La semana del Dow Jones resultó negativa en el casi 4%; al Bovespa le fue el doble de peor: 9% para las carteras cariocas. El evolucionar Merval estuvo lejos de todo, como flotando, o habiendo hecho temporal alto en una nube -que no llega a ser «burbuja», por los términos limitados- y generando 4,5% de aumento semanal. El día y la noche, así como el viernes se veía un derrumbarse conjunto y preocupante de un indicador de Brasil con 5%, en una ebullición de ratios financieros y bursátiles que descolocan cualquier pronóstico favorable. Además, se producía 3,8 por ciento de baja del NYSE y, en Buenos Aires, rueda de mantener, pero sin sufrir mayores sustos. Los Mervales, casi neutros, levemente positivos. Con $ 12 millones para los CEDEAR y unos $ 9 millones de efectivo, en acciones. Nada.
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El dólar en plena calentura, Brasil con volcanes eruptivos, el Dow Jones que recupera un paso y retrocede dos, un contexto externo de pésimo gusto para los dependientes, los mercados satélite. Está visto que ya hemos dejado de girar en torno de los centros naturales. Subieron los BODEN y, como si las acciones resultaran el sinónimo del dólar, se afirmaron las especies locales. Un oasis de lo más extraño, en lo que es un desierto mundial de estos momentos. Y los más aventurados lo aprovechan -bien que hacen-, aunque, si se pregunta por argumentos, resultan tan etéreos y volátiles, como esa nube en que se ha instalado el Merval. Pero...
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