21 de enero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Llegó el pregonado «acuerdo». Veamos qué vendrá ahora. Por de pronto, aumento de tarifas. Como segundo plato, después de un Estado que satisfaga sus deseos, presionando con más -o más altos- impuestos, desconociendo toda incidencia de inflación, para cobrar también ese tipo de impuestos: el inflacionario. ¿O cómo debe llamarse a la negativa de permitir corregir en los balances la porción virtual, la ganancia irreal? Pues, sencillamente un nuevo impuesto. Tan pregonado cuando se quiere especular con «los pobres», siempre se dispersó esa idea de que: «la inflación es el peor de los impuestos».

Entonces, dirá algún crédulo sobre esto, está bien: porque se lo hacen pagar a los empresarios y a los que pueden, esa especie de clase, a la que la propia AFIP reconoce que es a la única que intenta vigilar: aquellos que, todavía, pueden dar algo más de sus bolsillos. Pero, lamentablemente para tales crédulos, todos tienen un escudo a la mano como para poder -de última- transferirle la carga al de más abajo. Cuanta nueva imposición colocan a las sociedades, termina ésta por llegar en la factura del consumidor: que recibe el directo, el indirecto, el cross de izquierda, el gancho de derecha, y debe proseguir contribuyendo, a cumplir metas que los funcionarios pactan en su nombre. Con crisis, o sin ella. Se aseguraba, a mitad de semana, que los combustibles también volverían a subir en estos días. Y es éste el escenario, en el que hay que suponer que todo «mejoró».

La Bolsa, en su islita, siguió su marcha sin importarle demasiado de novedades del contexto. Finalmente, habíamos ensayado la que suena como a hipótesis más cuerda: el mercado mantiene su juego, sin importarle qué hará «Don Pirulero» por allí arriba. No hay alternativas sabrosas, no hay demasiado riesgo en que se salga del circuito para buscar cobijo en otra parte. Pues bien, solamente queda por determinar cuáles serán los papeles a los que abordará la demanda oportuna. En tanto, seguimos repasando balances donde, en sus «reseñas informativas», los directorios plantean no solamente dudas sino reacciones a la situación bastante más distante, que ese pico de crecimiento que -en la dialéctica- se hace correr... .


El circuito prosigue con crédito ausente, un aparato circulatorio que habrá que ver cuándo, de qué modo, se puede reconstruir en el país. Y surge la idea, alguna concreta, de entidades bancarias colocando
suscripciones para hacerse de alguna capitalización: obviamente, saliendo a pedirle al inversor, sumas que no son para nada razonables. O que, cada uno, se vea diluido en sus posiciones si no está dispuesto a cubrirse. Hoy por hoy, con todo lo que han pasado los estados bancarios, con números que se mantenían ocultos por meses y meses (con la anuencia del Banco Central) no suena a justo, que se puede salir a pedir dinero fresco al mercado. Pero, todo acaba en este «reality» de La Isla de la Bolsa...

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