Lentamente se sigue desarrollando el denso caso de la empresa «Garovaglio y Zorraquín», inmersa en fuertes controversias con accionistas minoritarios, también en algunas cuestiones societarias adoptadas que ya merecieran objeciones por parte de la Bolsa de Comercio (como el intento del achique de capital y una suscripción posterior) y, finalmente, con problemática que incluyó una ajetreada asamblea, después pasada a cuarto intermedio, reiniciada pero con serios inconvenientes (participantes de la minoría, teniendo que reunirse en la calle). La pretensión de una segunda asamblea, cuando no se había podido cerrar con bien la primera, la aparición de un Fondo de Inversión extranjero diciendo que había adquirido una porción importante del capital, etc., etc...
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Pues bien, nuestra tan sigilosa Comisión Nacional de Valores -que, de tan sigilosa, nadie puede advertir su accionar en fecha y oportunidad- acaba de informar sobre un «sumario» abierto a la sociedad Garovaglio y Zorraquín y a sus directores titulares (de la época de los hechos a que se hace referencia), más los síndicos titulares de la citada. El motivo, no precisamente de los más delicados en la gama desplegada, atraviesa por el hecho de las diferencias en la información sobre la tenencia accionaria original del señor Federico Zorraquín (40,048%) al 30 de enero de 2002. En la ocasión, se decía que el titular se había desprendido de la totalidad de su tenencia. Pero, hete aquí que -para el 27 de mayo de 2002-, la sociedad informaba que las personas físicas, parientes de Federico Zorraquín, poseían en conjunto 40,05% del capital. Para el 22 de agosto, la compañía aparecía rectificando lo informado y en la cuenta concluía que la tenencia de ese grupo, se había incrementado en 5,35%... De esto, quedaba expuesto que la diferencia había sido comprada después del 31 de marzo de 2002 por el señor Federico José Luis Zorraquín y luego donada a Federico Zorraquín: pero, no habían informado la transferencia, ni la compra de acciones por parte de uno, ni la donación al familiar. De allí, la CNV -que aborda la superficie y no las honduras- aparece «sumariando» a la empresa y a su equipo, cuando lo que surge del informe es que hubo desprolijidad en informar, se vulneraron ciertos deberes, pero no tiene esto -dentro de nuestro código laxo de penalizaciones- demasiado cuerpo para la afectación. Importaría mucho más que se ponga en claro todo el grueso de lo que ha llevado a serias controversias, algunas ya judiciales, y que van acumulando tiempo sin que se sepa de efectivas intervenciones del ente de control. Al día de hoy, todo poseedor de una acción de esta sociedad: no puede tener en claro nada de lo que está en discusión. Y lo que se discute, es un nudo mucho más sustancial que los errores informativos... Informate más
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