El trazo grueso de la discusión macroeconómica que los ministros de Relaciones Exteriores y Economía y los presidentes de bancos centrales de la Argentina y Brasil tendrán el lunes próximo en San Pablo, quedó definido el lunes en Montevideo. Hasta allí viajó Domingo Cavallo, acompañado por su secretario privado en un avión particular -él la mencionó como «avioneta»-, para comer el domingo con el ministro de Hacienda del Uruguay, Alberto Bensión, y desayunar al día siguiente con Pedro Malan, el ministro de Hacienda de Brasil (la reunión duró más de tres horas, con lo que el desayuno quedó confundido con un almuerzo, todo en el hotel Victoria Plaza).
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Malan llegó a Uruguay a las 2 de la mañana del lunes, preparado para la discusión con Cavallo. El primer tramo de la misma fue de reproches, que se descargaron especialmente sobre el argentino: el carioca Malan perdió el sentido del humor con su colega a partir de las últimas acusaciones («el gobierno de Brasil le roba el salario a su gente a través de las devaluaciones»). Sin embargo, el problema central de discusión entre ambos quedó saldado por lo menos en términos generales: Malan admitió que Brasil podría admitir algunas compensaciones para los efectos que la devaluación del real verifique sobre las exportaciones a la Argentina. Pero siempre y cuando «esos efectos se demuestren efectivamente».
Esta aclaración del ministro de Fernando Henrique Cardoso tiene que ver con un dato que los economistas de Brasil divulgan en estos días con fruición: «Las importaciones de productos brasileños tuvieron una caída de 30,3%», según un informe del Centro de Estudios Bonaerenses que en el país vecino circula como si fuera local. Para los funcionarios de Brasilia la crisis comercial que atraviesa el Mercosur tiene más que ver con la recesión que afecta a los dos países que con el descontrol del real.
• Compensación
Sin embargo, tanto Cavallo como Bensión insistieron ante Malan en la necesidad de encontrar algún tipo de compensación a las devaluaciones de la moneda brasileña: hablaron de reembolsos o de algún arancel flotante que se aplicaría a partir de un piso a determinarse en la paridad real-dólar. La iniciativa debe ser estudiada antes del lunes próximo, cuando se realice la cumbre de ministros en San Pablo (que hoy tendrá una preparatoria de vicecancilleres en Iguazú), pero supone de parte del gobierno brasileño una serie de exigencias de tipo comercial que harán reflexionar a los argentinos sobre su conveniencia. De hecho, Itamaraty ya tiene preparada una denuncia contra la Argentina por presuntas barreras proteccionistas interpuestas para el ingreso de pollos brasileños al mercado local. Del mismo modo, habrá reproches a Cavallo por el comportamiento del mercado automotor.
Estas acciones no son aisladas: están inscriptas en un programa de estímulo a las exportaciones que se ha convertido en la principal bandera de Sergio Amaral, el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil.
De cualquier manera, la idea de compensar con algún tipo de barrera arancelaria interna la caída del real viene trabajando la cabeza de los economistas de la región desde hace meses. Si comenzó a discutirse informal-mente en Montevideo no es por casualidad: fue Jorge Batlle, el presidente del Uruguay, el primero en sugerir un sistema de ese tipo ante Fernando de la Rúa, hace tres meses, durante un viaje relámpago que realizó a Buenos Aires. Malan atendió los argumentos de sus colegas pero también advirtió que, supone, el mercado cambiario brasileño se estabilizará a partir del blindaje que está negociando su gobierno con los organismos de crédito internacionales.
Otro tema de discusión en las reuniones del lunes fue el del Arancel Externo Común: Malan, Bensión y Cavallo coin-cidieron en la necesidad de flexibilizarlo, lo cual traerá problemas para los procesos de integración extrazona que se vienen llevando adelante: tanto los Estados Unidos como la Unión Europea advirtieron que cualquier negociación debe tener como actor al bloque Mercosur y no a los países aislados.
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