La hipocresía del capitalismo salvaje, visto en crudo en Brasil y reflejado en esos informes que Ambito tituló como: «banqueros y empresarios, sorprenden apoyando a Lula». Un giro acomodaticio, ante lo casi irremediable: después de hablar de todas las formas, para desacreditarlo y hasta ejerciendo incidencia sobre los mercados termómetro -como Bolsa y dólar- para al día siguiente adjudicar las culpas, de las bajas de una y la suba del otro, «a que las encuestas lo ven subir a Lula...», negociar con el enemigo, mostrarse complaciente. Aceptando que entre a la sociedad de los fuertes, tomándose un intervalo para presionar de entrada y si el candidato no se alinea como corresponde: volver al trabajo de moverle el piso y actuar sobre aquellos mismos activos.
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Dicen que más de uno hasta elogió a Lula -presidente de un banco importante- y apuntando que está confiado en que hará un buen gobierno.
¿Y el estúpido «Lulalómetro»? del que dimos cuenta al lector, inventado en el nombre -exposición de originalidad- por una casa bursátil internacional, con intereses también en Brasil, y dando cuenta diariamente de esos efectos que comentamos al inicio. Según subía, o bajaba, en las encuestas este candidato, los mercados iban para mal, o para bien. Todo se intentó, pero los sondeos ya lo daban como hasta pudiendo ganar de una. Y entonces, no había que esperar más, mejor hacer las paces, declararse adherente decidido y no en el banco de los que lo combatieron. Como cuando Cavallo era el fenómeno, el genio, y al caer en desgracia los pocos visitantes hasta se ocultaban, para que las cámaras no los tomaran yendo a visitar al «enemigo público». Aclaremos, no cuando estuvo preso sino cuando Menem se lo quitó de encima. Recordamos, tenemos recortes, hay muchas caras conocidas: que hoy le dirán que nunca fueron del entorno, cercano al ministro. «Apenas observadores, che...». ¿Y con este tipo de «simulación en la lucha por la vida», que ya patentizara Ingenieros, piensan llegar muy lejos? Hoy lo vemos en el país vecino, como acaso también podamos volver a ver a un candidato que sube al poder por la izquierda, pero baja por la derecha.Ya no tildan de estar en «el centro», en lugar de usar la zurda como Maradona, ahora ya se descubre que patea con las dos. Le falta cabecear mejor y el versátil candidato, puede llegar a moldearse como «ellos» quieren. Y, sabemos, quiénes son «ellos». Esto sirve de antipasto para esperar nuestras apasionantes elecciones argentinas, donde el carnaval del mundo nos mostrará a muchos reír con llanto... y otros, llorar con carcajadas. La historia triste de Garrik, siendo el mejor payaso del mundo en la escena, pero un alma y un carácter opuesto en la vida privada. ¿Cómo será esto en poco tiempo más? ¿Se lo imagina? Ganando alguien que después nadie votó, haciendo nada de lo que dijo, ni en el pícaro juego de la Bolsa: se ven tantas posturas falsas.