Brasil vuelve a negociar pero impone condiciones
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En realidad, fue esta propuesta argentina lanzada sobre la mesa de negociaciones por Giorgi, y no las declaraciones explosivas de Cavallo, la que hizo fracasar las reuniones del viernes pasado y produjo el enfurecimiento de Botafogo. Las palabras del ministro de Economía argentino sólo le dieron el marco para que la protesta tenga nivel político y presidencial desde el gobierno de Brasil.
La segunda condición que impone ahora el país vecino es que para negociar ya no se apliquen mecanismos bilaterales (reuniones y tratados entre los dos países por fuera del Mercosur), sino que la reapertura de las discusiones sean dentro del marco que impone el bloque comercial. Esto significa que el tema de las salvaguardias debe pasar a ser tratado por el Grupo Mercado Común (GMC) que integran los principales negociadores del Mercosur y que tiene sede en Montevideo. El problema principal de esta vía de negociaciones es que recién podría comenzar en 10 días, ya avanzado noviembre, y que por los propios tiempos burocráticos del Mercosur implicarían que recién en la primer quincena de diciembre podría llegarse a cualquier tipo de acuerdo. Ese tiempo coincide con la realización de la cumbre de jefes de Estado del Mercosur del 13 de diciembre en Montevideo, con lo cual serían De la Rúa con Cardoso los que podrían rubricar el acuerdo.
El problema para los industriales argentinos de estos tiempos impuesto ahora por Brasil es que está ya casi descartado que cualquier tipo de protección por la devaluación del real pueda ser aplicada en el corto plazo. Pensar en tiempos de 2001 es ya directamente utópico.
Es en este marco que Domingo Cavallo sondeó en Olivos una propuesta revolucionaria, y que implicaría el rompimiento de las relaciones comerciales con Brasil tal cual están establecidas hasta hoy. El ministro de Economía instruyó a sus asesores legales en derecho internacional las consecuencias que tendría aplicar la cláusula «gatillo» unilateralmente y sin negociar con Brasil. Esto es, cuando el gobierno argentino considere que la devaluación del real supera un límite tolerable (no hay cálculos en Economía pero no sería mucho más de 2,9 reales por dólar), automáticamente la Argentina aplicará aranceles discrecionales para las importaciones brasileñas en sectores como calzados, línea blanca eléctrica y no eléctrica, textiles, papel y otros similares. Lógicamente, desde Brasil se tomará la decisión como el punto final del Mercosur tal cual se lo conoce hasta ahora, además de perder vigencia la palabra presidencial de que la relación comercial con Brasil es «una cuestión de Estado».




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