10 de enero 2003 - 00:00

Cupones Bursátiles

Se dio vuelta la torta, y aquello que parecía resultar una simple --y perdida de antemano-carrera ante la devaluación, ya mostró en diciembre su otra cara: por los extraños ciclos cortos argentinos, en ese último mes pareció como que la divisa era un activo indeseable, pasible de cuanto pronóstico bajista le pudiere caber, y las acciones redundaron en sus vuelos alcistas. Y, por otra situación, que vista desde unos meses atrás podía creerse absurda, resultó que un modesto 5% ganado por el Merval: se potenció, en dólares, para resultar así como siete, ocho por ciento, más...

Enero pinta como lo anterior, con el billete conociendo depresiones que -se dice-Economía no desea, pero que tampoco se ha esperado en conseguirle una meseta, un piso sólido para un tipo de cambio que tanto produce desvíos cuando sube, como cuando baja: porque es la inestabilidad lo que genera análisis y proyectos que abortan, por estar hechos sobre una base que después se mueve. Pero, el caso es que el Merval picó adelante en la semana, se hizo perdiz con más de 4% en una rueda, e insistió en la siguiente: aunque sobre el final le vino un recorte súbito, en ciertos títulos la fiesta siguió a toda orquesta alcista.

Con el dólar en bajante, lo que se suma en lo bursátil, tiene el valor agregado de ser más... En dólares. No parece esto restar argumentos.
  
Así como se «trabaja» dialécticamente sobre el «precio/ utilidad -no sólo aquí, en Wall Street hay toda una polémicay según convenga se lo hace mirar de un lado, o del otro, cuando el dólar sube viene el asunto de: los activos que se atrasan. Y cuando el dólar baja, el asunto es hablar de la falta de oportunidad alternativa. Todo, así, parece conducir hacia una sola boca: las acciones. Lástima que el público, en general, no se ha enterado, o tendríamos todo un récord: generar un «boom» bursátil, en medio de un país que está hecho mil pedazos, mendigando por un «acuerdo», sabiendo que todas sus mentadas reservas no son en sí del país: sino, de los acreedores.

Con el «precio/utilidad», se puede tomar una punta o la otra. Y de tal manera, como en Estados Unidos, proclamar que se ha ido muy arriba porque las ganancias empresarias son menores: no porque los precios, todavía, estén muy altos. En consecuencia, desde esa visión se tiende a ratificar las cotizaciones, esperando porque las utilidades de las empresas le otorguen respaldo y el ratio se encoja. Por otra parte, los que no ven bien al mercado, insisten con la otra hipótesis: que en relación a la generación de ganancias presentes, o futuras, todavía hay para ajustar más en el Dow Jones y el NASDAQ. Pero, la verdadera «resaca», tras la fiesta de una década, es que la gente se ha hecho sumamente sensible y desconfiada. No le dan oportunidad de una reacción pareja, cuando ya están vendiendo corto. El ser humano, el «factor X», que no suele entrar en los cálculos.

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