Por el momento, la intención del gobierno de Cristina de Kirchner es que la Argentina seguirá relativamente aislada de la escalada en el precio internacional del petróleo.
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Se podrán notar aumentos en productos petroquímicos y no dejará de sentirse el efecto de una alta inflación a nivel mundial, si esto último ocurre.
También se acentuarán la pérdida y el subsidio estatal por adquirir gasoil o fuel importados para reemplazar el gas natural en las centrales termoeléctricas y para cubrir la alta demanda interna del primer combustible.
Pero los precios de las naftas y el gasoil en las estaciones de servicio seguirán ajustándose por otro carril, dada la fuerte diferencia existente entre los valores del mercado local y los vigentes en el internacional.
Aumentos seguirá habiendo, pero siempre con el límite que imponen las retenciones a la exportación. Por este impuesto, el precio del petróleo en el mercado local está fijado oficialmente en 42 dólares. Hay una negociación abierta entre productoras de petróleo y refinadoras sobre si ese valor es un piso o un techo.
Controversia
Las primeras quieren que sea un piso y cobrar más cuanta más calidad tiene el petróleo, y las segundas quieren lo contrario.
Shell usa petróleo más liviano de más calidad y quiere que 42 dólares sea el techo. Esso, en cambio, está preparada para refinar crudos más pesados y pretende pagar menos de 42 dólares. En ambos casos, chocan con los intereses de las productoras, como Pan American Energy o Chevron.
Pero el precio del crudo que se discute oscila en una franja de 37 a 47 dólares, muy lejos del valor internacional, por lo cual una vez cerrados los contratos de suministro, y mientras rigen las actuales retenciones, el ajuste de precios de los combustibles sería para recuperar márgenes de la refinación. El traslado de los precios internacionales al público en algún momento se producirá, pero no en lo inmediato.
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