23 de marzo 2001 - 00:00

Cavallo viajó ayer a Brasil para reducir alcance del Mercosur

Domingo Cavallo y Adalberto Rodríguez Giavarini viajaron ayer, de urgencia, a Brasilia, donde hoy mantendrán un desayuno con los ministros Pedro Malan (Hacienda), Celso Lafer (Relaciones Exteriores) y Alcides Tapias (Desarrollo, Industria y Turismo). El motivo de la visita es explicar al gobierno de Fernando Henrique Cardoso la nueva política arancelaria que pretende llevar adelante Cavallo como parte de su paquete de reactivación: el ministro pedirá a Brasil que se admita la suba de aranceles para bienes de consumo y la baja para bienes de capital. Técnicamente, ese doble movimiento implica el retroceso del Mercosur desde su estado de unión aduanera al de simple área de libre comercio (donde los países no fijan un arancel externo común para todos sus productos). Los brasileños admitirán el pedido de Cavallo, que pretende un permiso transitorio. Malan está más que preocupado por la situación actual de la Argentina y teme que arrastre también a Brasil. Sobre todo después de que, el miércoles, el presidente del Banco Central brasileño, Arminio Fraga, quiso colocar un bono por 300 millones de dólares infructuosamente. El reclamo de Cavallo afectará comercialmente a empresas brasileñas (sobre todo las que exportan hacia la Argentina bienes de capital con arancel cero, que deberán enfrentar a competidoras de otros países que tendrán la misma ventaja). Por eso la discusión será específica, sobre algunos sectores.

"Lo que nosotros necesitamos es un tratado de libre comercio y no una Unión Aduanera.» Domingo Cavallo volvió el miércoles a la tarde, mientras preparaba con sus colaboradores el discurso de lanzamiento del plan de competitividad, con una idea que viene transmitiendo desde hace varios años y que ahora virtualmente el ministro de Economía está poniendo en práctica. La idea de salir del esquema actual, por lo menos temporalmente, de tránsito hacia una unión comercial plena o semiplena, comenzó a ser realidad a partir del anuncio de Cavallo de negociar aranceles particulares en sectores clave que, según su visión, habrían sufrido a pleno los tres años de recesión y que fueron castigados por la devaluación del real. Hoy hablará directamente con el ministro de Hacienda brasileño, Pedro Malan, sobre la intención de proteger ciertos rubros (entre los que seguramente estarán los textiles, pollos, azúcar, algunos alimentos, los calzados y los bienes de capital; además de elevar las tarifas externas); pero según un integrante del equipo de Cavallo, el viaje no será para negociar. Simplemente el ministro de Economía expondrá las razones que lo llevan a tomar esta decisión, sin llegar seguramente a los terrenos ideológicos que lo separan de continuar profundizando el Mercosur.

Ya se sabe que Brasil apoyará, como mínimo, el intento de elevar los aranceles externos pero como «un régimen temporal de excepción» con terceros países; con lo cual por lo menos en este capítulo Cavallo no tendrá mayores protestas. El ministro de Industria brasileño, Alcides Tapias,
fue el que habló ayer oficialmente de parte del gobierno de Cardoso al afirmar que la autorización sería efectivizada ya que se trataría de una medida «con un plazo temporario y una excepción por la situación vivida en la Argentina». Probablemente el tiempo requerido sea de un año.

El problema surgirá probablemente cuando el ministro hable de que en realidad su intención es llevar la discrecionalidad arancelaria al comercio bilateral y, de hecho, llevar la relación comercial al status de libre comercio». Esto es, un paso anterior a la actual situación de Unión Aduanera imperfecta. Según los asesores del ministro, aquí tampoco Cavallo irá a negociar, sino directamente a informar sus planes a Brasil.

Consultas

Legalmente, la Argentina podría hoy modificar sus aranceles externos en por lo menos 100 productos, pero siempre consultando antes al resto de los socios del bloque que completan Uruguay y Paraguay. Para esto debería llamar a una reunión del Grupo Mercado Común (GMC), el órgano ejecutivo del bloque y que integran los ministros de Economía de los cuatro estados, y que paradójicamente negociarán entre el 5 y el 6 de abril de este año. Este grupo, en el que Cavallo militó como rebelde en su anterior gestión, le aprobaría la decisión de elevar aranceles hasta 35% en sectores como algunos bienes de capital o textiles. Sin embargo, se espantaría cuando escuche las teorías cavallistas de incluir la posibilidad de aplicar también restricciones a ciertos productos fabricados en Brasil. En realidad, Cavallo nunca fue un defensor del Mercosur como Unión Aduanera. Se recuerda que en 1994 había recomendado abiertamente al entonces presidente Carlos Menem, que en la cumbre de Ouro Preto de diciembre de ese año, no acepte la propuesta del entonces presidente brasileño, Itamar Franco, de comenzar a negociar una Unión Aduanera sino permanecer en el status de área de libre comercio. En esos días Menem, aconsejado por Guido Di Tella, desoyó a Cavallo y firmó la intención de llegar a la Unión Aduanera.

Cuando ya no era ministro, y su principal actividad (además de la política) era ser conferencista por el mundo, Cavallo continuó con sus tesis sobre el Mercosur
. La última aparición pública donde se concentró en este tema fue en setiembre de 2000 en Brasilia, durante un seminario organizado por el Consejo Empresario de América Latina (CEAL), donde compartió escenario con Alejandro Foxley (ex ministro de Hacienda chileno) y Pedro Aspe (ex ministro de Economía mexicano). En ese marco, Cavallo fue más que directo sobre cuál es su visión acerca del futuro del Mercosur. Entre otras cosas dijo:

*Perdemos el tiempo en acuerdos burocráticos inútiles que terminan protegiendo las industrias de camiones, aumentando las tasas de aeropuertos y encareciendo las telecomunicaciones.

*Unificar aranceles externos entre todos los países del bloque nos va a llevar a discusiones interminables y a una quimera. Dejemos que cada país haga de su arancel externo lo que quiera y el que mejor lo negocie más inversiones tendrá.

*Seguir discutiendo estos aranceles comunes nos hará perder tiempo y llevará a muchos obstáculos para solucionar. Hay países cultural-mente más proteccionistas como Brasil, y más liberales como Chile, que nunca se pondrán de acuerdo con un arancel común. Además con una zona de libre comercio ya no serían cuatro los integrados sino todo el continente. Se enriquecería la experiencia.

*
La Unión Aduanera que está mostrando el Mercosur es débil y tiene un montón de agujeros.

Cavallo nunca había sido hasta ese momento tan claro. Sin embargo todo quedaba en declaraciones como conferencista. Aparentemente ahora el nuevamente ministro de Economía comienza a llevar estas teorías a la práctica; ya sin Carlos Menem como traba.

Compromiso

Las diferencias técnicas entre un área de libre comercio y una Unión Aduanera son de grados de integración. En la primera, los países son libres de negociar sus aranceles externos ante terceros países (siempre con el límite de 35% que impone como máximo la Organización Mundial de Comercio). Además sólo se comprometen entre ellos a respetar acuerdos bilaterales o multilaterales entre socios pero en sectores concretos. Un ejemplo de este caso fue el régimen automotor que por 5 años condujo la política del sector entre la Argentina y Brasil.

La Unión Aduanera es un grado mayor e impone cero arancel para comercio entre los socios y un arancel común hacia fuera del bloque. Actual-mente el Mercosur es llamado una Unión Aduanera imperfecta, ya que tiene la mayoría de los sectores bajo este esquema, pero una centena de rubros importantes con condiciones particulares.

Cavallo considera que la mejor solución teórica es estacionar nuevamente los niveles de relación en el primer grado de integración, y comenzar a negociar paralelamente otros acuerdos con los Estados Unidos y Chile.

Como contrapartida hacia Brasil ofrecería una aceptación del plan de infraestructura que también en setiembre de 2000 lanzó Fernando Henrique Cardoso y que coloca a Brasil en el centro de la escena a partir de la construcción de rutas, hidrovías y transporte de energía. Este proyecto tiene la aprobación del BID y del Banco Mundial, y en su momento Cavallo lo describió como «lo único que verdaderamente nos va a ayudar a crecer».

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