Estamos mal. Y vamos a peor. Esto es el verdadero drama, porque en la historia de todo país siempre se conjugan las esplendorosas zonas de bonanza, con el tener que atravesar valles que -muchas veces-tienen profundidad considerable. Lo que salvaba las esperanzas y las situaciones, era lo temporal de las circunstancias, el tener la convicción de que -a cierto trecho-el camino poceado se volvía a convertir en cinta asfáltica de gran textura. A cambio, las conversaciones que se puedan hoy mantener con casi todos los niveles de la sociedad (podríamos exceptuar a los que viven de la política, un mundo que todavía mantiene su status) conllevan siempre el mismo tenor de fondo: el tener la casi seguridad de que lo que viene, es peor de lo pasado. Y así ha venido siendo hace ya... ¡Cuarenta meses! Cada período, cada eslabón de esa cadena de la decadencia nacional, resultó más difícil de soportar. Si hoy día se pueden oír hablar de ciertos temas con naturalidad, como hechos triviales, que hasta no hace muchos años no se podían ni nombrar. Ni empezar a poner en duda...
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El que tiene dinero en la calle, sobre el que tuvo que aportar el IVA al momento de fracturarlo, sabe que su promedio para cobrarlo está en los noventa días (con vistas a hacerse más dilatada). De paso, le vencen los «anticipos de ganancias», aunque se tire de los pelos porque está perdiendo como loco. Y si algunos le pagan con cheques buenos, hoy todo un milagro, los deposita y los saca más rápido que un rayo: las cifras ya no serán iguales, porque en el ida y vuelta el fisco le devoró impuesto al cheque en las dos direcciones. ¿Y el pensamiento cuál es?
... Que quizás el mes que viene vengan con algún nuevo impuesto, no que quiten los que están. El que vende diez, escribe en su balance que espera vender ocho. El que tira proyecciones de la economía en su empresa, escribe en su reseña contable que no aguarda un cambio en la situación de nuestro medio, hasta bien entrado el 2002... Si hasta ha pasado a segundo plano el preocuparse de las empresas por su cotización bursátil: dan la impresión de que les importa un cuerno si cotizan en un peso, o en veinte centavos. Porque los problemas que tienen son mucho más puntuales que eso, son los que pueden decidir entre seguir resultando una «empresa en marcha», o una que se presentó en concurso, o que se va a la quiebra.Y el otro problema serio es comprobar que se continúa en la era del parche, estirando las situaciones, haciendo dialéctica, viajando, mintiendo, cuando el país es un milagro que siga funcionando medianamente. Con el agua hasta el cuello, metafórico y también literal, la inundación que nos envió la Naturaleza (y nuestras negligencias) símil de la que ganó la Plaza de Mayo y arrasó con las buenas ideas.
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