritos, la confusión reinante en el partido republicano (y la necesidad de muchos de no hacer olas) hoy es alta y cederá con el paso del tiempo. Biden nunca podrá agradecerle a Trump todo lo que hizo por su ascenso a la primera magistratura. La elección fue un referendo sobre Trump que después de la pandemia Trump no pudo ganar. El alud de más de 81 millones de votos que obtuvo no se debe a su carisma personal sino, en el margen, a la división de la sociedad que el republicano no inventó pero profundizó como ninguno. Y la toma del Congreso, un símbolo de la democracia hecha añicos, convierte al ceniciento senador por Delaware en otro símbolo, el de su querubín defensor.

¿Cómo se puede facturar tamaña ubicuidad? Hay que pisar fuerte (más si la apariencia sugiere debilidad), hacerlo rápido (si la fama es de lento) y pensar que el año próximo, con la elección de medio término, las bancadas se arrancarán los dientes. Es menester inflar las velas de la economía (y del mercado de trabajo) para llegar lo mejor posible. Develado el anuncio, resta ejecutar la faena sobre cubierta. ¿Conseguirá la flamante Administración la aprobación del Congreso? ¿Basta con las mayorías que tiene (la mínima posible en el Senado)? Zozobrar -le pasó a Trump con el Obamacare- sería un tiro a los pies. Biden sabe que los senadores republicanos aborrecen de la idea de financiar a estados y municipalidades. Y entre los suyos no a todos les causa gracia los pagos a personas que no perdieron su empleo (y por motivos estrictamente relacionados con la pandemia). El senador Joe Manchin, por caso, discrepa. Queda claro: el paquete es enorme para negociar su reducción, y aun así resultar eficaz. Nadie como Biden conoce el oficio. Quizás el republicano Mitch Mc Connell, pero gracias a Georgia, los demócratas le quitaron el manejo de la agenda. Con todo, será una porfía feroz.

¿Hay que vender con la noticia? Wall Street lo hizo. En tantas ocasiones zafó de los bretes con la expectativa de que no había mal que por bien no fuera y que como consecuencia más estímulo vendría en camino, que llama la atención que tras el anuncio, la Bolsa opte por hacer clic, caja. Y también habló Jay Powell de la FED. La institución, como la tendencia, es tu amiga. La FED no piensa en subir las tasas de interés, no lo hará porque la inflación exceda 2%, ni para combatir amenazas “teóricas” de inflación o desbalances. “No nos temblará el pulso cuando sea el momento, pero ese momento no será pronto”. Por si fuera poco, también las tasas largas (10 años) probaron hasta dónde daba el carretel del alza. Acariciaron 2,19% y ahí se les acabó el hilo. Se hundieron a 2,10% luego de una excelente subasta de bonos de 30 años. Todo positivo, incluyendo los balances de JPMorgan, Citi, Wells Fargo y PNC Financial. Pero, los papeles cayeron. Como si tocase un nuevo capítulo. ¿Es el fin del rally? No, pero sí la bienvenida a una etapa más friccionada y con los pies en la tierra. En principio, primer obstáculo, que asuma Biden y que sea sin alboroto.

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