12 de enero 2004 - 00:00

Costantini: "Sentí que me estallaban todos los huesos"

Eduardo Costantini
Eduardo Costantini
"Sentí un ruido a huesos rotos tal que pensé que se me habían quebrado, estallado, todos los huesos del cuerpo. Por suerte estoy bastante mejor y, milagrosamente, no me quedarán secuelas neurológicas del accidente. Pero pudo haberme pasado lo peor."

Eduardo Costantini
, por primera vez desde que se estrellara practicando «kite surf» (deporte que consiste en engancharse a una tabla de surf impulsada por una especie de barrilete gigante amarrado a la cintura del deportista), relata el trance por el que atravesó en aquel momento (el 11 de noviembre del año pasado) y todos los días que lo siguieron hasta hoy. Lo hace en una conversación con Ambito Financiero, en la que se lo nota de excelente ánimo, al día en lo que se refiere a temas financieros, lleno de proyectos para el futuro inmediato y -sobre todo- confiado en que (rehabilitación y tiempo mediante) el gravísimo percance será sólo un pésimo recuerdo. «Me están cortando el pelo y estoy con unos amigos acá en Nordelta, mirando el lago y conversando con ellos.» El mismo lago, está de más aclararlo, en el que casi pierde la vida hace exactamente dos meses.

Periodista:
¿Cómo está?

Eduardo Costantini: Muy bien, teniendo en cuenta lo que fue el accidente... La verdad es que tuve una suerte bárbara, porque no me quedarán secuelas neurológicas.

Periodista:
¿Se acuerda cómo fue?

Eduardo Costantini: Perfectamente. Fue el 11 de noviembre pasado. Estaba navegando en el kite...


P.:
...cosa que todo el mundo le critica porque ese día había un viento espantoso. ¿Qué tan riesgoso es ese deporte y qué tan riesgoso era practicarlo en esas condiciones?

E.C.: El kite surf produce una situación de riesgo cuando hay vientos arrachados; cuando las ráfagas suben fuerte pueden tirarte 200 metros a la derecha o la izquierda en un segundo.Y eso fue lo que me sucedió.


P.:
¿Qué pasó entonces?

E.C.: Vino una ráfaga muy fuerte, que me tiró hacia una pared de roca a unos 40/50 metros. Yo la vi, pero me di cuenta de que no iba a poder hacer nada por evitar el choque...


P.:
¿Y qué hizo?

E.C.: Atiné a levantar los pies y ponerlos por delante para no pegarme la cabeza contra las rocas. La situación no tenía solución. Y así fue: choqué contra la pared de rocas con los pies por delante.

P.: ¿Se acuerda qué pasó después?

E.C.: Perfectamente; sentí un ruido a huesos rotos tal que pensé que se me habían quebrado, estallado, todos los huesos del cuerpo. Sobre todo que me había quebrado la columna y pensé: «Me la pegué...». Caí sobre el piso, y gracias a Dios, las rocas habían cortado dos de los hilos del kite, por lo que no siguió tirando y no me arrastró. Así, pude sacarme el arnés; podía mover los pies y las manos, lo que me alentó mucho. Traté de acomodarme sobre la tabla como si fuera una camilla, pero era muy chica.Ahí vinieron el casero de mi casa y unos amigos con los que estaba, y trajeron una reposera que -como era más grande que la tabla- sí sirvió para inmovilizarme. Le recuerdo que tanto la pared como el lugar donde caí son parte de mi propia casa...


P.:
¿Todo el tiempo estaba consciente? ¿Sentía dolores o el shock lo mantenía semianestesiado?

E.C.: Todo el tiempo estuve consciente y, efectivamente, al principio no sentí ningún dolor. Ahí les pedí a mis amigos que lo llamaran a
(el doctor Jorge) Aufiero (CEO de Medicus) y que me llevaran al sanatorio Otamendi. Ahí sí, me pusieron en coma medicamentoso y me conectaron a un respirador artificial. No podía respirar casi, porque me había perforado un pulmón, y estuve nueve días «enchufado» a esa máquina, lo que fue muy doloroso y desagradable. Y tres semanas internado en total. Pero el «bottom line» (balance) era que había salvado la vida, y no tendría secuelas graves.

P.:
¿Cómo sigue su recuperación ahora?

E.C.: Lo que quedaron son temas óseos; tienen que cerrar las fracturas de pelvis, vértebras y tobillo. Pero ya estoy haciendo ejercicios de recuperación en la pileta, que es la forma moderna que se aplica ahora, para que cuando el hueso esté bien las articulaciones y los músculos también estén preparados para volver a funcionar junto con el hueso.


P.:
Se dice que el mayor de los problemas está en su tobillo...

E.C.: No es así, el tobillo está bien. El problema es que me destruí la planta del pie, y recién la semana próxima volveré a apoyarla, ayudándome con muletas.


P.:
Supongo que su condición atlética (Costantini suele dedicarle tres o cuatro horas diarias al deporte) ayudó a su recuperación. ¿Qué otra ayuda encontró, y qué cambió en usted el accidente?

E.C.: Desde ya que estar en forma hizo todo un poco más fácil. ¿Qué me cambió? Y... supongo que estas cosas lo acercan a uno mucho más a lo divino, a lo metafísico. Cuando uno piensa que puede morir o quedar paralítico... Dios o alguien quiso otra cosa, en mi caso, y lo agradezco.


P.:
¿Redescubrió su religiosidad a partir del accidente?

E.C.: No; yo ya era religioso, pero una cosa es saber que estas cosas pasan o pueden pasar, y otra muy distinta es atravesarlas uno mismo. Es el día y la noche, y ahí te das cuenta de que estás en manos de Dios... Pero no me planteo cambiar de vida; yo ya venía haciendo tareas sociales con la Fundación Nordelta, estoy involucrado en el arte con el MALBA... Tampoco me cambia el tiempo que le dedico a mi trabajo o a mi familia. Pero sin dudas me pone más cerca de Dios.


P.:
¿Cuándo se lo vuelve a ver en acción?

E.C.:
(se ríe, como en muchos pasajes de la charla) ¡Cómo cuando vuelvo! ¡Hoy ya tengo cuatro reuniones! La actividad es sana, me hace bien. De todos modos, espero hacer apariciones públicas en marzo, por ejemplo, cuando se inaugure en el MALBA una muestra de los surrealistas latinoamericanos. Pero tampoco descuido los negocios: nos está yendo muy bien en Nordelta, el edificio Grand Bourg se vendió casi todo y atiendo los mercados mundiales con mi gente de Consultatio. Como ve, nunca me fui del todo...

Entrevista de Sergio Dattilo

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