29 de octubre 2001 - 00:00

Brasil vuelve a negociar pero impone condiciones

Brasil volverá a sentarse a negociar con la Argentina compensaciones a favor de los sectores afectados por la devaluación del real, pero con nuevas condiciones. De ser aceptadas por la Argentina, y todo parece ser que así ocurrirá, difícilmente podrán aplicarse antes de fin de año. A esta conclusión llegaron ayer en la quinta de Olivos varios integrantes del gobierno de Fernando de la Rúa, encargados por orden del Presidente de estudiar la forma de resolver el problema político surgido el viernes pasado por el fracaso de las negociaciones con Brasil para la aplicación de salvaguardias y las declaraciones del ministro de Economía, Domingo Cavallo. Este grupo, encabezado por el canciller,Adalberto Rodríguez Giavarini; el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y la secretaria de Comercio, Débora Giorgi (en representación de Cavallo), analizaba la situación actual del conflicto y ensayaba caminos por seguir.

Mientras hacían este ejercicio, llegaba desde Madrid, donde está el presidente Fernando Henrique Cardoso un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, firmado por el canciller Celso Lafer. En éste se «aceptaba reanudar las negociaciones comerciales» tras haber analizado la nota enviada por Fernando de la Rúa el sábado, donde el Presidente refirmaba que la relación con Brasil y la continuidad del Mercosur son «políticas de Estado». Con esto la Argentina quiso dar por sentado que las declaraciones de Cavallo del viernes, que dieron a entender que el modelo de integración con Brasil está agotado, no tenían vigencia. En esa oportunidad, el ministro de Economía criticó al socio del Mercosur por hacer «cualquier cosa con su moneda».

Lafer se reunió ayer aproximadamente 30 minutos con Cardoso en el Hotel Ritz de Madrid para estudiar el conflicto, y pasado el mediodía envió a Buenos Aires la nueva posición negociadora de Brasil.

• Con la UE

Lafer ratificó también que la Argentina y Brasil negociarán en conjunto desde mañana como un bloque ante la Unión Europea para certificar que de alguna manera politicamente el Mercosur sigue vigente ante terceros países.

Si bien el hombre de Itamaraty refirma la posición negociadora de Cardoso, ahora Brasil impone nuevas condiciones. En primer lugar, se descarta de plano la alternativa que el viernes a la mañana Débora Giorgi expuso ante el embajador plenipotenciario de Cardoso para el Mercosur, José Botafogo Gonçalves, de que en lugar de la aplicación de salvaguardias individuales para cada sector de la economía argentina haya una solución «general» para toda la economía. Esto es, ni más ni menos, un arancel diferenciado o cupos específicos para las importaciones brasileñas si Brasil continúa con la devaluación del real.

En realidad, fue esta propuesta argentina lanzada sobre la mesa de negociaciones por Giorgi, y no las declaraciones explosivas de Cavallo, la que hizo fracasar las reuniones del viernes pasado y produjo el enfurecimiento de Botafogo. Las palabras del ministro de Economía argentino sólo le dieron el marco para que la protesta tenga nivel político y presidencial desde el gobierno de Brasil.

La segunda condición que impone ahora el país vecino es que para negociar ya no se apliquen mecanismos bilaterales (reuniones y tratados entre los dos países por fuera del Mercosur), sino que la reapertura de las discusiones sean dentro del marco que impone el bloque comercial.
Esto significa que el tema de las salvaguardias debe pasar a ser tratado por el Grupo Mercado Común (GMC) que integran los principales negociadores del Mercosur y que tiene sede en Montevideo. El problema principal de esta vía de negociaciones es que recién podría comenzar en 10 días, ya avanzado noviembre, y que por los propios tiempos burocráticos del Mercosur implicarían que recién en la primer quincena de diciembre podría llegarse a cualquier tipo de acuerdo. Ese tiempo coincide con la realización de la cumbre de jefes de Estado del Mercosur del 13 de diciembre en Montevideo, con lo cual serían De la Rúa con Cardoso los que podrían rubricar el acuerdo.

El problema para los industriales argentinos de estos tiempos impuesto ahora por Brasil
es que está ya casi descartado que cualquier tipo de protección por la devaluación del real pueda ser aplicada en el corto plazo. Pensar en tiempos de 2001 es ya directamente utópico.

Es en este marco que
Domingo Cavallo sondeó en Olivos una propuesta revolucionaria, y que implicaría el rompimiento de las relaciones comerciales con Brasil tal cual están establecidas hasta hoy. El ministro de Economía instruyó a sus asesores legales en derecho internacional las consecuencias que tendría aplicar la cláusula «gatillo» unilateralmente y sin negociar con Brasil. Esto es, cuando el gobierno argentino considere que la devaluación del real supera un límite tolerable (no hay cálculos en Economía pero no sería mucho más de 2,9 reales por dólar), automáticamente la Argentina aplicará aranceles discrecionales para las importaciones brasileñas en sectores como calzados, línea blanca eléctrica y no eléctrica, textiles, papel y otros similares. Lógicamente, desde Brasil se tomará la decisión como el punto final del Mercosur tal cual se lo conoce hasta ahora, además de perder vigencia la palabra presidencial de que la relación comercial con Brasil es «una cuestión de Estado».

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