10 de febrero 2003 - 00:00

Brasil enfrenta desafíos en el año 2003

Luiz Inácio Lula da Silva asumió como presidente de la República Federativa del Brasil (Calificación crediticia de largo plazo en moneda local 'BB' y calificación crediticia de largo plazo en moneda extranjera 'B+'; perspectiva negativa) el 1 de enero de 2003. El presidente comienza sus funciones enfrentando las expectativas de un electorado que espera que el nuevo gobierno incentive el crecimiento económico del país y mitigue la profunda desigualdad de los ingresos. A su vez, los mercados de capitales internacionales esperan señales más profundas de que las políticas fiscales del gobierno serán prudentes, asegurarán un continuo respaldo del Fondo Monetario Internacional y mejorarán las perspectivas de crecimiento con el fin de reducir el elevado nivel de deuda de Brasil.

Alentadoras medidas del nuevo gobierno
El gobierno ha dado señales concretas y consistentes de que la política económica se adecua a los objetivos de mercado, mientras que también pone de relieve su compromiso con el cambio gradual en la composición del gasto público y la mejora de su eficiencia. Asimismo, los discursos inaugurales del Ministro de Finanzas Antonio Palocci y del Presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, y sus declaraciones posteriores, aseguran a los mercados que las políticas a implementar serán cautelosas. El ministro de Finanzas ha resaltado la necesidad de una constante prudencia fiscal y reforma estructural, que abarcaría el sistema tributario y de seguridad social. El compromiso con la sanción de una ley de responsabilidad monetaria, que incluye la autonomía del banco central, también sustenta la incipiente y creciente credibilidad en el nuevo gobierno. Por último, la composición del equipo económico es sólida y también contribuye a dar señales tranquilizadoras. Como resultado, los precios de los activos brasileños han mejorado significativamente. Con el fin de elevar la rentabilidad de estos activos y profundizar la credibilidad, el gobierno necesita ahora implementar las políticas necesarias y demostrar su capacidad para forjar alianzas

Enormes desafíos.
El nuevo gobierno enfrentará muchos desafíos no sólo en el año 2003, sino también durante el resto de su administración. La tarea de reducir las marcadas inequidades en la distribución del ingreso como así también las desigualdades sociales, es titánica, y la necesidad de disminuir el nivel de deuda del gobierno es igualmente ardua. Dado que posiblemente no sea viable lidiar activamente con estos dos problemas en el corto plazo, el elevado nivel de optimismo y las expectativas de una mejora “epentina”del estándar de vida brasileño plantean un desafío inmediato para el nuevo gobierno. El equipo de gobierno ya se encuentra trabajando para moderar estas expectativas, lo cual es esencial para contar con más capacidad de maniobra política en el mediano plazo. Si el gobierno logra establecer un “írculo virtuoso” contará con más posibilidades para aprovechar la dinámica de la reforma.

Para resolver muchos de sus difíciles problemas sociales, Brasil precisa desarrollar su potencial de crecimiento. Para mejorar las perspectivas de crecimiento de un modo sustentable, Brasil debe primero ocuparse de las serias presiones sociales y de aquéllas que plantea el servicio de deuda. Si no se logra una estabilidad fiscal, el crecimiento de Brasil se verá obstaculizado y sus problemas sociales se profundizarán.

Creación de un círculo virtuoso.
La confianza del mercado se vería muy fortalecida si se limitara el objetivo del superávit primario para 2003 y se adoptara una política monetaria cautelosa, junto con leyes que establecieran la autonomía del banco central y reformaran el sistema de seguridad social . No obstante, estas políticas no necesariamente impulsarán el crecimiento en el corto plazo. Por lo tanto, Standard & Poor's espera que el crecimiento del PBI real este año sea de un modesto 1,.5%, más aún en un clima económico y político mundial incierto. Haciendo un análisis más allá del año 2003, la implementación de objetivos fiscales más estrictos y leyes que promuevan una reforma estructural esencial probablemente den como resultado una disminución de las tasas de interés, una nueva apertura de las líneas comerciales y el acceso de Brasil a financiamiento de largo plazo en los mercados de capitales internacionales. Este conjunto de factores fortalecería las perspectivas de crecimiento, reduciría la presión del servicio de deuda, y fomentaría un círculo “irtuoso”que sustentaría estas tendencias. En este contexto, Standard & Poor's espera que el crecimiento del PBI real ascienda a un 3,5% en el año 2004.

Crear este círculo virtuoso exige medidas fuertes por parte del gobierno con el fin de mitigar las vulnerabilidades fiscales y externas de Brasil. El Partido Trabalhista (PT) no cuenta con una trayectoria a nivel nacional y, por ende, debe luchar por obtener y mantener la credibilidad. La aprobación de reformas constitucionales, como las que se necesitan para reestructurar el sistema de pensiones, exige que el gobierno obtenga respaldo político más allá de los representantes de su partido en el congreso.

Una compleja carga fiscal.
La deuda del gobierno general de Brasil es elevada. Se estima que la misma, neta de activos líquidos, ascendía a un 67% del PBI a fines del año 2002 y se proyecta que será de un 65% en 2003, acorde con la mediana de países calificados en la categoría 'B'. Sin embargo, la carga fiscal de Brasil, también incluye la composición y los pagos de su deuda local, un elevado nivel de intereses y rigidez de las cuentas fiscales (elevado número de empleados, seguridad social y transferencias obligatorias).

La estructura y los plazos de la deuda emitida localmente (alrededor del 70% de la deuda del gobierno general) son bajos. Dado que más del 40% de la deuda local se encuentra vinculado a la tasa de interés Selic (frente a 52% en el año 2000) y casi el 40% vinculado al tipo de cambio (en comparación con 23% en el año 2000), las cuentas fiscales son vulnerables a las fluctuaciones de la tasa de interés y el tipo de cambio. Como resultado, las mayores tasas de interés y la depreciación del real brasileño condujeron a un incremento del nivel de deuda del gobierno general a un 31% de los ingresos en el año 2002 desde un ya elevado 25% en el período 2000-2001. Suponiendo que exista la apreciación proyectada de la moneda brasileña, Standard & Poor's prevé que el coeficiente disminuirá hacia 26% en 2003. El perfil de vencimientos de la deuda emitida localmente es muy corto para los parámetros internacionales; el plazo promedio de los títulos públicos es de 20 meses. Además del servicio de deuda y los gastos de personal, la rigidez fiscal incluye las transferencias obligatorias y las pensiones. Esto deja sólo el 8% de los ingresos del gobierno central libre para gastos discrecionales en el período 2002-2003.

La crucial reforma del sistema público de seguridad social
Una de las mayores prioridades del nuevo gobierno es la reforma de la seguridad social. En las últimas décadas, Standard & Poor's ha señalado que esta reforma es clave para administrar y disminuir la rigidez de las cuentas fiscales de Brasil. Los regímenes de seguridad social públicos y privados generan un déficit del PBI del 5%, en comparación con el déficit promedio del gobierno general del 7% del PBI en el período 1998-2002. Estas cifras indican claramente cuanto depende la mejora del desempeño fiscal de la reforma de seguridad social especialmente la reforma del generoso régimen del sector público que genera un déficit del 4% del PBI y cubre sólo una quinta parte de todos los pensionados.

El gobierno se ha comprometido a presentar una reforma al Congreso en tres meses. Hasta entonces, Standard & Poor's no puede evaluar la profundidad de la reforma de la seguridad social ya que no se ha presentado información completa y detallada. No obstante, la magnitud del déficit del sistema de seguridad social del sector público indica la magnitud de los ahorros potenciales. Desde la perspectiva de las calificaciones crediticias, el aspecto crucial de cualquier reforma propuesta es el período durante el cual se realizarían estos ahorros, el cual depende en parte de factores sensibles desde el punto de vista político, tales como saber si la reforma afectaría o no a los actuales pensionados y empleados del gobierno. Una reforma con un impacto fiscal en el corto plazo probablemente influya positivamente en las calificaciones.

La importancia de la ley de responsabilidad fiscal y los acuerdos de deuda estatal
El mantenimiento y fortalecimiento de los acuerdos fiscales de los gobiernos estatales y locales con el gobierno federal como así también la ley de Responsabilidad Fiscal planteará desafíos al nuevo gobierno, del mismo modo que lo hizo con el gobierno anterior. Sin embargo, el nivel de calificación actual está sustentado por un marco institucional más fuerte y mejor en Brasil, establecido en la década de los 90. Cualquier señal de que los términos de la Ley de Responsabilidad Fiscal o los acuerdos de renegociación de deuda de los estados puedan flexibilizarse probablemente tenga un impacto negativo en las calificaciones. Esto significaría un revés tanto para el marco institucional de Brasil como para su relativamente equilibrado ajuste fiscal. Los acuerdos de reestructuración de deuda estatal/ local generan una parte importante del superávit primario aproximadamente el 1% del PBI, o alrededor de un tercio del superávit total del gobierno general. El manejo de las relaciones con los gobernadores de estados políticamente influyentes es un factor importante y presenta un desafío para la política fiscal del gobierno.

Elevada vulnerabilidad externa
La otra limitación clave para las calificaciones de Brasil y un desafío económico para el país es su posición externa. La deuda externa neta de activos líquidos se proyecta en un 250% de las exportaciones de bienes, servicios y transferencias en el año 2003. A pesar de estar disminuyendo desde 1999, la deuda externa de Brasil continúa siendo el doble de otras naciones con calificación similar. Esto es producto no sólo del elevado nivel de endeudamiento, sino también de la pequeña base de exportaciones de Brasil.

A pesar de la mejora en los saldos de las cuentas corrientes y la balanza comercial desde 1999, y en particular en 2002, las necesidades de financiamiento externo continúan siendo elevadas en relación con las de naciones con calificación similar. La reducción del déficit de las cuentas corrientes, a alrededor de US$8.000 millones en 2002 desde US$23.200 millones en 2001, en medio de una seria disminución de los flujos de capital, excedió las expectativas tanto del mercado como de Standard & Poor's.

Como resultado, las necesidades de financiamiento externo (cuentas corrientes, amortizaciones de mediano y largo plazo, y deuda de corto plazo) disminuyeron a un 175% de las reservas internacionales en 2002, por debajo de más del 300% de las reservas en el período 1999-2000. Las necesidades de financiamiento de alrededor del 220% en 2003 son aún casi el doble de las de naciones con calificación similar a Brasil. Las amortizaciones de mediano y largo plazo del sector privado se estiman en un monto considerable de US$19.000 millones en 2003 frente a US$23.500. millones en 2002, lo cual pone de relieve la dependencia de Brasil de los mercados mundiales de capital.

Las calificaciones de Brasil
Dado el alcance de sus vulnerabilidades fiscales y externas, las calificaciones y la perspectiva negativa de Brasil reflejan el poco margen de maniobra con el que cuenta el país en un difícil contexto internacional y local. El presidente Lula da Silva debe forjar alianzas políticas efectivas con todas las líneas partidarias, tanto dentro del Congreso como con los nuevos gobernadores de los estados ya que la cohesión y determinación de la nueva coalición y sus alianzas políticas se verán sometidas a prueba. La compleja interdependencia entre la dinámica fiscal y la dinámica externa exige una excelente administración económica.

Las calificaciones de Brasil podrían sufrir presión hacia la baja si no existiese el compromiso con la implementación de políticas fiscales y monetarias disciplinadas y una reforma estructural o si las repuestas políticas a situaciones económicas cambiantes no son las adecuadas. Las dificultades de las empresas y/o el deterioro sistémico del sistema bancario también podrían socavar la calidad crediticia. La calidad crediticia de Brasil podrá estabilizarse si el nuevo gobierno obtuviera un amplio respaldo político para mantener una estricta política fiscal, implementar políticas sólidas, y promover una reforma que mitigue las vulnerabilidades externas de Brasil.

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