24 de agosto 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

«No es lo mismo ocho que quince, nene»... Le comenta el padre, al hijo que confunde las cuentas. Y menos es lo mismo, cuando se habla de recibir quince y lo arreglan con ocho (que, además, viene con cinco contado y otros tres a plazo medio). Así pareció cerrarse la larga historia de agosto, donde el país intentaba proveerse de créditos por cifras bastante más generosas que las conseguidas. Esto puede medir, de paso, el grado de desconfianza que se inspira y de qué modo hay que sacar, con una tenaza, algún dinero del bolsillo de los extranjeros.

Como siempre, por razones de ordenamiento de impresión, estamos escribiendo al unísono con las informaciones y primeras declaraciones de los gobernantes (martes por la noche). Intentar saber qué sucederá el miércoles con los mercados de bonos y acciones, resulta casi adivinación, pero el horno no estaba para bollos durante ese día previo y lo anunciado no cubría las expectativas, ni las estimaciones que se barajaban. Especialmente, por ese desdoble de 5.000 millones en setiembre y los otros 3.000 millones para el año siguiente (que, dadas nuestras condiciones, es como el siglo que viene). Veníamos mal, vamos cada vez peor, y lo peor no es la realidad numérica: sino el divorcio que tienen los funcionarios, con la sensación real de lo que piensa la población. ¡Pidiendo esfuerzos, congraciándose con lo conseguido, queriendo que la gente pague sus impuestos puntillosamente, y que sea tan disciplinada como para pedir facturas en los comercios! No entienden, es lo que los está llevando a la ruina. Ni el próximo poder, ni tampoco la cartera de Economía, falta «feeling» para comprender el escenario y poder medir qué cantidad de crédito interno resta, sabiendo que la confianza se ha perdido casi toda.

Estamos tan ansiosos por saber qué respuesta aparecerá en los mercados, como usted seguramente leyendo todos los diarios de esa mañana del miércoles, para inferir que habrá de suceder a la tarde. El Merval grande estaba a punto para perforar los «300» nuevamente, comenzar a luchar en la categoría inferior. La razón indica que lo conseguido y anunciado, no puede convencer demasiado a nadie. Y que esto traerá fugas en cadenas de los lugares donde el dinero solía asistir en nuestro medio, solamente un milagro de buena voluntad podría cambiar la tesitura frente a lo único obtenido, y cuando el clima adverso provincial va subiendo de tono. Ya no estamos solamente ansiosos, casi temblamos sólo de pensar qué sucederá si hay descalabro de indicadores en esa tarde del miércoles. ¿Cómo poder seguir la historia, con qué expectativa posterior? Malo, peligroso, ojalá que las presunciones estén equivocadas. De verdad.

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