Clinton dio la receta para el plan del "déficit cero"
El gobierno, ante lo inevitable, se decidió a no tener déficit. Para lograr el objetivo, hay que bajar el gasto en $ 4.500 millones. En la reunión de gabinete de ayer se decidió que el recorte será de $ 3.000 millones por año en los gastos de la Nación y de $ 1.500 millones en el de las provincias. "No vamos a gastar más de lo que se recaude, porque no tenemos más crédito", les dijo Cavallo a sus colegas. Los ministros fueron intimados para que en 48 horas acerquen a Economía la propuesta de recorte para sus áreas, bajo pena de perder su cargo si no traen reducciones concretas. Los recortes hechos con anterioridad no cuentan. La extensa reunión de gabinete fue dominada por la exposición de Cavallo, quien hizo un desmenuzamiento del gasto estatal. También habló de combatir la evasión. Dijo que se iba a extremar el control sobre el impuesto al cheque porque se detectaron bolsones de elusión a través de las cuentas corrientes en mutuales y cooperativas. La ley de impuesto al cheque va a ser modificada para que estas entidades no queden exentas. Cavallo cree que controlando esta evasión logrará $ 50 millones en la segunda parte del año.
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La tarea que les dio a los ministros para dentro de 48 horas (el viernes) es que acerquen la propuesta de rebaja. No vale decir que el recorte ya se hizo (como amagó ayer Héctor Lombardo) y al que no lo haga le ejecutarán el pescuezo desde Hacienda.
Fernando de la Rúa y Cavallo saltaron en la silla porque esa respuesta parecía responder a un libreto preparado. El ministro había dedicado la reunión del gabinete de la mañana temprano al mismo asunto y con la misma recomendación. «El país no tiene crédito, sólo nos queda ir a déficit cero, es decir bajar los gastos y acomodarnos a lo que se recauda. Más de eso, es imposible pagarlo porque no hay quién nos preste», fue la síntesis del dictamen de Cavallo al pleno de los ministros. Lo repitió ante el ex presidente de los Estados Unidos.
Los testigos de este encuentro se bebieron el relato que hizo sobre su experiencia de diez años en la Casa Blanca. Discretos, evitaron algunos nombres (v.gr. Monica Lewinsky o Carlos Menem). De la Rúa lo había animado con una explicación sobre la situación gravísima de la economía criolla. Habló de la herencia recibida y remarcó: «Pero hoy cumplimos diecinueve meses de gobierno y las cosas no nos han salido bien».
Clinton, convertido animador estrella de eventos por el mundo, concedió que él había pasado por lo mismo. También recibí un panorama con problemas, «pero me concentré en bajar el gasto del Estado apenas me di cuenta de que no podía pagar mis proyectos sociales». Cavallo agregó dramatismo al describirle al visitante la coyuntura de los mercados de ayer. «Estamos sin crédito por eso hemos decidido ir ya mismo al déficit cero».
De la Rúa agregó que el proyecto original de su gobierno había sido llegar de manera menos tumultuosa a ese déficit cero en el año 2002 y lograr así la calificación de «investment grade». «Ahora vamos a lo mismo pero porque tenemos que dejar de pedir prestado», se lamentó.
• Interés
Cuando el visitante se interesó en los detalles, De la Rúa dijo que la Argentina había hecho una muy buena performance aumentando las exportaciones desde su asunción. «Pero no hemos podido quebrar la recesión estructural porque en la Argentina el mercado interno representa casi 90% del producto», aportó uno de los economistas de la mesa.
Clinton remató este tramo de la conversación -el más importante del almuerzo tendido en honor del visitante en Olivos- con la receta: «La única manera de bajar la tasa para que haya inversión es matar el déficit, si no no van a poder pagar su política». Cuando asumí, contó, «Estados Unidos estaba tomando créditos en países extranjeros que eran muy caros y eso afectaba la balanza de pagos».
Adalberto Rodríguez Giavarini puso en la mesa sus temas predilectos. El más caliente, la integración con Brasil y/o los Estados Unidos. Recitó el salmo del «4 + 1», es decir la búsqueda de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos pero desde el Mercosur. A Clinton le sonó familiar el asunto. Más bien pareció extrañado de que alguien imaginase otra cosa -ése era el proyecto cuando dejó la Casa Blanca-.
Cuando le explicaron las querellas que existían con Brasil sobre este punto, Cavallo (ala Washington) y Giavarini (ala Brasilia) ocultaron sus diferencias. Clinton ofreció una gestión en su propio país. «Tengo muchas diferencias con la actual administración de Bush Jr. pero en este punto algo voy a hacer para que apuren las conversaciones. ¿Qué necesitan?»
Le pidieron que gestione en Washington un anuncio de alguna fecha para arrancar por lo menos con las negociaciones. «Eso va a ayudar tanto a la Argentina y como a Brasil», pidió Giavarini. Clinton ratificó la oferta.
El resto de la cita se fue en detalles de cómo anunciaría el gobierno por la noche el plan del déficit cero. Ahí pudieron meter un bocadillo otros asistentes al almuerzo, el ministro de Educación, Andrés Delich; el secretario de Política Exterior, Horacio Basabe; el empresario Martín Varsavsky, el secretario de Comunicaciones, Henoch Aguiar, y los asesores que llegaron con Clinton (uno de ellos un buen conocedor de la Argentina como ArturoValen zuela). Para ellos se había brindado un menú de huevos moullette con croutons, lomo a la miel con hierbas y frutas con helado.
El presidencial hijo «Aíto» se perdió esto pero vio más que todos. Esperó junto a su madre que terminase el cruce de regalos (Clinton se ganó no sólo un poncho sino también un libro con la historia del poncho) y se llevó al visitante a tomar café a San Telmo.




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