2 de noviembre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Empezar con una baja cómoda arriba de 9%, lo más alto que se conoce para esta gestión de gobierno, y arrancar al día siguiente con dos novedades para quebrar cualquier presencia de ánimo (una apertura de mercado con 4,5% de caída, en seco, y una amenaza de bomba que hizo detener los negocios por un buen rato) estaba dentro de lo que puede llamarse: lógico. Lo que no cerraba por ninguna parte era la segunda mitad, la reanudación del día martes, cuando dentro de un escenario mundial que también era netamente adverso, Buenos Aires fue dando vuelta sus saldos iniciales y con la verdadera bomba del día se fue de largo hacia la otra baranda. Enjugando la pérdida de 4,5% y quedando gananciosos los índices, en casi 2%. Un total desconcierto, a menos que se estuviera presenciando una oleada de órdenes de afuera del recinto, de aquellas que vienen con alguna «precisa» detrás. De todas formas, sobre el final se advirtió que existía una corriente vendedora haciendo la diferencia redonda, de aire, y sin esperar ningún tipo de anuncio económico, o medidas que fueran capaces de generar optimismo.

Qué cuestión se hizo presente para el vuelco, justamente fue un mercado antes, y otro después, de la amenaza de bomba. Solemos dejar registrados pasajes, notas de color, postales de mercado como las relatadas, porque sirven para enriquecer la galería de hechos singulares, testimoniar de qué modo se puede cambiar una orientación a favor de cierto ambiente predispuesto a jugar con el rumor (sumándose los que actúan de oficio, al percibir que existen ciertas compras convidadoras).

Eso del martes resultó lo más curioso de todas estas semanas; por la noche se seguía con la incertidumbre del anuncio prometido por Cavallo. No se deslizaban demasiadas ideas geniales por aplicarse, algo que pudiera sacudir la parálisis nacional. Pero también cabía pensar en que «algo» que se amasaba podía llegar a gustar a los operadores. O bien, que se hubiera tratado de otra fecha -de éstas ya hubo varias-donde se dan cambios de tónica que después no tienen respaldo en ninguna novedad favorable y que se deshacen de inmediato. Los demás de la región no nos copiaron en la suba y el cambio, cuando parecía que nosotros los estábamos arrastrando, y da también para pensar: porque los trascendidos suelen ir primero hacia afuera y esa señal, de cierta euforia, no se reflejó en recintos como el mexicano y el brasileño.


Otra postal para la historia de la Bolsa porteña del año 2001, en un camino que desconcierta de continuo, porque ni siquiera adopta una dirección. Ergo, los grandes «osos» bajistas se habrían llevado un chasco mayor ese día martes (y también pagado por el equívoco...)


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