8 de mayo 2008 - 00:00

Cristina se calla; Kirchner endurece

Cristina de Kirchner emuló ayer los malos días presidenciales de su marido. Como Néstor Kirchner se escudaba en el silencio cuando lo abrumaban asuntos espinosos, la Presidente evitó anoche toda referencia a la decisión de las entidades rurales de retomar el paro.

Poco más de una hora después de que los dirigentes del campo anunciaran que retomarán el paro por una semana, la mandataria encabezó un acto en la Casa Rosada para presentar un plan de viviendas. No dijo una palabra sobre el fracaso del diálogo con los chacareros.

El mutismo oficial lo rompió, desde Pilar ante economistas (ver nota en pág. 7), el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. El ministro calificó de «intemperante» la determinación de los dirigentes agropecuarios y, confesional, se quejó: «Siento que he pecado de estúpido por confiar en ellos».

«Es imposible dialogar con alguien que amenaza todo el tiempo con romper todo», sostuvo Fernández y especuló, tarde y mal: « Estoy seguro que si seguíamos negociando íbamos a llegar a un acuerdo».

  • Escarapelas

  • Dedicó, además, un párrafoa la convocatoria de los ruralistas para portar escarapelas durante el día de hoy. «No tiene ningún sentido ponerse la escarapela en el pecho si después se realiza un 'lockout'. Eso no es de un patriota», afirmó, no sin ironía, el ministro.

    No se privó, tampoco, de cuestionar a los productores a los que acusó de no hacerse «responsables de nada», en referencia a que se «les murió una persona en el piquete» y, durante el paro de 21 días. «dejaron a la Argentina sin abastecimiento durante dos semanas».

    En la furia de su contraataque, Fernández arrimó un dato encriptado referido a la escalada inflacionaria que el gobierno se niega a reconocer. «En esos días -se resignó- los precios subieron entre 13 y 16 por ciento. Seis semanas después no podemos volver a los precios de origen».

    En tanto, escoltada por tres gobernadores -el salteño Juan Manuel Urtubey, el tucumano José Alperovich y el santiagueño Gerardo Zamoraapenas deslizó una referencia elíptica cuando convocó a «seguir trabajando». Lo demás, promesas cementeras para el noroeste.

    A la misma hora, en Entre Ríos, Alfredo de Angeli, comandó una asamblea de productores sobre la Ruta 14 que redobló la apuesta: autoimpuso que el paro de ocho días incluiría la detención de los camiones que transporten cereal destinado a la exportación.

    Más tarde, en su despacho, la Presidente se reunió con Daniel Scioli para rubricar la cesión de un crédito del Banco Mundial al gobierno bonaerense.

  • Dureza

    Por la tarde, junto a Kirchner y Fernández, la Presidente se recluyó en Olivos a esperar las palabras de los hombres del campo. Estaba advertida de la medida pero quiso conocer el formato último, y la duración, de la protesta; y el tono del anuncio.

    Antes había descarrilado el diálogo en la Secretaría de Agricultura entre Javier de Urquiza y la cúpula rural que llegó a la cita con la exclusiva expectativa de que en la agenda de diálogo se incluya, expresamente, la voluntad de discutir sobre el esquema de retenciones.

    Al finalizar ese encuentro, Eduardo Buzzi anticipó que se estaba a un paso de retomar la protesta. En paralelo, en Olivos, los Kirchner y Fernández discutieron la hoja de ruta para los próximos días. Primó la postura del ex presidente de no hacer concesiones.

  • Beligerancia

    Las quejas contra el regreso del paro que Fernández voceó por radio no transmitieron, sin embargo, la beligerancia que expresa Kirchner. El ex presidente plantea la disputa con el campo como una cruzada y, desde ese lugar, invita a clausurar todas las negociaciones.

    Hasta anoche la determinación de la Casa Rosada era no volver a retomar el diálogo con las entidades rurales hasta que levanten el paro o se cumpla el período de ocho días de paro. Ese día sería el 15 de mayo, un día después del acto peronista de Almagro, en donde el ex presidente hablará con dureza a la gente del campo. Fernández insistía, anoche, en no bajar la persiana.

    Desde el primer piso de la Casa Rosada, sin embargo, niegan relevos en el elenco oficial. En plena guerra, dicen los estrategas bélicos, no se cambia de general.
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