23 de enero 2003 - 00:00

Cupones bursártiles

¿Quién podía «descontar» que arribaría el tiempo de preguntarse si es posible que nuestras acciones bajen en pesos y suban en dólares? Se nos dirá que no es todavía materia seriamente mensurable como para convertirlo en rasgo estadístico habitual, pero tal como se presenta el escenario y el inmediato pasado, más el porvenir seguido, lo que solamente hubiera sonado a utopía de mentes febriles -hasta un tiempo atrás- ya se ha hecho presente de manera reiterada. Recordar que diciembre pareció un mes bastante opaco, con una suba Merval sumamente discreta pero que, al pasarlo a dólares, se ganaban unos cuantos puntos porcentuales en el beneficio obtenido y, especialmente, en la imagen. Enero no hizo más que acentuar esto en algunas ruedas, la del lunes pasado -para tomar ejemplo cercano- fue un día donde Wall Street estuvo en feriado, en el mercado local y a los tumbos de un volumen habitualmente pobre en esos días, se pudo con esfuerzo conseguir que el índice clásico dejara, solamente, 0,25 por ciento de baja.

Pero... resultó un día sumamente flojo para la cotización del dólar contra el peso, la divisa perdiendo algo así como dos por ciento, y pasando el resultado muy magro a una ganancia diaria de 1,7 por ciento.

Esto termina por enmadejar toda posibilidad de análisis, tira al diablo a unas cuantas proyecciones, y plantea el asunto sobre si será norma que se pueda bajar en pesos y subir en dólares. ¿Qué sensación dejaría una semana donde los precios se depreciaran en nuestra moneda y al pasarlo a la otra dieran saldo positivo? Negar la idea de flojedad en los papeles sería bastante difícil, porque el común de los operadores juzga por el más, o el menos, que le queda en los paneles. El ejercicio de la conversión es sencillo, pero la sensación es distinta. Y los medios difundirían el resultado de una «baja», aunque la misma no haya sido tal a efectos reales.

También se nos dirá: «Bueno, pero las autoridades están dispuestas a defender el dólar...» Les diremos, en este «gobierno de confusión», el propio Lavagna salió días atrás a profetizar que el dólar «seguirá bajando» (?).


Lo otro es cierto, todos oímos y leímos que -inclusive por presiones del Fondo- tenían que sostener el dólar. Pero las declaraciones y realidad posteriores fueron muy distintas. También, ante la persistencia de flojera en la moneda fuerte habría que variar peoyecciones sobre las exportadoras. Y, de paso, hacerse a la idea de una línea de competencia con Brasil cada vez más diluida. Por otra parte, podría tener el efecto benéfico de no continuar ampliando el «precio/utilidad» subiendo en pesos, dando alguna chance a que los balances achiquen los números -al menos, en varios casos donde pueden venir bien-, pero lo singular, registrable, es este fenómeno de un Merval que cerró 2002 en «155», en dólares, pero que ya roza el «200», si supera los «600» en pesos. ¿Qué tal?

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