23 de septiembre 2005 - 00:00

Bronfman (Vivendi) es el "as en la manga" de Kirchner

Néstor Kirchner no está solamente enardecido en contra de los franceses de Suez, que anunciaron su salida de Aguas Argentinas. También está desconcertado. Algunos de los eventuales inversores a los que Julio De Vido había sondeado, antes de que se desatara la crisis, para interesarse por la compañía, desistieron de la aventura. Banqueros comprensivos, como Jorge Brito o íntimos, como Sebastián Eskenazy. Habitués de los servicios públicos como Aldo Roggio o empresarios todoterreno, del estilo Francisco de Narváez, dijeron que no, con cortesía. La falta de orientación oficial frente al escenario creado por los franceses se puso de manifiesto en la contradicción entre los Fernández, fisura que sólo aparece cuando el gobierno está en problemas. Alberto, el jefe de Gabinete, habló de que no había que tener pudor por la estatización de la compañía. Aníbal, el ministro del Interior, lo corrigió subliminalmente al decir que jamás había escuchado una idea semejante. La desorientación, a la vista y en plena campaña.

¿Y el «as en la manga» del que se ufanó Kirchner en Nueva York? A pesar de las evidencias enumeradas hasta aquí, esa alternativa existe, aunque esté en proceso de elaboración. Se trata del desembarco de Vivendi Universal en Aguas Argentinas. Es el grupo que conduce Edgar Bronfman y que, además de ramificarse en el negocio del entretenimiento, controla 20% de Veolia, la segunda empresa en el negocio de aguas a nivel internacional, después de Suez.
Bronfman, de 73 años, es el patriarca de un grupo que orientan su hermano Charles y su hijo Edgar Jr., de 47 años.

Además de un poderoso empresario, ejerce una posición de liderazgo en la comunidad judía de los Estados Unidos, a través del Congreso Judío Mundial, que él conduce. Si bien sus relaciones con la Argentina son antiguas, su vínculo con el actual gobierno quedó establecido a través del ministro de Defensa, José Pampuro, a quien conoció por intermedio del presidente de IRSA, Eduardo Elsztain, cuando el actual compañero de fórmula de Cristina Fernández de Kirchner se desempeñaba como secretario privado del ex presidente Eduardo Duhalde.

Bronfman ingresó en el despacho presidencial por última vez el último 8 de setiembre, como integrante de la delegación que recibió los saludos del santacruceño por la conmemoración de los 70 años de la DAIA. Pero las conversaciones sobre la eventual participación de Vivendi-Veolia en Aguas no tuvieron lugar ese día: hubiera sido una impertinencia, pero, además, la ruptura con los franceses de Suez se estaba concretando en esas horas. Una semana más tarde, en Nueva York, se realizó la primera aproximación de Bronfman al negocio.

Kirchner, eufórico, habló de «as en la manga».

• Desenlace

Acaso el entusiasmo presidencial, como suele ocurrir, deba moderarse. En principio, los representantes del ex dueño de Seagram y de los estudios Universal deben examinar minuciosamente los números de la compañía. Por eso en la Casa Rosada no quieren dejar morir la idea de reestatizar la empresa. No porque se desee hacerlo, sino porque, se calcula, ése puede ser un desenlace inevitable, antes de que se abra una nueva licitación.

Esta alternativa es la segunda que domina hoy la mesa presidencial,después de la de Bronfman.Se trata de conseguir que Suez se retire de manera silenciosa a fin de año y, a esa altura, designar a un interventor en la compañía, que conduzca su reprivatización. El nombre de ese funcionario está definido en el plan del Presidente: es Carlos María Vilas, el actual titular del Ente Tripartito de Obras y Servicios Sanitarios (ETOSS). Si Kirchner lo tiene en sus oraciones no es solamente por sus atribuciones específicas sobre el negocio del agua. Tampoco porque haya revistado en el Instituto Nacional de la Administración Pública durante el gobierno Menem, a instancias de Claudia Bello, o en la Subsecretaria de Formación del Ministerio de Seguridad Bonaerense y en la Subsecretaría de Protección Civil de la Secretaría de Seguridad Interior durante la presidencia Duhalde. Vilas es un politólogo reconocido internacionalmente por la izquierda, sobre todo por su carácter de analista e ideólogo de la revolución sandinista. En esa calidad, su currículum ofrece un detalle invalorable: la revista «Le Nouvel Observateur» lo señaló como uno de los 25 grandes pensadores del mundo. Enemistado con Suez, Kirchner no quiere desaprovechar ese flanco francófono de su hombre en Aguas.

Un tercer escenario, menos probable, de los que imaginan Kirchner y sus íntimos, es el de un involucramiento de Aguas de Barcelona, compañía que hoy controla 25% de las acciones de Aguas Argentinas.

Carlos Bettini, el embajador en España, ha conseguido hasta ahora dos objetivos políticos: que la Caixa de Cataluña, que controla 50% del paquete accionario de AgBar, contemple aunque sea protocolarmente esa posibilidad y que no bata el parche de su segura retirada. Pretender que, además, los catalanes rompan su alianza con Suez (socia en el otro 50%) para halagar al gobierno argentino sería un exceso que no se les puede pedir a Ricardo Fornesa, Isidro Fainé o a Antoni Brufau, los que manejan el banco catalán. Por eso esta chance es tan pequeña.

¿Hay una cuarta vía para el gobierno? Aunque estrecha, sí. Se trata de que, una vez superado el trance electoral, se vuelva a tender la mesa con los franceses de Suez. Si se tiene en cuenta que la distancia para un acuerdo tarifario fue tan pequeña que Roberto Lavagna y De Vido, en una coincidencia inédita, ya lo habían casi inicialado, no habría que descartar por completo este desenlace. Sobre todo, cuando se advierte que Kirchner rompió los papeles, aconsejado por su equipo de campaña electoral (su esposa, Alberto Fernández, Carlos Zannini) y no por los técnicos que negociaron por él.

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