Dos mensajes pasó el Gobierno a los bonistas acuartelados bajo la coraza del BlackRock de Larry Fink. Por un lado, que la persistente voluntad de llegar a un acuerdo de Guzmán puede sufrir los embates de la resignación. La otra, que después de intentar la negociación con bonistas, la Argentina debe sentarse con el otro villano, el FMI. Fuentes oficiales señalan que el último viernes Argentina canceló el acuerdo con el Fondo que tenía vigente , pero que aún no solicitó otro acuerdo. Debe hacerlo en las próximas semanas.
Para Fink: ahora viene Georgieva
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Kristalina Georgieva.
Mientras tanto, trabaja con el estudio Cleary cómo enmarcar esto en un acuerdo standstill, una especie de paraguas legal para protegerse de la “aceleración” aún en default. Ahí entra el FMI. ¿Qué significa para los bonistas? En la traducción, un nuevo acuerdo con el Fondo (sin cerrar previamente con bonistas), implicaría que toda nueva oferta para BlackRock and Co. deberá ser consensuada dentro de un marco del flamante programa con el FMI, es decir, que la que tendrá la ultima palabra será Georgieva, menos generosa que Guzmán, o en todo caso, que el número a ser ofertado por Argentina deberá ser anotado y aprobado previamente por la gente de Washington, algo que no luce bien para Fink y la beautiful people de Wall Street.
Pero hay más: una caída de la oferta vigente en la SEC, implicaría un derrumbe automático en las cotizaciones de los bonos argentinos. Los bonistas duros tienen más de u$s 35.000 millones en esos títulos, se supone. ¿Una caída del 20% en las próximas horas puede influir? Veremos.




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