29 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«El presidente del Banco Central, reconoció que el «lobbysta» cuestionado, también era asesor de la entidad...» Y la noticia pasa de largo, como pasó cuando surcó el ámbito del propio Ministerio de Economía. Normal. Puede ser. Solamente nos preguntamos si tal tipo de situaciones no generan algún otro tipo de reacciones, y pedidos de explicaciones, que el simple salir a insinuar: «miren, muchachos, me equivoqué con este asesor que estaba al tanto de todo, pero jugaba para los de afuera.»

Y allí quedan, en simples anécdotas asuntos que deberían preocupar profundamente, porque cada vez nos alejan más de la posibilidad más valiosa que podíamos tener que como país, después de bancar el desastre: demostrar que aprendimos mucho, demostrar que juzgamos mucho, demostrar que corregimos mucho. No parece interesar demasiado tampoco a la prensa en general, reunida en soporíferas asambleas opinando sobre si el cura puesto en la picota «es, o no es». En función global, mirando el todo, en un país que es un mosaico y que debe tener nueva amalgama segura para poder unirse, resulta tema más crucial lo de tener un «quinta columna» dentro del corazón del gobierno, que la posibilidad de desvíos de un clérigo. La diferencia de tratamiento puede provenir de que este último estuvo mucho en los medios, y es una figura muy conocida por el público, con un tema fácilmente maleable para llegar al corazón sin esfuerzo. Esta respuesta sería la más benigna, para no llegar a la otra y mucho más preocupante: que seguimos con lo que está en la superficie, dejando de lado lo que ciertamente puede ir cambiando a la Nación desde las bases. Y si no se cambia desde allí, tendremos más de lo mismo: ¿qué duda cabe?

Días atrás llevamos al imposible el perfil de un candidato, hablando de que solamente
Jesús sería capaz de gobernar algo tan desarmado desde arriba hacia abajo y desde abajo hacía arriba. Pero, como están las escalas de valores, también podríamos repetir la historia y al momento de tener que quedarnos con uno: acaso el voto opte nuevamente por un Barrabás. Con lo cual habría que seguir esperando, tal como lo proponen funcionarios como Alvarez, que reitera aquello de «mejorar la democracia con más democracia», de ir eliminando errores como a través de un filtro que, cronológicamente, cumpliera la tarea. Pues bien, podríamos sacar deducciones de estos casi 20 años institucionales, y ver en qué rubros se ha ido mejorando con el tiempo. Esto funciona si cada nuevo gobernante corrige, castiga lo que se hizo mal de lo anterior. Pero, el dar vuelta los capítulos es un vicio nacional y es hoy día que todavía nadie tiene bien esclarecido quiénes han sido patriotas, o traidores, desde 1810. Siempre va a resultar más simple crucificar a un cura, que a un ministro. Pero, no seamos drásticos, «avanza el acuerdo con el FMI». Y ya está todo bien. Aunque muchos todavía hacen entusiastas esfuerzos... para evitar estar mejor.

Dejá tu comentario

Te puede interesar