21 de febrero 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Dentro de lo carnavalesco en que se convierten muchas de las situaciones del entorno local, dicho esto por lo político y económico, sus protagonistas, el grado de mediocridad que se advierte en acusados y acusadores, nos alejamos volando hasta Madrid: allí dio una conferencia un señor Anthony Atkinson (huele bien, dirá el chistoso de turno), que es director del Nuffield College, de Oxford. Se refiere, en una nota de «El País», a una cuestión que está de moda en el mundo, y en el esnobismo de nuestro medio (que pide blindajes, pero se desvive por ver cotizar tecnológicas de segunda): se trata de la llamada «nueva economía» y ya desde el título utilizado, una frase de apreciación de este señor, se infiere bastante. Dice: «La nueva economía se ha exagerado...». Apuntala su afirmación, agregando, «se ha hablado demasiado de ella. Dicho esto, la economía estadounidense está ahora mucho más sometida a la influencia de los mercados de valores. Por tanto, puede que esté especialmente sensible ante los cambios que se dan en las empresas tecnológicas del mercado». Este concepto es como para producir temblores, ese proceso de que las economías dependan de los mercados de valores parece como una bomba de tiempo. O, por lo menos, nos parece. Cuando más adelante le preguntan sobre desigualdad en la distribución de la renta y en qué contribuyen las nuevas tecnologías, contesta: «Depende de lo que hagamos con ellas. Por ejemplo, Internet permite a las personas invertir más fácilmente en los mercados de valores. Pero, aquí se plantea otro interrogante, ¿hasta qué punto las pensiones de estos inversores pueden depender de los altibajos en el mercado?

A la pregunta sobre si la Bolsa es uno de los lugares de más riesgo actualmente, dice Atkinson: «El rendimiento ha sido altísimo en los últimos años, ¿por qué dar por supuesto que seguirán así las cosas?». Y, más profundo, se lo interroga sobre si la globalización relega a los gobiernos. Su opinión es directa: «La política sigue siendo importante a pesar de la globalización. No se puede dejar todo al mercado. Sigue habiendo asuntos que requieren decisiones políticas» (favor de tomar nota, funcionarios nativos). Esto que apunta el entrevistado es bastante de lo que se está viendo por estos tiempos: donde, en el caso más cercano, se debió asistir al aparente absurdo de ver al Señor Mercado desilusionado y reaccionando negativamente: porque el titular de la Fed anunció que no habría recesión y, por lo tanto, pasó de largo la baja de tasas. Es posible que ese mismo mercado fabrique presiones sobre los valores, una manera de tratar de torcerle el brazo al funcionario que deparó lo que sería una buena noticia para la gente y para el mundo, pero que no era la aguardada. Se quería recesión a gritos, no por ella en sí misma, sino para lograr costo del dinero en baja continuada. Esa dependencia hablada, entre economía y mercados, se verá puesta a pleno en estos meses, como pinta la mano...

Financiero,

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