Volveremos a poseer un presidente de Banco Central, subordinado totalmente al ministro de Economía. Otra de las rimbombantes modificaciones argentinas, que terminan por rodar. En este caso, la supuesta «independencia» del Central quizás no resulte derogada de derecho: pero, quién puede dudar que se lo hará de «hecho». Algo así, como la muy buena primera acuñación de una Comisión de Valores que resultará «autárquica», al margen de todo poder político de turno. Recordemos, resultaba esto de... 1967. Antes de ello, nuestro mercado caminaba en cierta «anarquía». Se venía de los años '60 y donde se produjo la gran explosión nominal de empresas cotizantes. Llegaron a ser más de «650» listadas en nuestro viejo recinto, que funcionaba a «pura tiza» y pizarras de chapa. Muchas de aquellas sociedades también estaban hechas con mera tiza, cuando algún funcionario de la Bolsa -la única que trataba de controlar-sospechaba algo y se daba una vuelta por ignota región, donde figuraba la virtual «planta» de producción empresaria, se podía llegar a encontrar -como sucediera-con un miserable galpón inactivo. Sin embargo, habían colocado sus acciones aprovechando la euforia, que sobrevenía con el «desarrollismo». Pues bien, creada la necesaria entidad y realizada -no en todo-a semejanza de la SEC de Estados Unidos, la independencia de los poderes de turno, pasó por gobiernos civiles, o militares, respetándose el mandato de siete años que poseía el titular de cada CNV. Un buen día cortaron el hilo, comenzaron los manoseos (durante el gobierno civil vuelto a la democracia), hasta que Cavallo le puso la guinda al postre y convirtió al organismo en un simple resorte de Economía. Resonante duelo con Redrado, pedido de cabeza del funcionario, lo demás resultó simple subordinación y una languidez de procederes: que dejó pasar camellos por pasillos estrechos, sin darse por enterados. Con el Central, también se llenaban la boca queriendo independencia y autoridad monetaria, para defender la convertibilidad. Que, finalmente, se ensució totalmente y a merced de un Cavallo en tercera edición (corregido y aumentado, en sus poderes y efectos). Vemos ahora más de lo mismo, que es cuando los ministros que consiguen cierta «chapa» no quieren personas que puedan discutirles algo, o dispersar sus opiniones. Y un Presidente, que quiere mediar en función de qué cuestión puede producir más ruido adverso, define en dirección a colocar un nuevo hombre... que se allane a su ministro. Y así. Como es habitual en estos tiempos, los operadores tornaron a reciclar lo malo y hacerlo bueno, buscando el flanco «positivo» de una renuncia que debería analizarse con más profundidad. Y a partir de un dólar que se siguió manteniendo calmo, inferir que la nueva jugada resultaba a favor. Vuelta de pá-gina, todo está bien.Autarquías, o independencias, no son bien vistas en nuestro sistema de poder concentrado.
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