Crisis argentina pone en cuestión el modelo español
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•Hundimiento
La consecuencia de esta intensa política compradora e inversora es que, en la actualidad, para muchos de los principales valores del Ibex, aproximadamente la mitad del resultado de explotación procede de Latinoamérica; más aún, en algunos de ellos lo mismo se puede decir de prácticamente todo su crecimiento reciente.
Curiosamente, el mercado no parece muy consciente de ello: si en Hispanoamérica los negocios se valoran por ejemplo a PER (relación entre el precio y el beneficio de una acción) muy próximo a 10 o incluso inferior, frente a 18 para Europa, parece lógico que una empresa cotizada en España cuyo resultado esté repartido a medias entre ambas regiones no debería tener un PER superior a 14, pero la media de la Bolsa española -léase de los grandes valores-está claramente por encima de dicha cifra, lo cual indica que a las cotizaciones aún les queda camino por recorrer en su digestión de la valoración adecuada del negocio latinoamericano.
Todo esto no sería preocupante si no fuese porque es el mismo modelo de crecimiento de las grandes empresas españolas, muy centrado hasta la fecha (aparte de la reducción interna de costos) en la expansión en Latinoamérica, lo que puede parecer cuestionable. Si a medio plazo varios países de la zona son candidatos a sufrir una crisis como la de la Argentina, la solidez y el valor de los beneficios que proceden de la región son bajos, y un plan de crecimiento basado en ella es poco atractivo, salvo que se compre a precio de ganga, cosa factible en algunos casos pero difícilmente alcanzable para la generalidad de las operaciones.
•Tecnología
El porqué de este tipo de crecimiento estriba en que las grandes del Ibex no son empresas como Intel o Novartis, con una tecnología propia que se pueda exportar, sino entidades que explotan redes locales (de oficinas bancarias, clientes de telefonía y electricidad, etcétera) y que pueden hacer lo mismo en redes compradas en otros países, eventualmente ampliándolas e introduciendo mejoras productivas en ellas; pero esta receta no es claramente novedosa u original, y la han copiado otros competidores, a menudo selectivamente, quedándose con las regiones más estables (Europa o EE.UU.), y por eso las grandes del Ibex no se han implantado prácticamente en ninguna zona salvo Latinoamérica.
Estas no son buenas noticias para la Bolsa, que valora, además de las expectativas de crecimiento «bruto», la calidad de éste y el modelo de negocio. Las entidades cotizadas en EE.UU., conscientes de ello, ralentizaron hace una década su inversión en Latinoamérica, y se dedicaron a crear valor por otras vías. En este sentido, a veces puede ser más aconsejable una buena política de remuneración al accionista (la cual obviamente es algo más que el pago de un dividendo) que un elevado crecimiento que a veces sólo se puede conseguir a costa de la calidad y estabilidad del beneficio.




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