28 de enero 2004 - 00:00

Con Aznar a solas (por pedido de Bush)

Néstor Kirchner recibió ayer por intermedio de su secretario, Oscar Parrilli, un pedido de audiencia casi oficiosa, aunque gravitante: mañana por la noche quiere entrevistarse con él, pero a solas -es decir, sin la senadora Cristina, sin ministros ni santacruceños de confianza- el premier José María Aznar. Igual hoy habrá una primera cumbre con Aznar con más gente. ¿Por qué tanto celo para estar a solas? La cita es promovida por el propio George Bush para hablar sin testigos ni condicionamientos de la principal duda sobre la Argentina: en qué vereda del mundo quiere estar.

Madrid (especial) - Será, acaso, el gran misterio de este viaje de Néstor Kirchner a España. El lunes por la mañana, el secretario privado de José María Aznar se comunicó con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, para organizar una comida a solas entre el premier español y Kirchner. La reunión será mañana por la noche, en el Palacio de La Moncloa. En el comedor del jefe del Gobierno habrá solamente dos almas: Aznar y Kirchner. Ni Cristina, la primera dama, está invitada a ese recinto.

La noticia tuvo ya varios efectos aquí. El primero, disminuir a lo burocrático y protocolar la reunión que mantendrán hoy en el mismo palacio, a las 10, acompañados por su staff de cancilleres, ministros, secretarios de Estado y embajadores. El segundo, inspirar varias interpretaciones sobre la cita a solas que pidió Aznar, tan inusual que no hubo una parecida con Eduardo Duhalde y ni siquiera con Carlos Menem, con quien el premier tenía una extraordinaria afinidad. La hipótesis más insistente que se escuchó ayer en la cancillería española echa mano de un factor que se mencionó en este diario el lunes, pero con gran relatividad: la posibilidad de que sea George W. Bush el inspirador de la reunión, basada sobre el diálogo cotidiano que mantienen el presidente de los Estados Unidos y Aznar (se comunican por lo menos tres veces por semana). Y en un detalle: ningún miembro del gobierno argentino sabe explicar la razón última de este viaje de Kirchner a Madrid, imprevisto, apresurado. Decir que su interés fue asistira la Feria Internacional de Turismo sería lo mismo que justificar un viaje de Aznar a la Argentina en que quiso visitar la Exposición Rural. Con todo el respeto que merece Daniel Scioli.

Más allá de esta posibilidad de una intervención de Bush, que funcionarios de muy alto rango de la política exterior española dan por cierta, es un dato objetivo que la novedad más importante que se produjo para Latinoamérica en los últimos dos años fue la alianza atlántica que constituyeron Washington y Madrid, y que tuvo una expresión estridente en la guerra de Irak.

Kirchner se reunirá al cabo de 15 días con los dos socios en visitas reservadas, y esos gestos se inscriben en una secuencia de marcha hacia el centro bastante evidente:

• El Presidente suspendió el viaje que pensaba realizar a La Habana, decisión que adoptó después de pedir que el tema de las relaciones con la dictadura de Fidel Castro fuera sacado de la agenda de la reunión con Bush.

• También explicó, en la necesidad de sostener al presidente Carlos Mesa, sus coqueteos con Evo Morales, con quien señaló distancias ideológicas.

• Además, Kirchner dejó claro que no está entre sus aspiraciones constituir un eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires y que, si mantiene trato con Hugo Chávez, lo hace con la misma intención de Lula Da Silva, que es no aislar al régimen venezolano, en beneficio de la tranquilidad regional.

•Incógnita

Como Bush, también Aznar está todavía en el intento de despejar la incógnita de Kirchner. Para la visión macroscópica que se puede aplicar en Washington o en Madrid, lo que se quiere saber del presidente argentino es si le imprimirá a su gestión una lógica capitalista, mejorando el clima de los negocios, y si está dispuesto a jugar un rol independiente del de Brasil en la arquitectura regional, sobre todo, en materia de comercio. «Tanto desde Estados Unidos como desde España se nos vive insinuando que hagamos un juego propio, capaz de compensar las ínfulas brasileñas de autonomía. A nosotros nos gustaría dar respuesta, pero Kirchner no agarra viaje», explicó ayer a este diario, con mucha llaneza, un miembro de la diplomacia argentina.

Estas cuestiones estarán sobre la mesa de Aznar y Kirchner mañana, sin duda. También se hablará, seguramente, del problema más importante que tiene hoy la Argentina en materia de relaciones exteriores: la deuda pública. España no tiene una colonia de bonistas capaces de agriar una visita presidencial, como sucede en Italia o en Alemania. Pero, hay que recordarlo, es prestamista individual del país desde el blindaje que negoció José Luis Machinea con el Fondo Monetario Internacional y con financistas estatales europeos.

Hay otro dato al que Kirchner deberá prestar atención y es el de la propiedad de las empresas españolas con inversiones en la Argentina. «Visualmente somos españoles, con ejecutivos españoles que hablan nuestro idioma; pero los accionistas de las compañías que invirtieron en la Argentina, de todas ellas, son fondos de inversión americanos. Esa gente pedirá un día cuentas de por qué estamos allí y no en otro lugar, Brasil por ejemplo, donde nos tratan tan bien. O Egipto, por decir cualquier sitio.» Así se expresó ante este diario un secretario de Estado del gobierno de Aznar, mientras tentaba a ciegas imaginar el diálogo entre su jefe y Kirchner. La explicación echa nueva luz sobre el significado que tiene para los países latinoamericanos la sociedad entre Estados Unidos y España, en el terreno de la inversión y el comercio.

•Temas

La entrevista de hoy servirá de poco para desentrañar el enigmático encuentro nocturno de mañana. Desde luego, estará sobre la mesa la cuestión de las tarifas públicas y de las garantías que los inversores españoles esperan ver cumplidas en la Argentina. También se hablará de otro tema que ganó temperatura en las últimas horas, a raíz de que se arrestó a un inmigrante argentino indocumentado: el problema de la inmigración irregular. Rafael Bielsa, el canciller, anunció anoche que se creó una comisión para analizar la cuestión. Esa comisión debe expedirse en un plazo todavía indefinido pero, hasta tanto lo haga, las autoridades españolas suspenderán cualquier arresto en el caso de argentinos.

El problema de la inmigración ilegal es poliédrico. Por un lado, el gobierno de Kirchner está tentado en dejarse ganar por sentimientos de comprensión ante argentinos radicados en España durante lo peor de la crisis (una colonia que sabe superponer muy bien, para conmoción del gobierno, su situación actual con la de los exiliados de la dictadura).

Por otro lado, el mismo Kirchner admitió ayer, durante la presentación de un libro sobre el problema de la inmigración, que no puede pedir un blanqueo indiscriminado. Es decir, no quiere quedar en defensa de la ilegalidad. Finalmente, no hubo acuerdo entre las oficinas de asuntos consulares de las cancillerías acerca de un instrumento de excepción ( Credencial de Alta Seguridad) que les permita a los argentinos, si no la radicación, por lo menos la obtención de beneficios corrientes (carnet de conducir, créditos bancarios, permisos de alquiler, etc.).

El problema encuentra a Aznar y al Partido Popular en un pésimo momento: la presencia de inmigrantes es una cuestión electoral de primera magnitud en toda Europa, sobre todo cuando faltan dos meses para las elecciones, como sucede ahora en España, que tendrá comicios el próximo 14 de marzo.

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