El análisis realizado por la Fundación Capital, sobre el stock de ON delsector privado y el cronograma de vencimiento que hay entre hoy y el 2001: escomo para poner los pelos de punta. Como compitiendo, en una fatal carrera, conlas necesidades del sector público y la cruz de los pagos por la deuda externa,ese informe -si no lo leyó, busque el diario del lunes pasado-puntualiza que ensolamente sesenta días siguientes, las empresas privadas deberán cancelardeudas por un total de 1.800 millones de dólares. Y que a lo largo del año queviene, precisarían una financiación de más de 9.000 millones de dólares. Es unnúmero que abre tantas incertidumbres como sean posibles e hipótesis, las quequiera. Dentro de una economía parada, donde las expectativas de crecimientoson casi nulas, un bombardeo de urgencias y con el agravante de no estar paranada lubricado el panorama del crédito internacional para nuestro medio. Es unanoticia de gran peso, que debe integrar todo análisis y después ir a lopormenorizado. Sabe el lector que casi todas las cotizantes en Bolsa tienen susON emitidas, e integran la nómina de las monstruosas cifras que vimos. Unaestrategia que funcionó a la par de un país que venía sobre ruedas en laprimera parte de la década pasada y donde muchos produjeron expansiones conapalancamientos y esa facilidad para emitir papeles y que los bancos sepelearan para tomarlos.
Un mecanismo que permitió todo tipo de lujos, hasta de empresas quejamás habían imaginado ver tantos millones de dólares juntos: y los conseguíancon facilidad. Pero, cuando todo comenzó a endurecerse, el jueguito de emitiruna ON también se fue haciendo más difícil. En meses pasados se han visto rodara varias, porque al terminarse el permanente apalancarse naufragaron tapadaspor obligaciones y por intereses.
Será un escenario salvaje el del próximo año, con el Estado y losprivados puestos en el mismo callejón, debiendo buscar financiamiento que estánen parecida intensidad. Estos son números reales, no hay aquí especulacionespolíticas o juego de palabras, habrá que poner cantidades enormes de dólares -opoder refinanciarlos-y en esto el Estado llevará su ventaja del riesgosoberano, mientras las empresas deberán hacer valer cada una su prestigio, surubro, su porvenir, su chapa, para poder lograr que les crea y les brindennuevas facilidades. Ese lunes, mientras éste análisis salía publicado, elmercado se tomaba una aspirina tras la fiesta de 10% de suba en dos días,tratando de sopesar otros aspectos para convencerse a sí misma de que estábarata la plaza. Nada parece encajar demasiado en estos tiempos, con giros ycontragiros que no se pueden entender más que bajo los términos del azar. Loque es racional, sigue sin ayudar para pensar en situaciones que se quierenidealizar.



