Los diputados de la Comisión de Presupuesto comenzaron ayer a analizar la posibilidad de modificar el proyecto de Presupuesto 2004 para limitar las facultades que se otorgan al jefe de Gabinete dentro de esa norma y que eliminan cualquier control parlamentario sobre el límite del gasto en 2004, la asignación de partidas o incluso la emisión de deuda. Esa disposición se incluyó en el artículo 13 del Presupuesto 2004, tal como informó ayer Ambito Financiero, donde se exime al Ejecutivo de los límites que impone el artículo 37 de la Ley de Administración Financiera del Estado.
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Los poderes especiales que allí se otorgan, en una redacción simple de tres líneas, son superiores a los que tuvieron otros gobiernos, incluidos el de Carlos Menem y el Fernando de la Rúa, que nunca consiguieron,aunque lo solicitaron,liberarse del control del Congreso para convertir la Ley de Presupuesto en una norma vacía totalmente modificable por el Poder Ejecutivo.
Roberto Lavagna apareció ayer disgustado con la información de este diario, no por desconocer la veracidad de la noticia. Por el contrario, el ministro explicó que los poderes especiales se le estaban otorgando al jefe de Gabinete, tirándole así la pelota a Alberto Fernández.
Es claramente cierto que el jefe de Gabinete es el jefe de la administración pública y, desde la creación del cargo en la reforma constitucional de 1994, es el encargado de la ejecución del presupuesto nacional. Por lo tanto, las facultades delegadas del Congreso al Ejecutivo recaen en ese cargo. Pero sería una inocencia suponer que el jefe de Gabinete dispone, sin intervención de Economía, cómo se administran las partidas de gasto, el manejo de los fondos fiduciarios o las pautas para el manejo de la recaudación, sin hablar de la política tributaria. Tan irrisorio como pensar que las múltiples emisiones de deuda por decreto que hizo el Ejecutivo por poder delegado del Congreso en el gobierno de Eduardo Duhalde salieron de la pluma de Jorge Capitanich y Alfredo Atanasof como sus jefes de Gabinete, y no de Jorge Remes Lenicov y luego Lavagna desde Economía.
Además, la historia indica todo lo contrario. Los ya famosos superpoderes de Domingo Cavallo, derogados por el peronismo antes incluso de la caída de De la Rúa, le fueron otorgados en ley a Chrystian-Colombo, pero el uso recayó en el superministro. Lo mismo sucedió con el Cavallo de la era Carlos Menem.
Ayer, el presidente de la Comisión de Presupuesto, Carlos Snopek, explicó que «hay una corriente mayoritaria para introducir cambios en ese artículo, referido a las facultades del jefe de Gabinete para preservar la inversión y que esos recursos no vayan al gasto burocrático y la división de poderes», una de las mayores preocupaciones del Congreso.
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