3 de abril 2003 - 00:00

Chile lleva ya 20 años con superávit en su presupuesto

Fue en la Pontificia Universidad Católica Argentina en Puerto Madero. Un auditorio de unas 150 personas. Allí Ricardo Arriazu presentó su libro «Lecciones de la crisis argentina», el primero de un economista que ha tenido vasta actuación en gobiernos argentinos desde el Banco Central, en bancos privados, asesoría de empresas y organismos internacionales. Reacio a las exposiciones públicas prefiere el bajo perfil y los claustros. Lanzar el libro lo hizo exponerse.

En la presentación estuvieron economistas de renombre como Pedro Aspe, de México, donde fue titular de Hacienda equivalente a ministro de Economía, y Hernán Büchi, el creador de la moderna y próspera economía de Chile.

Pese a su nacionalidad Aspe fue el más contundente en destacar la seriedad de la economía de los chilenos. «Llevan 20 años continuos de superávit fiscal», dijo en referencia a una anormalidad en la Argentina ya que nunca se logró. Aspe reconoció que «en México quizá 4 o 5 años lo tuvimos.» Pero elogió el ingreso de su país al NAFTA con arancel cero en casi todos los productos de intercambio con Estados Unidos y Canadá. «Pasamos de exportaciones por 35.000 millones de dólares a 140.000. Pensábamos en la creación de 3 millones de empleos y pasamos a 4 millones y medio. Además le dimos al NAFTA un respaldo constitucional para que no puedan cambiar la línea los sucesivos gobiernos. Chile también logró una línea con gobiernos de distinta concepción política.»

Ni pensar en la Argentina donde cada candidato quiere cambiar todo lo del anterior y hasta volver al estatismo.

•Culpas

El chileno Büchi se quejó precisamente de la política. «Una vez un adversario me dijo: 'en política no hay que pensar en los problemas sino en a quién echarle la culpa'.» Refiriéndose a la Argentina dijo que «sin ajustarse y obtener un superávit presupuestario no hay solución. Sin resolver la solvencia del sistema financiero tampoco». Duro con la política dijo: «En Chile, el Parlamento aprueba o rechaza el proyecto de presupuesto para los gastos del Estado pero no puede modificarlo». Aquí nuestros legisladores lo manipulan con demagogia, se fijan sus propios gastos para legislar y piden ayudas especiales para ganar simpatías en sus provincias antes de conceder que lo votarán.

También criticó la facilidad y afán con que se vuelcan hombres a los gobiernos sin medir sus aptitudes. «Nunca me embarcaría como asesor de un piloto que no sabe manejar el avión.»

El libro de Arriazu -que comentaremos tras su lectura ya que se repartió en el acto de anoche-se basa en impulsar un «contrato social» para acordar para el país principios básicos que permitan recuperarlo.

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