Fondos de inversión abandonan bonos y dan por finalizado el "pacto" con el gobierno

Economía

Desde las elecciones legislativas del 14 de noviembre pasado, muchos grandes fondos de inversión internacionales que aún permanecían con los títulos públicos canjeados en sus carteras de activos, comenzaron a pasar esos papeles a pérdida y a venderlos a precio de default.

Está ocurriendo algo peligroso. Desde las elecciones legislativas del 14 de noviembre pasado, más específicamente desde el jueves de la semana anterior y con una tendencia que se profundizó entre el miércoles y ayer; muchos grandes fondos de inversión internacionales que aún permanecían con los títulos públicos canjeados en sus carteras de activos (desvalorizados); comenzaron a pasar esos papeles a pérdida y a venderlos a precio de default. Desde el gobierno se confirmó esta tendencia, que estaría alterando la estrategia oficial de sostener un "pacto de caballeros" no escrito que comenzó el mismo día después del cierre de la operación de canje de deuda soberana en títulos públicos de agosto pasado; y, por el cual, los tenedores de los nuevos papeles los sostendrían durante un tiempo determinado, hasta que el país termine de negociar con el resto de los acreedores (FMI y el Club de Paris), y los bonos puedan tener vida propia. La mayoría de los bonistas sostuvieron el acuerdo, a la espera de novedades importantes con el Fondo. Sin embargo, parece que la falta de respuestas luego de las elecciones del domingo 14 de noviembre alteró los planes, los hizo enojar, y algunos decidieron comenzar a desmantelar sus posiciones en papeles argentinos. La falta de definiciones concretas sobre el contenido del acuerdo con el FMI, y la sospecha que la propuesta argentina al organismo financiero internacional no incluye un plan económico, financiero y fiscal que los atraiga y convenza; provocaron un fuerte daño en la confianza de muchos de los principales fondos de inversión internacionales. Un segundo factor terminó de dañar la intención de permanecer en deuda local. Se considera que la falta de definiciones concretas y específicas de Cristina Fernández de Kirchner en persona sobre su apoyo total a las negociaciones de Martín Guzmán con el FMI, es un hecho grave que mina la capacidad de credibilidad del país.

La decisión tomada, primero lenta la semana pasada y más aceleradamente en las últimas 48 horas, de vender los bonos de la deuda local emitidos luego del canje del año pasado; se hace a precios de default. Y con valores que entre ayer y hoy perforaron la barrera psicológica de los 30 dólares por papel, luego de haber recibido un Valor Presente Neto (VPN) de corte de 54,8% en agosto pasado. Para muchos, las pérdidas fueron históricas e injustificables. Y, como se hace habitualmente en las carteras de estos fondos de inversión cuando tienen papeles que llegan a nivel de descarte; se pasaron a pérdida y se lanzaron ordenes de ventas al precio en el que haya comprador. Sin importar que sea a la baja. El riesgo país estacionado por arriba de los hizo el resto.

La frustración hoy es casi total. Y supera incluso la caída que los papeles argentinos vivieron luego de las PASO del 12 de septiembre pasado. Un día después de esas elecciones, los papeles lanzados luego de la negociación que Martín Guzmán cerró el año en 2020; vivieron una jornada de revalorización y cierta reivindicación; luego de haber operado casi nueve meses en precios de default. En promedio estos bonos se recuperaron en el día después de las PASO entre 3% y 5%, superando la barrera psicológica del 30% del Valor Presente Neto (VPN), y llegando en algunos casos como el Global 29 y el Global 38 por encima del 42%. El resultado negativo para la coalición gobernante en las elecciones del domingo y las expectativas sobre un posible giro ortodoxo para la política económica y financiera del oficialismo vencido, alertaron el optimismo de compra y reposicionamiento de estos bonos. Algunos informes privados incluso recomendaban la adquisición de los papeles ante la certeza que podrían volver al VPN original de agosto pasado, cercano al corte del 54,8% que surgió luego de la negociación de Guzmán de agosto 2020. Sin embargo todo fue efímero, e inmediatamente los operadores, pasaron a la desilusión. Las expectativas de un giro ortodoxo se evaporaron rápido, y la crisis interna del oficialismo derivó en una devaluación de los precios de los bonos, al ritmo de la discusión entre la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ministro de Economía. Y, salvo alguna que otra jornada positiva, nunca se recuperaron. Llegaron a las legislativas prácticamente en el mismo nivel de cotización y así se mantuvieron hasta el martes de la semana pasada, cuando comenzó la lenta pero concreta sangría.

La esperanza para un nuevo raid de crecimiento, es que el gobierno abandone la letanía y comienza una nueva etapa de racionalización económica sobre la base de dos señales concretas. La primera sería que el gobierno defina (incluyendo a los tres accionistas de la coalición gobernante), una estrategia clara y concreta de mediano plazo con el siempre especulado y nunca concretado giro ortodoxo de la economía; incluyendo la aceleración y cierre de las negociaciones con el FMI. Y con un contenido creíble del proyecto de ley que enviará el gobierno al Congreso en la primer semana de diciembre, con metas fiscales, monetarias, cambiarias y financieras serias y equilibradas en un sendero temporal lograble. Y que Cristina Fernández de Kirchner abandone el silencio que mantiene desde las legislativas del domingo 14 y apoye abiertamente las acciones de Guzmán ante el organismo financiero internacional.

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