7 de enero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando en nuestro diario se realizó la nota acerca de «las mejores inversiones del año» -de Juan Cerruti-en el título central destellaba un viejo olvidado, más nunca oxidado: «El oro aumentó 322% y fue la inversión del año». No sabíamos que andaba tan arriba. Honestamente. Es que aquello que resultó siempre componente de «atesoramiento» -no de inversión-a uno también se la ha caído del rastreo habitual. Es como que el oro es de otro tiempo, acaso por aquello del «patrón» desusado, y reaparece dando la sorpresa del año...

A renglón seguido, nos salió un «hmmmm...», esa especie de sonido gutural cuando uno tiende a desconfiar: no de la veracidad del ranking de inversiones, sino de ver al oro allí encaramado. Y recordamos, entonces, un título que alguna vez acuñamos para una nota de cierta revista: «No hay oro que por mal no venga...» Tenía algún gancho periodístico, pero más que eso, expresaba lo que es motivo de nuestro «hmmmm...» Algo debe estar funcionando muy mal, como para que el oro se vuelva a colocar como cabeza de podio, y nos parece que por el mundo la cuestión también pinta para esos lados (acompañado ya por el «franco suizo», otro clásico cuando la gente está seriamente asustada y busca refugios que conoce desde siempre). El índice Merval aparece en una medianía de séptimo lugar, de aquellos competidores que se ganan el título de: «corrieron bien» (y punto). Siendo superado por el ya mencionado oro, el dólar -que entró tercero-y, entre medio, toda una serie de «bonos basura» argentinos, entre BOCON y BONTE, que se han dado el lujo exótico de crecer entre 142% y 243%, emitido por un Estado en default, un país que viene de ver defraudar a miles de ahorristas, en plena crisis de todo tipo, y con un fenomenal desparramo político. ¿Un título del país, el riesgo soberano local, puede ser mejor que un papel de una empresa que tenga buenos ratios? Al parecer, el «señor Mercado» ha dicho que es posible...

Recorrida por el mundo impone de cierto consuelo, si bien para entrar en el cotejo se debe pasar el Merval a dólar y, entonces, el resultado pasa a brindar 47% negativo. Estamos a la cabeza, respecto de mercados importantes que también han caído en 2002. Quién nos sigue es el recinto de París, con 34% abajo, de inmediato del NASDAQ y su caída de 32%, en tanto el Dow Jones la sacó barata: pero, con casi 18% en el año, resulta ejercicio catastrófico para quien acostumbró a subir a los saltos, a todas las familias del Norte: durante más de diez años. Lo que queda de todo esto es, siempre, el desarrollo del oro. Como sacado del viejo pasado, el fantasma reaviva los fuegos y dice que las motivaciones racionales, los temores intensos a riesgos concretos y muy serios: son contestados del mismo modo que hace siglos. Lo que reivindica que los ciclos, pero también las defensas, pasan siempre por los mismos meridianos. Aunque trine el operador moderno y le cueste mucho digerirlo. El pan, también es viejo.

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