La Bolsa está en orden. Hay acuerdo fase uno y feliz Navidad

Economía

Meses atrás, el presidente Trump lanzó un ultimátum. O había acuerdo comercial con China antes del 15 de diciembre, o una nueva ronda de suba de aranceles entraba en vigencia. Era la famosa lista de importaciones sensibles -críticas en el sentido de que los aranceles le estropearían la vida cotidiana, y el bolsillo, al propio consumidor de los EE.UU., tan afecto a los i-phones y laptops- cuyos gravámenes ya habían sido convenientemente postergados.

El presidente, solito, se puso la soga al cuello. Dar marcha atrás -y correr la fecha crítica hacia adelante una vez más- era un papelón (aun para los relajados parámetros de la actualidad). Ser implacable -y puntilloso en la negociación de un acuerdo exigente- era chocar de lleno contra la pared. Y entonces hubiera sido peor: arruinar las compras navideñas con un salto de precios en el renglón de la electrónica -para colmo, cortesía 100% del empeño de la Casa Blanca- daría material para un virtual impeachment de la opinión pública. Y con un único juicio político en danza, alcanza y sobra. No quedó más remedio que, finalmente, concretar el cuento de la buena pipa de la paz. “China lo desea con fervor”, decía siempre Trump. La crónica de tuiter señala otra cosa. El magnate -y rey del arte de la negociación- lo anunció primero. Con llamativo silencio de radio desde Beijing. Y la reacción fue tibia. Recién cuando el senador demócrata Chuck Schumer criticó al presidente por haber cedido a las posiciones de China en el ánimo de conseguir un acuerdo sí o sí, el Gobierno de Xi Jinping confirmó la novedad. Y allí se la consideró válida y no mero fake news. Habemus pax comercial, de palabra.

Todavía no se firmó nada. No importa, la Bolsa, tras otra semana de récords, solamente necesita que reine la calma. Para sostener el rally ya tiene la Navidad y a Santa Claus a la vuelta de la esquina.

“Es un acuerdo histórico”, lo ponderó el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. La verba ácida de Schumer lo juzga distinto. “Un arreglo temporario” que apuró Trump “contra la promesa china de comprar algunos porotos de soja”. Mnuchin lo niega. “Abarca propiedad intelectual, transferencia de tecnología, temas estructurales de agricultura, apertura de servicios financieros, y acuerdos monetarios y cambiarios así como el compromiso chino de compra de productos estadounidenses”.

Habrá que esperar un par de semanas para que su contenido se haga público. China adquirirá 200 mil millones de dólares de bienes de los Estados Unidos distribuidos entre agricultura, manufacturas y energía. ¿En cuánto tiempo? No se sabe. Los meneados 40 mil millones de productos agropecuarios -que China prevé elevar a 50 mil millones- quintuplican la factura actual. Pero, a última hora el viernes, se aclaraba que dicho monto computaba un período de dos años.

Se dice que el texto de 86 páginas será rubricado en Washington la primera semana de enero, pero no por los presidentes, si no los ministros del ramo. No se aplicarán nuevos aranceles mientras las partes cumplan el pacto. Y obrará una reducción de los gravámenes existentes aunque menos ambiciosa que lo que supo barajarse. De los 500 mil millones de dólares de importaciones desde China, 370 mil millones están sujetos a arancel. Entre ellos, hay 120 mil millones que enfrentan un cargo del 15% que será recortado a la mitad. ¿Es poco? Mentime: un acuerdo fase dos, se dijo, comenzará a negociarse de inmediato (y no después de la elección de noviembre 2020). Mnuchin asevera que el acuerdo histórico será muy bueno para el crecimiento del comercio mundial. Otros se preguntan si podemos llamarlo “acuerdo comercial” (¿qué otra cosa si no?).

Lo que importa es que esta tercera pax -en casi dos años de confrontación- preserve el cese de hostilidades más que las fallidas treguas de Buenos Aires y Osaka. Hay una buena razón para esperar que dure: una recesión echaría por tierra las chances de reelección de Trump el año próximo. Y si dura será un aliciente para el crecimiento del comercio y la economía mundial. La paz de hecho que comenzó en octubre ha dado a luz a un repunte alentador de nuevas órdenes de fabricación y exportación. Si la cadena no se corta tirará del carro de la inversión, hoy notoriamente disminuida por los temblores de la relación. Pero nadie descuenta una solución definitiva. Y ello debiera dejar un residuo permanente de desconfianza que no se va a eliminar. Ocurre que es el mejor reflejo del espíritu de nuestro tiempo.

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