14 de agosto 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

No, no, paren che... aquí se está hablando demasiado sobre el asunto de dolarizar al país y el que esto escribe -con 55 años de argentino-quiere tener derecho a opinar. Posiblemente muchos de los que leen esta columna tendrán también ganas de ser consultados sobre esto. Y se está gestando todo un escenario para que, en algún momento, un par de cientos de legisladores (de muy dudoso modo de legislar) tengan la anuencia para quitarnos el signo monetario, sin que los ciudadanos de este país puedan opinar nada, y decidir algo, mucho menos.

Un paso tan trascendente, del que no se tiene retorno, merece -de mínima-un plebiscito y no la simple voluntad de un conjunto de personajes, que se creen elegidos por divinas condiciones. Pero, en ningún artículo, en ninguna entrevista, se deja deslizar que la gente será consultada si es que se llega a la instancia de plantear una dolarización. Llegar al absurdo, como se llegó antes, de querer decir frases como que «en la moneda no está la soberanía...» es el siguiente paso (y el peligro inminente). Son demasiadas cuestiones básicas, de las que hacían a la Argentina anterior, que se fueron dejando en manos de unos pocos, que tomaron resoluciones a fondo y dejaron las ruinas de las que hoy debemos gozar. Más toda la vergüenza de tener que presenciar cómo hay que arrastrarse por el mundo, para mendigar algún favor. O tener que leer títulos como «Estados Unicos busca una salida para la Argentina» («Clarín», del jueves 9 de agosto). Hemos perdido a tal punto todo mínimo orgullo nacional, que ni meditamos bien sobre qué dice y qué se escribe. Todo lo que hace unos años atrás hubiera resultado una afrenta, hoy se lo menciona sin siquiera hacer un mohín de incomodidad.

La dolarización no puede resultar un tema para que lo quieran manejar los que se consideran, a sí mismos, personajes superiores. Ni políticos, ni funcionarios, ni banqueros, ni empresarios. De lo contrario habrá que admitir que alguna vez se proponga cambiar los colores de la bandera y que esto sea materia para resolverla por unos pocos, mientras los millones solamente miran y una sarta de estúpidos les digan: «Si quiere aplicar un castigo, hágalo con el voto». Hay quienes sostienen que el país está injustamente tratado, porque el sistema financiero no estalla. Todo lo reducen a eso, a que los bancos sigan de pie. No importan los récords de desocupados, ni de nuevos despidos, ni de industrias que no fabrican ni un clavo. Ni monedas que inventan en forma de bonos, ni de Cortes Supremas que fallan no incorporarse a la rebaja de sueldos, pero seguramente avalarán la rebaja aplicada a otros sectores que no sea el Judicial. Estamos ya al borde de ser un país risible (o ya lo somos) y pensar que muchos suponen que lo mal ya está pasando porque el riesgopaís baja, o las acciones suben. Nos dejaron con casi nada, ahora nos quieren dejar sin moneda. ¡Alerta todos!

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