Felisa Miceli pareció complicar más su situación el fin de semana a través de declaraciones a tres medios, a los que tuvo que aclarar el escándalo sobre el hallazgo de la «bolsa de dinero» en su despacho. Es total la contradicción entre esas explicaciones y las que dieron voceros en las casi dos semanas de silencio de la ministra. Antes los fondos eran propios y declarados, despuésprestados por su hermano; antes para comprar un departamento para un hijo, después, una casa que ni siquiera estaba elegida. Jorge Lanata ayer en «Perfil» relató cómo custodios de Miceli presionaron a bomberos para conseguir la devolución del acta labrada en ese procedimiento y aporta datos también sobre el hermano que prestó los fondos. Dice lo siguiente:
Finalmente (Felisa Miceli) habló. Y fue peor: el viernes, el presidente K y Alberto F. decidieron darle permiso «para salir a aclarar lo que fuera necesario».
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Ella cree que la están bancando. Y, en realidad, la están tirando debajo del camión. Dejan que hable y ven qué pasa. Si nadie le cree, Felisa tiene las horas contadas, confió a «Perfil» un miembro del gabinete.
Tal como Alberto y K intuyeron, Felisa habló de más y no pudo convencer a nadie: las afirmaciones del sábado fueron contradictorias con su propio comunicado y sus voceros oficiosos.
Dice Felisa ahora: «La plata era casi toda de mi hermano y un poquito mía».
Había dicho Felisa en su propio comunicado: «El dinero fue declarado por la ministra en su declaración de Ganancias». Pero si el dinero era del hermano, no podría haberlo declarado ella en su descargo ante la AFIP.
Dice Felisa ahora: «El dinero lo traje yo ( refiriéndose a la bolsa). El lunes 4 lo traje para llevarlo al Banco Nación, donde tengo una cuenta para depositar la plata en efectivo y, con el resto, abrir una caja de seguridad para tenerlo con rápida disponibilidad. Pero según el acta firmada en el ministerio al descubrir el dinero, los cien mil pesos estaban en un solo fajo sellado con una banda de papel que señalaba («Lote 38.057 Bco.30». «Bco.30» equivale en el lenguaje bancario al Banco Central. El BCRA sólo reparte dinero a bancos y entidades financieras, nadie puede tener una cuenta personal en el Central.
Cada lote se envía a un banco que, según el BCRA, puede reenviarlo -sin abrir el fajo sellado- a otra entidad. Pero, según confirmaron tres banqueros del mercado local, jamás se redistribuye el dinero a sus clientes sin antes haber abierto el fajo y revisado la cantidad. Ya era extraño que la ministra de Economía tuviera un fajo sellado y cerrado con la denominación del Central, pero desde ayer todo empeoró: ¿qué hacía su hermano con ese fajo? ¿Cómo y cuándo lo obtuvo? El martes próximo, por pedido de la Justicia, el Central deberá responder a qué banco fue enviado ese lote. Después, será sencillo saber quién lo retiró.
¿Podrá averiguarse alguna vez si la plata de la bolsa eran 241.000 dólares o 60.000? La Justicia cuenta con una pista: superado el pánico inicial, los bomberos se comunicaron por radio con sus superiores para notificarlos del hallazgo. Es posible que en ese diálogo hayan mencionado el total del efectivo a través del canal del Comando Radioeléctrico. Todas esas comunicaciones se graban.
Apenas comenzó a estacionarsu automóvil en la veredadel Ministerio de Economía,el fiscal federal Marijuán notó que tres policías de civil se acercaban al coche, sin ningún disimulo. De pronto, de la nada, una señora mayor cruzó entre medio del grupo a paso apresurado, se detuvo a mitad de la vereda y con un brazo en alto gritó: «¡Devolvé la bolsa, hija de p...!»
Todos supieron entonces que los próximos minutos iban a ser complicados. El fiscal llegó al quinto piso acompañado de sus tres secretarios, un oficial de Planimetría de la Policía Federal, otro de Fotografía y uno más de Computación.
Mariela Pía Santarelli Goñi, una de las secretarias de Felisa, saludó a Marijuán y le propuso un encuentro reservado. -Señor fiscal, la ministra lo quiere ver - le dijo, cordial. -Usted me va a disculpar, pero tengo que entrar con los testigos. No puedo ir a saludar solo.
El encuentro fue breve y luego comenzó la inspección ocular que terminó en allanamiento, ya que la Justicia secuestró las impresiones de dos agendas de la ministra. El resultado del allanamiento fue por demás interesante:
En ninguna de las agendas secuestradas aparecen datos relativos a inmobiliarias ni citas para ver propiedades.
Hay -contrariamente a lo señalado por Miceli al principio- una caja de seguridad a la que las secretarias tienen acceso. Resulta inexplicable que la ministra Miceli considerara más seguro el armario del baño con una llave en el botiquín. La caja en cuestión se encuentra en el despacho.
Horacio Rafael Miceli es lo que se llama una persona diversificada: es contador, productor de espectáculos de tango, dueño de un laboratorio y de una empresa aérea. ¿Le servirá todo esto para explicar cómo le entregó a su hermana un fajo con $ 100.000 termosellado y procedente del Banco Central, es decir el «lote 38.057 Bco. 30»?
Horacio Miceli maneja la empresa Empresas, Medios y Publicidad, que no registra actividad alguna, y la empresa Somos Tango junto con su socio Jorge Waisburd, declarado irrecuperable por el Banco Supervielle. Somos Tango, casualmente, ha sido declarado de interés cultural de la Nación por la Secretaría del área a cargo de José Nun y produce un programa diario por la FM «La Isla» y uno semanal por la estatal «Radio Provincia».
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