Charlas de quincho
Una embajada repleta de empresarios, banqueros y periodistas, un auditorio muy inquieto con algunas medidas y actitudes del gobierno pese a que todos estaban allí para presenciar la condecoración de un funcionario. Otra fiesta, ésta para despedir el año. A pesar de que el anfitrión no es precisamente amigo del gobierno, hubo presencias a las que una posible ira oficial no arredró. Allí también hubo cuatro novedades sobre un balneario preferido por el anfitrión y sus invitados. Un percance de salud de una senadora asustó a su entorno (se recuperó rápido); su esposo, en tanto, dice que «ya no tengo nada que decir» respecto de la política, en virtud de los enormes errores que (según él mismo) cometió en dos ocasiones. Veamos.
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Luis Betnaza (Techint)
y Oscar Vicente
(Petrobras); Mariano
Grondona y Luis
Corsiglia; Arnaldo
Bocco, Aníbal Jozami y
Eduardo Hecker
(presidente del Banco
Ciudad). Todos ellos y
varios, centenares más
y reunidos en la
embajada de Brasil por
la condecoración a
Martín Redrado.
En ese espectro había un interrogante: ¿acaso en Kirchner existe la sospecha de que ciertos empresarios estaban más cerca de Roberto Lavagna que de él mismo? Y, si así fuera, ¿eso implica retaliaciones? Nadie parece caer en el espíritu conspirativo que caracteriza al gobierno, pero quienes participaron en una reunión privada con el ex ministro en Cariló, encuentro donde él les anticipó que se iría del gobierno, no concilian con facilidad el sueño.
Aunque en los quinchos uno siempre pide algo de diversión, era imposible en ese cónclave virtual de banqueros, donde Brouchou del Citi explicaba cómo su entidad está capitalizándose en 40 millones de dólares, del gobierno se afirmaba que esta semana se define la venta de la BNL al HSBC, que también sale a la venta el Bisel, mientras trascendió que se apresuran los sudafricanos del Standard Bank para hacerse cargo del Bank Boston, ya que los competidores le están acechando clientes (inclusive, hasta se comentó que habrán de despedir a los 40 mejores salarios del Boston, para luego volverlos a tomar y no quedarse con un pasivo contingente). Novedades para pocos.
1) Este año puede haber tornados durante el verano, difícilmente con la intensidad que azotan Miami, pero tornados al fin. La razón: el calentamiento del Atlántico, que subió dos grados, y esa causa -según los meteorólogos y otros especialistas- vaticina fuertes tormentones.
2) Como se sabe, el presidente uruguayo dispone de 8 amarras en el puerto de Punta del Este y, como este año no piensa utilizarlas, decidió licitarlas frente a la escasez de estacionamiento portuario (hay en marcha un proyecto para mil amarras a construir, cerca de la Laguna del Diario, aunque los oferentes para la obra han sido cuestionados). Lo interesante es que las amarras que licitó Tabaré Vázquez se cotizaron a 20 mil dólares cada una, aproximadamente (si uno le agrega 15 mil de gastos para marinería, traslados y combustibles, se tendrá una idea del costo de esta operación para quien decida instalarse con un crucero en el balneario).
3) Al margen de la ola de construcciones, o justamente por esa razón, lo cierto es que avanza el edificio de una nueva sinagoga ( parada 2 de la Mansa, atrás de la terminal de ómnibus).
Costo: unos dos millones de dólares, los mayores contribuyentes son David Sutton y el Banco Safra (la mayor fortuna de Brasil), sefaradíes ortodoxos. La singularidad del nuevo templo, llamado Beit-Meir (la casa de Meir), es que se instala al lado de una tradicional sinagoga ya existente, la que luego se convertirá en una proveeduría y restaurante kasher.
4) Como todos los años, hay una nueva moda para bajar de peso, como antes la magia pasaba por «el chino» (que les hacía comer una manzana sola por día a sus pacientes) o algún centro especializado de poca duración. En este caso, la onda pasa por Maldonado, con una técnica basada en la acupuntura -en apariencia- ya que a los obesos u otros necesitados de reducciones grasas le pinchan una oreja (más el seguimiento de algún régimen, claro). Lo cierto es que ya algunos pasaron por esa terapia auricular y han obtenido algún resultado.
De esto, claro, se hablaba en lo de Neustadt como anticipo del verano esteño, anfitrión que en la puerta de su casa había colocado un cartel que decía con cierta originalidad: «Compro-Métase». Más de un centenar de personas -algunas se quedaron colgadas, sin llegar, debido a que esa noche hubo un bloqueo en Panamericana- entre las que sobresalían Manuel Solanet, Angel Perversi, el novel diputado Esteban Bullrich y el apartado legislador Luis Patti -acompañado por su joven y atractiva esposa, de largo, verde esmeralda-, todavía sorprendido por la decisión de la Cámara de no permitirle la jura a pesar de que 400 mil personas lo votaron en forma transparente (y, sin duda, por lo que representa). Al respecto, algunos bromeaban con la segura adhesión de Aníbal Ibarra a Patti. ¿O acaso los carteles que éste mandó pegar en la Capital no dicen que se debe respetar la voluntad popular de las urnas?
No faltaron a la reunión economistas como Miguel Angel Broda o Roberto Cachanovsky, tampoco Dudy Libedinsky, el general Daniel Reimundes y algunos colaboradores de antaño de Neustadt, como Clara Mariño. Tan abierta fue su convocatoria que hasta se vio a su primera esposa, Any Costaguta. Hubo recital de María Volonté, relato pormenorizado de Malú Kikuchi de cómo se había peleado, ese día, con Ricardo López Murphy por la prescindencia del bloque de PRO en el tratamiento del caso Patti, bocaditos, tostadas con paté, unas cazuelas con pastel de papas y, por supuesto, un discurso editorial del dueño de casa que hubiera cautivado en la TV. Las miradas y la atención, sin embargo, cayeron sobre otros dos invitados.
Algunos críticos del momento se preocupaban por la docilidad del Parlamento a las exigencias de la Casa Rosada, también por el nuevo sesgo políticoque se le otorgará al Consejo de la Magistratura, por lo tanto a la Justicia. Es decir, manifestaban inquietud por cierta caída del nivel institucional, al menos en dos poderes que deberían equilibrar -y se duda que lo hagan- a un Ejecutivo cada vez más hegemónico.
Como siempre, en los alrededores de Neustadt se transita la mejor información y por supuesto un par de invitados ya sabían que Eric Calcagno sería el reemplazante de Archibaldo Lanús en París ( luego de los papelones del gobierno con Bielsa y las justificaciones que intentaron sus prenseros con el affaire). Precisaban con gracia y vergüenza ajena que la Argentina pidió el plácet de Bielsa por la tarde en que difundió la noticia; o sea, primero se notificó a la calle, luego y tardíamente al Quai D'Orsay. Pero ni tiempo tuvo Jacques Chirac de conversar sobre la promoción de Bielsa, ya que éste desechó más tarde ir a Francia y el pedido quedó en suspenso. En cuanto a lo de Calcagno, si se lo compara con los dos primeros embajadores que destinó Carlos Menem en París, como si esto pudiera considerarse un consuelo, decían que hasta sería un hallazgo: al menos estudió en La Sorbonne, vivió en la estación LaMotte-Piquet Grenelle, y frente a sus antecesores Fernando Gelbard, que se la pasaba tocando el saxo (y viviendo en California) o Italo Luder, que presidía una sinecura sordomuda y ni siquiera respondía cuando le preguntaban si la comida estaba rica, ofrece otras aristas.
Algunas alabanzas para Calcagno, por simpatía personal, parentesco con Julio Oyhanarte (era su ahijado) o relaciones con el padre ( Alfredo), sin considerar que ejercita la economía más como charlista que como profesional y que lo unifica una adolescente vocación y un adulto empleo chavista que lo hacen aparecer menos «open minded» de lo que se preconiza. Después, para no insistir con el personaje, se desviaron en la charla hacia la pintora Julieta Honono, amiga de Bielsa en París y quien le había anticipado que lo elegirían embajador: parece que esta dama también frecuenta otras adyacencias del poder en la Argentina y que, sin comparar estilos, calidades o grandezas, viene a ser al kirchnerismo lo que Lola Mora al roquismo. Aunque, claro, con estudio en la Ciudad Luz, no en Roma.
• «Se descompuso, llamen a un médico, a un médico. ¡Hagan algo!» Así, a los gritos, clamaba la senadora Mabel Müller en auxilio de su amiga Hilda Chiche Duhalde, repentinamente desmayada al salir del ascensor de la sede del Partido Justicialista, en la calle Matheu. Según el profesional que la asistió, de apellido Pinto, la señora tuvo un problema de baja presión. Pero no es la primera vez que le ocurre -en Montevideo debieron internarla por previsión- y algunos suponen que estas descompensaciones son producto de que cada vez come menos, otros que su ánimo -sea por la política, sea por cuestiones familiares- no pasa por su mejor momento. Lo cierto es que el problema pasó rápido.
Y sirvió, además, para detonar la reunión previa en la sede partidaria, esa que administra el interventor Ramón Ruiz, el «pelado», un íntimo de la jueza María Servini de Cubría, quien suele prestar la parrilla siempre y cuando no le generen gastos y le dejen limpias las instalaciones. Al asado, por supuesto, asistieron las dos damas del desmayo, más el jefe convocante, Eduardo Camaño, José María Díaz Bancalari, Francisco de Narváez, Christian Ritondo, Jorge Casanova, otras chicas como Lucrecia Monti, Leila Chaya y Graciela Camaño (esposa de Luis Barrionuevo). Hubo, por lo menos, dos ausencias poco justificadas: Juan José Alvarez -quien nunca nadie sabe dónde está, ni siquiera en términos políticos- y Daniel «Chicho» Basile. Era, claro, gran parte del bloque duhaldistaperonista del Congreso que, en marzo (se supone) entrará en crisis con el gobierno e incluirá a otros legisladores molestos con un oficialismo que exige más obediencia debida que los militares. Nadie duda que puede haber otros pases, pero al mismo tiempo ¿es posible suponer que Díaz Bancalari o la Camaño mantendrán tanta autonomía como para votar contra el gobierno? Interrogante más que razonable.
Y así se despidió, dejándolepapeles a Carlos Chacho Alvarez y sin concurrir a «La casa Violeta», un restaurante copado por los llegados a la cumbre y donde los venezolanos se destacaron por cenar con whisky. Lo que no es una novedad en Uruguay, pues el vino era tan malo que se optaba por cualquier bebida.
Ahora ya no se estila y, mirando a los chavistas, la sorpresa no es la mezcla con la comida, sino la cantidad de alcohol que incluyen en la mezcla.
• De esa cepa peronista y venezolana -los uruguayos, sin duda, son de otra categoría- a un encuentro con la realeza, con una princesa en Puerto Madero. En el Winery, con exactitud, con una que alcanzó la Corona con títulos y paciencia argentinos: Máxima Zorreguieta, heredera de Holanda. Hubo una breve entrada con risotto, luego bife de costilla, café, y un grupo de legisladores que se aburrieron con la princesa y una princesa que se aburrió con los legisladores. Basta ver los nombres: Carlos Reutemann, Rodolfo Terragno, Jorge Capitanich, Roxana Latorre y Oscar Lamberto, casi la negación como acompañamiento de cualquier humano que, de pronto, fuera forzado a vivir por años solitario en una isla.
Ella, por otra parte, tampoco revela la personalidad que la hizo alcanzar la inmediatez del trono: hablaba como si estuviera legislando, sólo refería cifras, temas impositivos. Para colmo, a su vera estaba el embajador de Holanda, Robert Jan van Houtum, alguien que no descuella por el exceso de humor. Venía Máxima de hablar con Felisa Miceli y Martín Redrado -otros encuentros que nadie se querría perder por lo divertidos- para avanzar en un sistema de microcréditos para los pobres, tema que ella hizo propio por razones de investidura y con el cual abrumó a los legisladores en el Winery. Es que la Princesa también requiere leyes para apurar las resoluciones de Economía y Banco Central, de ahí que pidiera una reforma de la Ley de Entidades Financieras para que no sólo los bancos concedan esos créditos, y simultáneamente se suspenda el tributo de la tasa de 33% para los responsables no inscriptos, únicas alternativas para poner en marcha el sistema. No serán graciosas esas reuniones, pero al menos es loable su intención.
• Menos rigurosa fue una despedida, esta vez en el Club Francés, al legislador Alberto Natale, quien parecía condenado al Parlamento. Pero no fue así y, también, fuera de allí hay vida. Otra vida, claro. Momentánea, ya que Natale -harto de su provincia- ha decidido cambiar de distrito y presentarse en Capital en 2007. Por supuesto, cerca de Ricardo López Murphy o de Mauricio Macri, destino inevitable quizás de uno de los herederos de la Democracia Progresista. A lo de Natale llegaron gentes de todas partes -para comer crepes de verdura, luego un pollo con salsa y un postre con helados-, como los hermanos Alsogaray, María Julia y Alvarito, Rafael Martínez Raymonda, Roberto Alemann, Hugo Martini, Federico Pinedo, Eugenio Burzaco, Paola Bertol, Jorge Vanossi, el mendocino Omar de Marchi y, por supuesto, el organizador: el publicista Federico Rattner, empresario de Rosario vinculado al grupo Spinazzola, no alejado de la pugna por la licitación del mobiliario urbano de la Capital Federal.
• Varias voces y naturalmente la de Natale, quien lamentó que hoy la Cámara estuviera peor que cuando él ingresó, proceso que enlazó con la tendencia hegemónica de Kirchner y el desprecio oficial por el Congreso. Después, ya en la mesa, hubo tiempo para muchos recuerdos y, sobre todo, por la curiosidad de que un Pinedo homenajee a un demoprogresista, cuando su abuelo Federico Pinedo, ministro de Hacienda, se batió a duelo con Lisandro de la Torre pues éste, atrevido, lo había enlodado en cuestiones de corrupción. Eran otros hombres, claro, ahora se resuelve -si se resuelve- con la instancia judicial, por otra parte también sospechada. Lo cierto es que, entonces, un De la Torre dolido por el asesinato en el Senado de Enzo Bordabehere, uno de sus colaboradores en la denuncia de las carnes, lo atacó a Pinedo y a Luis Duhau, entonces ministro de Agricultura. Cuando éste retó al demoprogresista, De la Torre no lo aceptó: le rechazó condiciones de caballero porque protegía a un guardaespaldas, Ramón Valdés Cora (empleado de Antonio Santamaría), quien mató a Bordabehere. Con Pinedo, la situación fue otra, pues De la Torre, en el recinto lo trató de «cotudo» (a los que tienen bocio pronunciado) según él, cuando Pinedo entendió que lo imputaba de «cornudo». No hubo explicaciones satisfactorias, fueron al campo del honor, Pinedo disparó a matar y falló, De la Torre simplemente tiró al aire. Nunca se reconciliaron. Sí, en cambio, este Pinedo con Natale, quienes jamás pasarán por el desafío del duelo, tal vez porque batirse es una «fantochada de irracionales» (según el viejo Pinedo), también porque ninguno de los dos parece disponer del apasionamiento imprescindible para una reyerta de esas características.
• Hay gente que se da sus gustos y, por supuesto, que tiene sus gustos. Por ejemplo, Antonio Estrany Gendre, ex funcionario de varios gobiernos, hoy en las filas del Cicyp, quien en su residencia del country Martindale instaló una carpa para 300 personas. Para comer y escuchar, o viceversa, con choripanes y empanadas más un concierto con 15 cuerdas dirigidas por Charlote Stujit, una venezolana de madre argentina y padre holandés. Muchos dulces al final, para superar la música seria y empezar con otra menos compleja: el tango, en el cual como astro se mostró Lino Gutiérrez (mejor bailando que hablando) y una multitud de parejas con protagonistas como Jorge Castro, Fernando Petrella, Andrés Cisneros, Federico Bartfeld, Jorge Hugo Herrera Vegas, Camila Mackeson, Raúl Granillo Ocampo, Fernando de la Rúa -«No puedo parar de tantas fiestas a las que me invitan», casi se queja-, Marcelo Stubrin, Lily Sielecki y Eduardo Amadeo (quien, como dice Moisés Ikonicoff, usó la garrocha para saltar del duhaldismo al kirchnerismo, pero se estrelló contra un Blindex especialmente diseñado contra garrochistas como Amadeo).
Fiesta demasiado diplomática, con ligeras críticas al gobierno -es singular, antes se miraba mal a quien hablaba con ironía sobre Kirchner; ahora, es al revés- y consideraciones sobre la complejidad del oficialismo si pierden los socialistas en Chile. Ya no iría el mundo, al menos en Sudamérica, en la dirección que supone Kirchner (cuando, aparte, el socialismo de ese país en nada se parece a la administración argentina).
Pocas noticias, salvo la mención al casamiento -el día anterior- del hijo del ex ministro de la Corte Suprema Adolfo Vázquez. Fue en Chivilcoy, en una boîte llamada Ozono, con tantos desniveles que la gente -aun antes de ingerir alcohol se tropezaba y caía como moscas. Bendijo Rubén Di-Monte, se lo vio a un cuestionado ex comisario, a los ex ministros Jorge Triaca y Alberto Mazza, ni siquiera invitaron a Enrique Petracchi del pasado tribunal.
• Ese era un tema; había otros dos. Uno de ellos, la escasa solvencia que se verifica en el Council of the Americas desde que lo preside Susan Segal y que lamentablemente afectó la disertación del ministro Julio De Vido allí. Se extrañan los días en que ese organismo era manejado por David Rockefeller: hoy las disertaciones académicas rozan, por lo general, lo paupérrimo. El otro es el nuevo indicador del grupo Sophia llamado «Resultados del Estado» sobre la productividad pública y con la pretensión de que tenga un valor de reconocimiento general. Ocurrirá, claro, siempre y cuando el trabajo lo difundan los medios y la base del estudio la compren los funcionarios, algo así como hizo Poder Ciudadano con el Indice de Transparencia, que es una suerte de cinta azul de la popularidad -en transparencia, obvio- que se les otorga a empresas, municipios o provincias interesadas en la distinción. De ahí a vivir sin corrupción, un solo paso, como el de baile en Martindale que acercaba a todos un poco más al fin de año, al fin de muchos años de muchos allí presentes. Casi un homenaje al calendario de Estrany Gendre.
• Vamos a terminar con un chiste sutil. Un mendigo se acerca a un hombre obviamente rico y le pide diez pesos. El hombre le responde:
-Seguro que te los vas a gastar en vino, ¿no es cierto?
-No señor; no tomo alcohol.
-Entonces, estás juntando plata para gastártela en minas, ¿no?
-¡No, señor! ¡Como para minas estoy!
-¿Y en qué te la vas a gastar, entonces: en escolazo, en las tragamonedas, en jugar al truco con tus amigotes?
-De ninguna manera, nunca apuesto en nada.
-¿No será que te picó el bichito del golf? ¿Te la vas a gastar en un driving range para mejorar el drive?
-... ¿? ¿Golf, drive? ¿De qué me habla?
-Bueno; en lugar de diez pesos te doy cincuenta, pero tenés que hacerme un favor: tenés que venir a mi casa a comer.
Asombrado, el pordiosero acepta encantado, pero pregunta:
-¿Puedo saber por qué quiere llevarme a su casa?
-Fácil: porque quiero que mi mujer vea cómo termina un tipo que no chupa, no juega, no sale con minas y no juega al golf.


