26 de septiembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Por ahí, dando una charla en un círculo restringido, reapareció el ex titular del Banco Central Pedro Pou y ante algunas requisitorias periodísticas muy puntuales se encargó de ofrecer su versión de los sucesos, prefiriendo mover las piernas y salir por los costados del ring ante otras que exigían mayor compromiso.

Es, indudablemente, uno de los principales referentes para dar testimonios acerca de cómo se produjo un acto de magia, más fenomenal que los de Harry Potter: la convertibilidad tan pregonada y publicitada como sumamente sólida, confiable, terminó como leche derramada. Hoy se continúa con los reclamos, se suceden las tensiones sobre la pesificación, pero no se tendrá paz en la historia argentina hasta que se puedan resolver varios enigmas encadenados que nos llevaron a la bancarrota real (aunque, como virtual, ya se podía intuir).

No es posible que no se formalice una reunión con los que estuvieron en la función pública a lo largo de estos años últimos, para que -paso a paso- se vayan esclareciendo los caminos seguidos, para llegar a la falta de respuesta para los dineros de la gente. Y la mayor parte de los afectados, con que les restituyan lo suyo parecen darse por hechos. Arrancar desde semejantes bases falsas es difícil que nos conduzca a la estación deseable: de la honestidad, la prosperidad, la inversión.

Quizás, a muchos esto no les parezca de tal modo, solamente con buscar reparar los daños y darle una pintura a la fachada de las instituciones, el país puede enderezar su historia. Y es así com le daremos razón a la vieja máxima sobre que «los que olviden su historia, están obligados a repetirla». Años más adelante, nos volveremos a encontrar en una encrucijada por el estilo, sabiendo sus hacedores que después se buscan culpables etéreos -«la crisis»- o plurales: «los banqueros, los funcionarios, los legisladores, los superpoderes, el Banco Central, etc., etc.». Sin poder establecerse cómo sucedió lo que dejó en ruinas todo el sistema económico y financiero de un país que venía de ajustarse a estrictas leyes de convertibilidad (a la vista de todos), no vamos a hallar las soluciones para evitarlo en el porvenir. Reaparecerá el virus, con otra mutación, no serán todos los mismos nombres, pero volverá a sembrar la depresión y la sensación de tierra arrasada.


En cuanto a lo bursátil, bien se haría también en revisar todo lo legislado a partir de la famosa «globalización» y considerar qué efectos trajo y qué secuelas -a favor o en contra- se deben soportar hoy día.
Todo lo que no contribuye, perjudica. Es sencillo como eso. Y como capital de riesgo no hay, el tiempo se puede invertir en reacomodar el marco de nuestra Bolsa a las necesidades de nuestro sistema y nuestros inversores.Armar, rearmar, de a poco, un «mercadito» que funcione.

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