No es ninguna seguridad aquello que produzca el «Señor Mercado» en su primera rueda, después de un acontecer como el recambio del ministro de Economía.
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Quede esto como advertencia al lector novicio en lides bursátiles, a quien le hacen creer mediante todo tipo de bombardeo intelectual aquello de que «el mercado nunca se equivoca». Y posiblemente esto se hace carne de tal modo que los gobiernos se desesperan por ese «Día D», del desembarco de un nuevo ministro y el eco favorable que esto posea en el «Señor Mercado». Cuestiones mediáticas modernas lo han profundizado, y casi es un rito sagrado que los diarios del día siguiente deban decir: «El mercado apoyó con euforia el nombramiento de fulano...». Que si esto no se produjera pensamos es posible que «fulano» se arrojara prestamente desde la ventana del Ministerio de Economía, frente a tal desaire del «Señor Mercado».
La cuenta es fácil, un día de estos, tal vez, hagamos una nota pormenorizada con la estadística, y a pura memoria: si tantos ministros se sucedieron, y al país cada vez le ha ido peor -dato inobjetable-, en muchos de los nombramientos «el mercado apoyó con euforia...».
De un caso muy notorio nos detenemos en cuanto Menem le entregó el ministerio a un grupo empresario, y éste designó a Rapanelli tras el desgraciado suceso con su fugaz antecesor, fallecido sin ejercer. El hecho es que se dio un notable pico de euforia, un miniciclo de un par de meses antes del fin de año y donde se pudo hacer diferencia estupenda con la Bolsa. Hasta que todo se desplomó y vino después el plan Bonex. Hoy en día, el respaldo mencionado se hace más intrincado, porque la «votación» del mercado se realiza desde adentro y desde afuera. Y la respuesta que se obtiene puede que contenga las dos direcciones: si apoyan con todo los de un lado de la mesa, es preocupante para los otros. Armar «cordones de seguridad» financiera para conseguir el resultado que se desea oficialmente tampoco es mucho problema con un mercadito al que se mueve con un par de dólares. Sería casi una «chambonada» que un gobierno dejara que la designación de su flamante prototipo asumiera en medio de mercados opuestos costando tan poco... Pero, tal vez en la gente común, en cables que vuelan hacia el exterior, todavía tenga cierto buen suceso el que se pueda leer: «Los mercados apoyaron con euforia a fulano...». Son artilugios que duran poco, si el producto que vende el funcionario no tiene atractivo, pero esto parece importar poco: así como una plataforma electoral es «sólo para ganar» y no para ser cumplida. Otro de los mandamientos que ha quedado aceptado en general. Que la Bolsa haya subido no agrega nada a la historia que deberá escribir el señor López Murphy. Pero, queda bien...
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