31 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

El mercado accionario se quedó dentro de la veda, la más larga desde aquellos tiempos de 1976 y cuando debió permanecer cerrado, tras el golpe de Estado.

Hoy, ante circunstancias distintas pero con el mismo final -un cambio brusco de gobierno- los indicadores de la Bolsa están mostrando una postal congelada de antes de Navidad. Para el jueves pasado, al volver el «clearing» en los bancos, se pensó con toda lógica general, que el mercado local retornaría a la actuación y para dar el remate final al ejercicio 2001, quedando dos ruedas y media -contando la del 31/12 como jornada reducida- para tales menesteres.

Pero no. La realidad práctica, aquella que pasa por los circuitos internos de un sistema, impidió la puesta en marcha ante la carencia del mercado de cambios y por no poder establecerse, ninguna paridad fidedigna para la divisa.

Las cauciones en dólares: un problema. Los activos en relación con la moneda extranjera, otro. El resumen dio origen a febriles horas, en la mañana del jueves, y la resolución de no abrir el mercado hasta que no se produzca el lanzamiento de la veda cambiaria. En un principio se habló de enero de 2002, como para arrancar este miércoles 2, aunque a estas horas y dado lo versátil de los funcionarios, nada está seguro y mucho menos, en firme. Si todo se prolonga, se podría establecer un nuevo récord histórico, que en medida lineal ya se ha establecido, pero con tanto feriado en el medio, en términos reales habría que pasar a medir por las distintas épocas. (Lo notable sería que la restricción cambiaria se mantuviera al infinito, lo que decretaría el suspenso definitivo para lo bursátil).

Esto del mercado, que no importa demasiado a las personas comunes -es cierto- refleja otro tipo de cuestiones y que se podrán ver a menudo. La problemática, la trabazón que se originará en los más diversos canales, frente a estas normas de imponer una tercera moneda que tardará unas semanas en poder ser utilizada, la extrema falta de liquidez actual, los malos humores que se agolpan en tropel y que ha deparado -sin dudas-las peores fiestas de fin de año de que se tenga memoria. Gente sin dinero en absoluto, cajeros automáticos secos, cuentas mezcladas, viajes anulados, la mar de los hechos traumáticos. Personajes del gabinete que muestran la desesperación por salir en cuanto medio les ofrezca aire, superposiciones de enunciados, de diagnósticos, de proyecciones. Unos desconociendo a otros, mientras se deslizaban frases desgraciadas y que habían sido inauguradas desde aquella fatídica de Grosso -»no me convocaron por mi prontuario, sino por mi inteligencia»- (Es posible que haya varios casos a la inversa).

Dejá tu comentario

Te puede interesar