La vacunación antiaftosa por zonas de riesgo, la restricción de traslado según regiones, la identificación de animales y medidas de precaución en la frontera forman parte del plan sanitario que la Argentina comenzó a presentar ayer en Uruguay y continuará exponiendo hoy en Brasil.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El periplo sanitario que incluyó una reunión entre Víctor Machinea, presidente del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (SENASA), con el ministro de Agricultura de Uruguay, Gonzalo González, y con J. Barozzi, titular de la Dirección de Sanidad Animal de Uruguay continuará por Paraguay con el fin de transparentar la situación sanitaria e impedir que alguno de los países vecinos cierre su frontera a la carne.
El mismo objetivo tendrá la exposición que Eduardo Greco, vicepresidente del SENASA, hará frente a funcionarios de los Estados Unidos y Canadá, países integrantes del NAFTA que emiten señales fuertes sobre los mercados demandantes de carne, los mismos que la Argentina quiere proteger ya que la demanda de Europa (históricamente la preferida de los exportadores de carne por la cuota de 28 mil toneladas que cede anualmente) se encuentra jaqueada por el mal de la «vaca loca» (BSE).
El blanqueo de este esquema de prevención, que incluye la «tan temida» vacunación antiaftosa tal lo anticipado ayer por Ambito Financiero, forma parte de un leve viraje del posicionamiento oficial frente a la reaparición de la fiebre aftosa en Sudamérica, que se extendió por Paraguay, Brasil y Uruguay con brotes admitidos y controlados a fines del año pasado.
Sin embargo, el gobierno argentino a través de la Secretaría de Agricultura y del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria no admite la existencia de focos de aftosa pese a las denuncias permanentes de productores y administradores de campos ganaderos. La historia oficial dice que no hay aftosa en la Argentina y allí mueren las palabras de los productores. Esta versión del gobierno, presuntamente consentida por los mercados de América del Norte que atraviesan una coyuntura de precios internos altos y que necesitan del producto argentino para seguir colocando bifes en plazas de alto valor, se basa en la necesidad de seguir manteniendo «abiertos» los mercados conseguidos tras la declaración de la Argentina como país libre de aftosa.
Mientras se siguen conociendo innumerables casos de hombres de campo que salen al cruce con denuncias de brotes y en algunos casos, de vacunacióndesde los organismos oficiales se trata de «matar al mensajero» con acusaciones de intereses nefastos que poco tienen que ver con una noticia que es lamentada por las pérdidas que podría generar al país (se calculan alrededor de u$s 150 millones sobre ventas totales de u$s 600 millones de carne a diversos mercados). «Los que hablan de aftosa pueden hacernos perder los mercados de los Estados Unidos y Canadá. Volver a la situación del '92 implicaría volver a las vacunas a un peso o más, y al kilo de novillo a 0,65 centavos y no a 0,90 como ahora», decía el titular de Agricultura, Antonio Berhongaray, quien reiteradamente salió a desmentir ayer la existencia de la enfermedad en el país.
Golpe mortal
Desde el lado de los frigoríficos se admite que el eventual cierre de los mercados de los EE.UU. y Canadá «sería un golpe mortal para la industria de la carne» aunque se reconoce también que «la situación sanitaria exige algún costo político que alguien deberá pagar. Por ahora, el tema sólo les cuesta a los productores, ya que pierden rendimiento en sus rodeos».
Con este marco, la Argentina saldrá a frenar el temor de los países compradores de carne con plan epidemiológico delineado en base al nivel de riesgo y una estructura de control de acuerdo con la regionalización ya definida, la misma que despierta resquemores en algunos industriales, ya que perjudicaría algunas empresas, por caso en el norte de Santa Fe, o bien generaría desigualdades en la compraventa, con algunas provincias acotadas en el comercio. Desde otro sector, en tanto, se admite que las medidas tomadas son el «mal menor» ya que, en algún momento de este año, se llegó a analizar hasta la matanza de animales («rifle sanitario») de todas las zonas conflictivas, hecho finalmente descartado.