Chrystian Colombo: "Vamos a cerrar dos organismos por viernes"
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P.: ¿Por qué? Ch.C.: Cavallo, con su mode-lo previsional, impuso -quizás porque era la única forma de aprobarlo-un costo enorme sobre la generación que va entre los 20 y los 45 años, que debe hacerse cargo de todos los desfalcos de las administraciones anteriores del sistema previsional. Ahora, en cambio, proponemos tres aspectos. Sacar la Prestación Básica Universal y modificarla por una prestación universal para los sectores medios de la jubilación de modo que todos nos hagamos cargo del déficit actual del sistema. Además, se crea una red solidaria con esos ahorros para quienes por distintas razones (desempleo, trabajo en negro, etc.) no aportaron y por eso no tendrán jubilación. El segundo punto tiene que ver con la jubilación de las mujeres. La que se jubile a los 60 va a tener una jubilación y, de allí a los 65, tendrá un ingreso más interesante, progresivamente. Hoy la edad promedio de jubilación, de hecho, son los 63 años. El último punto es modificar las tablas actuariales para todos, así se homo-loga la situación a la de los hombres, lo que beneficiará a las mujeres con una jubilación más alta. Finalmente, queremos que el sistema de reparto se extinga. De hecho se está extinguiendo porque ingresa a ese sistema apenas 5% de la población que se jubila. Además, subimos la jubilación mínima a $ 300.
P.: También tocan a las AFJP, ¿no es cierto?
Ch.C.: Modificamos una parte importante de la reglamentación. Vamos hacia una comisión única para no confundir a quien consume, no con una fija y una variable. Vamos a limitar el mercado: ninguna podrá tener más de 27% a 30% de participación en el mercado.
Ahorro
P.: ¿Y cuánto va a ser el ahorro en el gasto en los próximos 5 años?
Ch.C.: Es muy bajo al comienzo y depende de lo que sea la prestación universal, que no está definida. El efecto es a largo plazo. Inicialmente ahorraremos 45 millones.
P.: Pero en un lustro ustedes, progresivamente, pueden presentar un presupuesto mucho más razonable que el de ahora. Ahí no es tan mínimo, ¿no?
Ch.C.: Sí, se va volviendo importante. No tenemos los números finales, claro, pero no serán nunca menos de 600 millones.
P.: Creo que si usted escuchara la radio, todos los sábados a la tarde, desde hace años seguramente habría un cuestionamiento a estas medidas en el programa que Fernando de la Rúa les dedica a los jubilados.
Ch.C.: No sé si antes estaba de acuerdo, pero le aseguro que ahora está convencido y de acuerdo con todas estas medidas. Y eso es lo importante.
P.: ¿Ustedes cambiaron de idea en la política previsional o esto es sólo un derivado de la política fiscal sobre el sistema jubilatorio?
Ch.C.: Nosotros estamos tomando medidas de largo plazo. Observen que ésa es la lógica de todas las medidas que implementamos: hemos logrado apoyo externo importante, como el que nunca tuvo la Argentina, sin hacer ningún ajuste presente. Las cosas que prometemos hacer, y nos creen, tienen impacto sobre el largo plazo. El convenio con los gobernadores es un compromiso de contención del gasto por cinco años a partir del 1 de enero. La reforma jubilatoria pro-mete solvencia a largo plazo, no superávit el año que viene en el sistema previsional. Y decimos que vamos a modificar las obras sociales a partir de enero. El error es creer que esto es ajuste. Lo que conseguimos es una oferta del mundo a partir de que haremos determinadas cosas, así como hicimos todo lo que prometimos en los últimos 10 meses. Además, porque la Argentina ha ido acumulando credibilidad en los últimos 17 años de sistema democrático: mejoró sus instituciones, se incorporó al mundo, derrotó la inflación, inició la reforma del Estado.
P.: Da la impresión de que, sea por un cambio de enfoque del gobierno o por su llegada a la Jefatura de Gabinete, se aprecia más una continuidad en las reformas que el discurso inicial de la «herencia recibida». ¿Es así?
Ch.C.: No cambió la visión de algo porque yo entré acá. Es cierto que recibimos una economía con un déficit en el sector público, un déficit en el sector privado y un déficit social muy importante que se expresa en el nivel de desocupación. Y esto uno lo puede cargar todo al pasado. Pero también se debe rescatar la parte positiva de los últimos 17 años, que son activos.
Cambio de visión
P.: En la preocupación por la solvencia de largo plazo más que en el déficit de pasado ma-ñana se observa también otro cambio de enfoque. Da la impresión de que al cabo de 10 meses ustedes advierten que el déficit fiscal no es estructural sino cíclico. Es decir, se resuelve más con reactivación y crecimiento que con ajustes como la suba de impuestos.
Ch.C.: La visión que cambió no es la nuestra solamente. También cambió la de los organismos internacionales, la de los inversores y de quienes analizan la economía externamente. Si uno analiza las decisiones de este gobierno a lo largo del año con el consenso sobre lo que había que hacer, hubo una coincidencia absoluta; y sin embargo la economía no creció. Con el correr de los meses, y esto fue más evidente en la reunión de Praga del FMI, se puso más el acento en el crecimiento que en la baja del déficit. No es lo mismo el FMI de Camdessus que el que ahora preside Kohler.
P: El cambio no sólo fue afuera, me parece...
Ch.C.: Es cierto, también hubo un cambio adentro del gobierno. El jefe de Gabinete anterior no coincidía con la política que llevaba adelante el ministro de Economía. Estaba con una política de 2010 pero no con la de este gobierno. Y yo coincido con Machinea y si no coincido lo discuto con él, no lo boicoteo ni lo desmerezco por la prensa.
P.: Usted dijo que va a haber un respaldo mundial, no sólo de los organismos internacionales. Pero hasta ahora no mostraron ninguna carta más allá de las declaraciones de José María Aznar.
Ch.C.: Nadie lo va a ayudar si usted no se ayuda. Nosotros planteamos la gravedad de la crisis y comenzamos a tomar las medidas necesarias para salir de ella. Convocamos a los gobernadores y, salvo uno, todos respondieron a lo delicado de la situación. Y quiero destacar esa conducta porque lo que firmamos es duro para la Nación y duro para las provincias. Ahora estamos analizando la reforma previsional y la de obras sociales. Inter-venimos la ANSeS, que es una fuente por la que pasa 40% del presupuesto nacional. Estamos aprobando el presupuesto, la se-mana que viene será ley el compromiso federal y será entonces cuando se anuncie el paquete de ayuda financiera que se pretende lograr.
P.: Usted habla de dureza en el compromiso fiscal, pero ¿será inviolable?, pues algunos firmantes tienen antecedentes non sanctos en ese sentido.
Ch.C.: (risas) No, si lo violan será peor para ellos. Además, no se olviden que debe publicarse la evolución del gasto en Internet, será difícil escaparse de esa transparencia. Cualquier ciudadano, periodista, consultor, empresario o economista puede denunciar desvíos.
P.: ¿Usted está de acuerdo con el sistema de déficit consolidado, por el cual se acumula todo en una sola cifra y el que se desfasa perjudica al resto?
Ch.C.: Sí, vamos hacia eso y algo ya está en el compromiso federal. Nos tenemos que mirar el déficit mutuamente, con compromisos adicionales en el futuro. Avanzaría en la descentralización de gastos y también en la del cobro de impuestos. La reforma del Estado también tiene que avanzar en cambios cualitativos en el gasto público: aquí se han bajado irracionalmente algunos presupuestos, como el de la AFIP, donde se echó a la mejor gente, no se informatizó y no se hacen gastos de publicidad. Así no se cobran impuestos. Hay organismos, por otra parte, que no tienen sentido de ser. Y serán cerrados.
P.: ¿Cuántos y cuales? Ch.C.: Son 70 y le he propuesto al Presidente cerrar dos por viernes. Aunque ésta no es una meta inflexible en número.
P.: ¿Podría mencionar a los del primer viernes?
Ch.C.: Si, como no, Ocrava e Inase.
P.: ¿Y con algo más grande, ministerios por ejemplo, como lo reclamaron algunos gobernadores peronistas?
Ch.C.: Hay áreas que han per-dido vigencia y otras que requieren más asistencia. En ese sentido veremos si es necesario cambiar la ley de ministerios. Pero la oposición no debe diseñar el gabinete y, mucho menos, inmiscuirse en la identidad de los ministros.
P.: ¿Qué piensa de Acción Social, por ejemplo?
Ch.C.: Creo que habría que plantear claramente el tema del gasto social y discutirlo. El gasto social está 70% en manos de las provincias. Yo discutiría todo porque es cierto que la Argentina necesita más gasto social. Pero se ha hecho clientelismo político con el gasto social y una cosa es que eso ocurra con un desempleo de 6% y otra hacerlo en la cornisa con un desempleo de 16%. El espacio para hacer clientelismo está acotado tremendamente por la realidad social que es muy grave.
P.: ¿Usted avala la mayor descentralización del gasto social? ¿No sería una mayor resignación del poder presidencial?
Ch.C.: No, el poder del Presidente no está allí. El poder está en tomar las medidas que tiene que tomar en el momento histó-rico que le toca gobernar, no en manejar 30% del gasto social o no. Yo descentralizaría no sólo el gasto social sino también la facultad de recaudar, de tal mane-ra que un gobernador no sea solamente un gerente de compras de una provincia. ¿Cómo vamos a controlar el contrabando sin la participación de las provincias? ¿Cómo vamos a controlar el gasto social sin un padrón único de beneficiarios? A todo esto nos tiene que llevar una ley de coparticipación, además de permitirnos equilibrar socialmente al país, en términos de concentración geográfica del producto bruto.
P.: Usted ha elogiado a los gobernadores. Da la sensación de que fueron los peronistas más generosos que lo que son algunos radicales y frepasistas en la cuestión previsional.
Ch.C.: Los gobernadores comparten problemas muy concretos con el gobierno nacional. En cambio, algunos radicales o dirigentes del Frepaso pueden tener posiciones distintas. Pero se discuten, se busca el consenso y quiero ser claro: la Alianza aprobó en la Cámara de Diputados la totalidad de las leyes que se le propusieron al Congreso desde el Ejecutivo. La eficacia legislativa ha sido impecable y eso habla bien de su funcionamiento como fuerza oficialista. Mucho más que en gobiernos del pasado que contaban con mayorías mucho más claras. En un gobierno de coalición me parece lógico el debate, como el que estamos teniendo. Lo que no concibo es que el disenso conlleve el riesgo de ruptura.
P.: ¿Y eso no sucedió la se-mana pasada con el bloque de la Alianza en Diputados?
Ch.C.: No, no sucedió. La reforma que estamos haciendo genera seria oposición y hay gente que piensa distinto. El tema es cuán convencido está el gobierno y el Presidente en la necesidad de generar una reforma previsional. Y yo le puedo asegurar que el Presidente está absolutamente convencido de esa necesidad.
P.: Si me agregara la palabra urgencia me estaría dando un buen adelanto, ¿no?
Ch.C.: (risas) Mientras logremos la mayor dosis de consenso la vamos a llevar adelante por ley y, si no, la vamos a tener que hacer por decreto.
P.: Vamos a la reforma de las obras sociales, en la que han aparecido muchas dificultades. ¿Cómo van a combinar los criterios del seguro y de empresas privadas que buscarán rentabilidad, con los del sistema «solidario» que ha regido por décadas?
Ch.C.: Hay muchas propuestas para ver este tema. La inversión viene de la rentabilidad y por eso el sistema de prepagas se concentra en el nivel más alto, en las llamadas obras sociales de dirección. No las más bajas. Así como hay obras sociales de bajos ingresos que combinan la oferta de servicios del sector privado. Por eso hay que analizar si la apertura se realiza en un momento cero, absolutamente rápida, o se da un período de tiempo en el que se vayan uniendo las obras sociales de dirección con las del escalafón más bajo, si es conveniente unificar en un ingreso mínimo o segmentar... Hay cuestiones técnicas que deben ser saldadas todavía por aspectos no previstos en el decreto de mayo y creo que estamos muy cerca de una solución.
P.: O sea que harían una desregulación gradual. ¿Primero las de dirección y después las de menos ingresos?
Ch.C.: Hay que analizarlo porque tampoco se le pueden pasar a las obras sociales de dirección una avalancha de afiliados de menores ingresos que desequilibren su ecuación económica. Además hay que decidir a qué obra social va quien tiene un primer empleo. Si elige de entrada o pasa un primer período en la de su rama de actividad.
P.: Claro, los sindicalistas seguramente piden lo segundo, para poder atrapar a ese trabajador de por vida...
Ch.C.: No, el 1 de enero comienza la desregulación. Pero además habrá obras sociales que desaparecerán y otras que seguirán prestando buenos servicios como los que prestan ahora. Lo que tenemos que combinar es la mayor inversión que deviene de la competencia y la solidaridad del sistema actual. Si no equilibramos esos dos criterios, puede suceder que desregulemos y que sin embargo no haya mayor inversión.
Recaudación
P.: Otro problema que aparece es que los ingresos de las empresas que se incorporen al sistema dependerán de la eficiencia de la AFIP para recaudar aportes, ¿verdad?
Ch.C.: Sí, claro. Es un problema, en especial, de la recaudación de autónomos. La AFIP debe mejorar su performance para recaudar. Hay que resolver qué sucede con las empresas que atraviesan problemas y no pagan sus aportes. No se puede dejar al desamparo a los empleados, que no recibirían salud.
P.: Volvamos un poco al comienzo. Blindaje, reforma previsional, obras sociales, etcétera. Todo bien. Pero, ¿cómo se sale del cuadro de depresión con el que la Argentina enfrentará el verano?
Ch.C.: Lo que hay contenido en las medidas que se anunciaron es reactivante de por sí. La Argentina va a tener asegurado el financiamiento en un plazo muy importante, algo que no sucedió en los últimos tres años. Esto no sucedió con ningún país: estamos hablando de que se genere una cobertura financiera preventiva. Se va a poder trabajar en la demanda de fondos de manera más espaciada. Permite también financiar una baja de impuestos más rápida que la anunciada por Machinea en el Banco Nación. Permite, además, bajar la presión impositiva y la tasa de interés interna. Es decir: usted no aumenta el gasto prima-rio, garantiza solvencia a futuro pero no sube sus ingresos sino que mejora su performance fiscal por la recuperación de actividad económica. Aparte tiene en el presupuesto, por aumento de gastos sociales, planes laborales y plan de obras públicas, un shock de demanda de casi $ 500 millones más.
P.: ¿Cálculo sobre algún síntoma de reactivación para el año que viene?
Ch.C.: Creo que la Argentina va a crecer 3% como piso el año que viene.
P.: Usted está aquí hace un mes y medio, aproximadamente, y la visión que uno tiene es que trabajan solamente usted y Machinea. ¿Es equivocada esa impresión o hay un problema de productividad de los ministros?
Ch.C.: Es difícil no trabajar al lado de un presidente que trabaja como Fernando de la Rúa. No hay que confundir perfil bajo con falta de trabajo. Aunque sí es cierto que Machinea es el ministro que más trabaja.
P.: ¿Cuáles son las tres o cuatro leyes, no fiscales, que permitirían imaginar la Argentina a la que ustedes quieren llegar con su gobierno?
Ch.C.: No son leyes, son grandes desafíos. El primero, cómo se incorpora la Argentina al mundo, siendo un país que no es Brasil, con una dimensión continental casi autosuficiente. Además, con una cultura europea en un momento en que Europa crece menos que Estados Unidos y se cierra a los productos agrícolas. La otra cuestión es cómo incorporarnos sin dejar 10 millones de marginados, como sucedió en la década pasada, porque sería una modernización sin sustento en el tiempo. La otra cuestión es la política, cómo mejorar su calidad, cómo transparentar sus costos. Eso pasa a ser parte de la reforma del Estado ya que la Argentina no puede mejorar sin mejorar sus instituciones y la calidad de su Justicia. El tercero tiene que ver con la reforma del Estado en sí misma: transformar lo que vino siendo una cuestión contable en una cuestión empresaria, con mayor dinamismo.
P.: ¿Qué le dijo De la Rúa cuando le ofreció el puesto?
Ch.C.: Que me hiciera cargo de la administración del gobierno, que es lo que indica la Constitución pero que revela un nivel de confianza muy alto. Yo le pedí, por mi parte, que no tenga conmigo la misma paciencia que tuvo con Terragno.



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