23 de junio 2006 - 00:00

Confirma Kirchner suba de tarifas antes de noviembre

Con inversiones concentradas masivamente en un continente teñido de chavismo y evismo, España escuchó con paciencia que Néstor Kirchner estire los tiempos para ceder medidas muy demoradas, como el alza de tarifas a los servicios concesionados a firmas de ese país. Peor les va a las compañías en Bolivia o en Venezuela, donde se nacionalizan acciones sin compensación alguna. Gustó más que confirmase el Presidente en el segundo día de su visita a España que se le pagará la deuda pendiente por la ayuda dada a la Argentina con el "blindaje" de la era delarruista. Se anunciará en los próximos días y sin sumarla a las deudas del Club de París, que seguirán por ahora en default. La mejor noticia la dio Repsol YPF, que anunció inversiones por más de u$s 2.400 millones, bastante más de lo que se esperaba y que es algo importante porque esa empresa traslada proyectos de Bolivia hacia la Argentina.

Néstor Kirchner se envuelve ayer con una camiseta de la Selección nacional, durante la conferencia que brindó en Madrid junto a José Luis Rodríguez Zapatero.
Néstor Kirchner se envuelve ayer con una camiseta de la Selección nacional, durante la conferencia que brindó en Madrid junto a José Luis Rodríguez Zapatero.
Madrid - La visita oficial de Néstor Kirchner a España terminó formalmente anoche, con una comida que ofreció José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa. Antes de eso, los dos presidentes ofrecieron una conferencia de prensa conjunta, de la que se informa por separado. Pero fue un poco más temprano el momento de las definiciones: durante la reunión que mantuvieron Kirchner y Zapatero a solas, que se abrió después a la participación de sus equipos políticos. En esos dos encuentros y en el que los cancilleres Jorge Taiana y Miguel Angel Moratinos mantuvieron en el Palacio Santa Cruz se formularon las principales definiciones sobre la agenda de gobierno con la que el equipo argentino llegó a Madrid. Acaso lo más relevante, de acuerdo con las expectativas que se habían creado, sean las promesas de Kirchner a Zapatero en relación con los ajustes de tarifas que tiene pendiente la administración frente a las empresas de servicios públicos: el Presidente aseguró que «en algunas semanas o, al menos, unos meses» se cumplirá con todo lo que está pendiente. Nadie se animó a pedirle más detalles. A continuación, un balance de ese temario al finalizar la visita:   

  • Tarifas: el ajuste de tarifas de servicios públicos fue la gran incógnita del gobierno español, cada vez más presionado por las empresas locales para que se muestre un abogado eficiente de sus intereses. El encargado de formularla cuestión fue el más duro y ortodoxo de los ministros de Zapatero, el de Hacienda, Pedro Solbes. En la reunión de los dos gabinetes dijo que se había hablado de las tarifas en su reunión con Felisa Miceli. «Llegamos a la conclusión de que si se quiere crear un clima de negocios razonable, hay algunas cuestiones pendientes que deberían formalizarse rápidamente» fue el eufemismo al que recurrió el economista. Fue entonces que Kirchner dijo que «en semanas o a lo sumo algunos meses» se terminarán todos los acuerdos. Zapatero, en sus charlas con Kirchner, y su asesor Miguel Sebastián, a partir de su entrevista con Miceli, esbozaron el siguiente cronograma: el cuadro tarifario de Gas Natural BAN quedará aprobado en los próximos días (la empresa tiene ya autorizado el aumento de 15% para grandes consumidores por un decreto presidencial); Edesur será la siguiente -tal vez pasen un par de semanas- en obtener su autorización, en este caso un decreto del Presidente; en noviembre se regularizarán las cuestiones de precios en los peajes que quedaron pendientes con las concesionarias de autopistas. ¿Habrá, después de las autorizaciones, un tratamiento político del problema, es decir, una especie de acuerdo de precios negociado con Guillermo Moreno que escalone las subas, tal como se hizo con los salarios en el caso sindical? Es una posibilidad que se puede leer entre líneas en las declaraciones públicas de Kirchner, como la que produjo delante de la prensa, deliberadamente confusa.

  • Aerolíneas Argentinas: en torno del acta firmada el martes se abrió una polémica que llegó a la oficina de Miguel de Sebastián anoche. Es decir, a La Moncloa, el palacio de gobierno. Los accionistas de la compañía, Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz, denunciaron ante su gobierno que el texto que suscribió en nombre de la compañía Horacio Fargosi no es el que se había acordado, sobre todo en dos materias: momento del ingreso del Estado para controlar 5% de las acciones y poder de veto derivado de ese ingreso (ver nota en pág. 4). El caso abrió una nueva polémica entre Julio De Vido y el secretario de Transportes Ricardo Jaime, por la responsabilidad en el conflicto. El ministro tendrá hoy una reunión, aquí, con los directivos de Aerolíneas para volver los papeles al punto anterior de entendimiento. Deberá convalidar toda la operación Felisa Miceli, quien también suscribió el acta ahora impugnada. Tal vez no sea del todo edificante que el Presidente elogie la « transgresión» y la «heterodoxia»: puede ser malinterpretado por sus funcionarios.

  • Deuda con España: Kirchner dedicó varias explicaciones ayer a esta negociación. Lo hizo al salir del Ayuntamiento de Madrid, donde lo condecoraron como ciudadano ilustre, tomando un café con su delegación en la terraza del Hotel Palace. En público, anunció para los próximos meses una definición de Miceli y Solbes. En las conversaciones con el ministro español, con Sebastián y con el mismo Zapatero se convino en acordar una forma de pago para dentro de 2 o 3 años. El problema que debe superarse es que el Club de París admita un tratamiento preferencial para España. El gobierno socialista sostiene que los 836 millones de dólares en discusión no fueron un préstamo en sentido estricto sino la contribución, a pedido del FMI, a un fondo contingente por una iliquidez transitoria (se lo llamó «blindaje»). Fue Roberto Lavagna quien derivó ese pasivo al Club de París como si se tratara de una deuda más. Ahora habrá que vencer las impugnaciones de Alemania, Italia o Japón para que España tenga un programa particular. En las reuniones que se mantuvieron ayer aquí se quedó en que Solbes hará una propuesta concreta a Miceli y que ella la contestará después de estudiarla. En este marco, seguramente, aparecerán sugerencias de quitas o de canjes, como el que pretende Daniel Filmus, de «educación por deuda».
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