12 de noviembre 2001 - 00:00

Bush consoló a De la Rúa y habló contra el default

«Ninguna de las dos cosas sería buena, ni el default ni la devaluación.» Esta frase la pronunció ayer George W. Bush durante la reunión de poco más de media hora que mantuvo con Fernando de la Rúa. Fue el límite más lejano al que llegó el presidente de los Estados Unidos para expresar la postura de su gobierno frente a las dificultades que atraviesa la Argentina y al «Nuevo Plan» lanzado por Domingo Cavallo.

El encuentro de De la Rúa y Bush se realizó a las 11.30 en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York. Por el lado argentino participaron, junto a De la Rúa, el canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini; el embajador ante los EE.UU, Guillermo González, y el representante ante las Naciones Unidas, Arnoldo Listre. Domingo Cavallo fue excluido de la entrevista por el propio De la Rúa. Bush, por su parte, estuvo acompañado por su jefe de gabinete, el gravitante Andrew Card; el subdirector del Consejo Nacional de Seguridad, John Maisto; el representante de los Estados Unidos en la ONU, John Negroponte, y el subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Lino Gutiérrez. Maisto, igual que los ausentes James Walsh -embajador en Buenos Aires-y John Taylor -subsecretario del Tesoro-fueron elogiados al final de la entrevista por Rodríguez Giavarini: «Son grandes amigos de la Argentina y lo han demostrado sobradamente con el comportamiento que tienen durante la crisis».

Puestas bajo la lupa, las palabras de Bush lucen extraordinariamente cautas. Contraindicó el default y la devaluación pero no insinuó que su país estuviera en condiciones de dar más ayudas para que la Argentina evite cualquiera de esos dos destinos. De la Rúa escuchó que, como había adelantado la titular del Consejo Nacional de Seguridad el jueves pasado, «la Argentina debe trabajar con los organismos multilaterales de crédito», es decir, que debe llegarse a un acuerdo con el Fondo, institución en la que Washington podría jugar a favor de Buenos Aires.

Avales

Los funcionarios argentinos se animaron a pensar, a partir de las palabras que cambió Bush con De la Rúa, que el gobierno de los Estados Unidos podría avalar a la Argentina cuando se solicite que se adelante el tramo de u$s 1.200 millones pendiente del blindaje, que deberían desembolsarse en diciembre. En una conferencia de prensa que brindó antes de retornar a la Argentina, De la Rúa evitó dar precisiones sobre alternativas más audaces: por ejemplo, que los nuevos bonos argentinos se emitan con la garantía de un título cupón cero del Tesoro.

El primer tema de la charla entre De la Rúa y Bush fue el de la seguridad internacional y los esfuerzos que se realizan en contra del terrorismo. El Presidente informó a su colega norteamericano sobre las acciones que se llevaron a cabo en la Argentina, que quedaron consignadas en un informe que se le entregó en mano al mandatario estadounidense.

La conversación seguía como si no existieran problemas económicos que inquietaran al huésped, hasta que Bush facilitó las cosas: «Estamos siguiendo con interés y admiración el esfuerzo que realizan para sanear la economía», comentó. Le dio pie a De la Rúa para que explicara que «seguimos empeñados en el programa de déficit cero» y que «la recesión nos está afectando mucho, sobre todo por la caída de la recaudación». El presidente de los Estados Unidos, es evidente, procuró una y otra vez consolar a su visitante planteando alguna similitud con sus pesares: «Nosotros también estamos afectados por la recesión a tal punto que tuvimos que rehacer todo el presupuesto», lamentó.

El Presidente explicó después el plan de reestructuración de la deuda y, siguiendo un ardid de Cavallo, lo imputó a la autoría de Paul O'Neill, el secretario del Tesoro: «Si no hubiéramos adoptado su consejo habríamos llegado al default o a la devaluación». Fue entonces que Bush dijo que «la Argentina no debería caer en ninguna de esas dos situaciones».

De la Rúa mencionó después el motivo central de sus mortificaciones: no haber alcanzado el acuerdo con los gobernadores del peronismo. Bush también trató de desdramatizar el conflicto. «Bueno -dijo-, me imagino lo difícil que debe ser, yo también fui gobernador.» Más tarde, delante de la prensa, el Presidente debió desmentir que ese comentario hubiera sido un aval tácito a la posición de los peronistas. Lo cierto es que De la Rúa le comentó a su anfitrión: «Conseguimos la firma de los de nuestro partido, tal vez consigamos otras en estos días pero lo importante es que el programa de déficit cero está asegurado», lo que da a entender que con o sin acuerdo los gobernadores perderán la garantía de un ingreso mínimo de $ 1.364 millones.

De la situación fiscal y financiera de la Argentina se pasó a los temas de comercio internacional. Se habló de la conveniencia de avanzar en la negociación de «4+1» -integración comercial de Mercosur con los Estados Unidos-y De la Rúa sugirió la necesidad de mantener y reactivar las reuniones de consulta de alto nivel (presidentes o cancilleres) que se establecieron entre Washington y Buenos Aires en 1997. Bush concedió, sobre todo para entredichos de comercio, que con esta metodología se verían resueltos sin las trabas habituales de la burocracia.

Reconstrucción

El Presidente le informó a Bush que su gobierno tiene la intención de «participar en la reconstrucción de la paz» en Afganistán, enviando fuerzas de cooperación, una vez que la coalición que encabezan los Estados Unidos venza al terrorismo. La propuesta fue aceptada y agradecida de inmediato por Bush. Lo mismo que los elogios de su visitante por el liderazgo demostrado a partir de los ataques del 11 de setiembre al Pentágono y las Torres Gemelas. En ese punto fue De la Rúa quien se identificó con el dolor del otro, confesando el dolor que sintió cuando visitó los terrenos arrasados de la AMIA y la Embajada de Israel, en Buenos Aires, después de los ataques terroristas.

Te puede interesar