Hasta anoche y a 24 horas del cierre de recepción de ofertas para canjear dinero de caja de ahorro o cuenta corriente por bonos a tres años de plazo, los principales bancos del mercado habían recibido sólo 1% de respuestas positivas. El virtual fracaso de esta iniciativa, diseñada por el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, anticipa un resultado no muy diferente para el canje que vence el 16 de julio para quienes tienen dinero reprogramado y un serio problema para el ministro Lavagna. «Sólo recibimos 250.000 pesos de órdenes de canje», dijo anoche a este diario el nospresidente de un banco extranjero con más de 100 sucursales. Otras entidades de similar tamaño directamente no recibieron pedidos. Hay varias razones que explican el desinterés del público en esta oferta:
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• Quien tiene hoy 100 pesos en el «corralito» y quiere salir de él, puede hacerse de efectivo sacrificando sólo 4%. Es lo que se cobra en cualquier mesa de dinero. Pasa entonces a tener 96 pesos, lo que equivale a 27 dólares (al tipo de cambio de ayer a $ 3,60).
• Si se acepta pasar $ 100 de cuenta corriente o caja de ahorro a un bono a 3 años -y si se lo hace al mejor precio posible que es de $ 1,40-, el ahorrista pasa a tener un bono por un valor nominal de 71 dólares (resulta de 100 pesos dividido 1,40). • Entonces la elección debe hacerse entre los 27 dólares «cash» o la promesa de u$s 71 en un bono del Estado -en default- a tres años.
• La sensación entre inversores es que este nuevo bono debería cotizar alrededor de 40 por ciento de su valor nominal (es mayor a 20 por ciento que cotiza un bono argentino hoy porque un Global, por ejemplo, sufrirá en la renegociación de la deuda una quita de 50 por ciento como mínimo en tanto que los nuevos papeles no entran en esa reestructuración). Por lo tanto en su debut, los nuevos títulos valdrán cerca de 28,5 dólares (es 40 por ciento de u$s 71), por lo que es prácticamente similar al valor que se obtiene saliendo del «corralito» sacrificando 4 por ciento que cobra cualquier mesa de dinero.
• Pero no menos importante es que para el ahorrista tradicional de plazo fijo (y que en diciembre con el «corralito» en vigencia pasó su dinero a caja de ahorro o cuenta corriente) el sistema diseñado por Nielsen de licitar los boen dólares según el tipo de cambio de dólar resulta inentendible. Quien colocaba dinero a tasa ahora debe llenar una solicitud de aceptación y estimar un tipo de cambio por encima de $ 1,40 al cual está dispuesto pasarse a bonos. • Sólo es útil la iniciativa para los ahorristas con dinero congelado en el Scotiabank, que tienen hasta hoy con este canje por bonos una ventana nada despreciable para salir de una entidad que difícilmente volverá a abrir sus puertas (y que deberán esperar varios meses para recuperar algo de sus depósitos). Lo mismo vale para los ahorristas del BISEL, Suquía, Entre Ríos y Velox.
Estas estimaciones son las que, desde hace varias jornadas más allá de las declaraciones del titular del BCRA, Aldo Piganelli, vienen alimentando las versiones de un bono compulsivo. Para Lavagna otro problema: cómo reconocer el fracaso de la iniciativa de Nielsen (en su lanzamiento ofreció desde la posibilidad de comprar autos y viviendas hasta cotización bursátil de los certificados reprogramados) que deja abierta a Eduardo Duhalde aún la solución del «corralito».
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