Vamos a colaborar en la difusión de una reforma introducida en el reglamento de cotización de la Bolsa de Comercio, y que posee un acento bien cargado en lo que hace a distinguir perfectamente cómo está disperso el capital emitido por una cotizante. Primero, citemos que la reforma establece la obligación de incluir en la nota a presentar dentro de las 24 horas de aprobada la documentación contable de las empresas, la siguiente información: «Cantidad de acciones -discriminadas por clases y con indicación de sus porcentajes respecto del capital social- que, a la fecha de cierre de los estados contables, no pertenecen al accionista o grupo controlante de la sociedad». Ciertamente, se toma el asunto desde un ángulo distinto del que parece más ortodoxo, esto sería: saber qué porcentaje y en manos de quiénes se distribuye la porción mayoritaria de la sociedad. Lo que queda, querido Watson, es lo que está en manos minoritarias...
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Pues, a través de esto se debe informar qué cantidad de acciones no pertenecen al grupo de control. Haciendo la inferencia a la inversa, aquello que no está fuera de la sociedad es lo que pertenece a la mayoría. Parece ser lo mismo al derecho o al revés, pero es más lógico saber la cantidad y discriminación de la porción de control, para deducir de inmediato qué porcentaje está disperso en diversas manos. Como se trata de asuntos estrictamente reglamentarios y legales, acaso exista la perfecta explicación sobre esta reforma y estos pedidos a las empresas. Desde el punto de vista político, y en función de despertar ciertas tentaciones de copar sociedades mediante la compra de porciones amplias que estén flotando en manos débiles, sabe el lector que muchas veces comentamos que la última empresa que fue tomada estrictamente desde la plaza diaria fue Atanor (cuando la comprara el grupo Bunge, antes de volver a venderla a sus actuales poseedores). Con posterioridad, una serie de mecanismos permiten a las compañías estar alertas, a diario, sobre posibles compradores con intenciones políticas (como colocar un director, por caso) y pueden salir a neutralizar la juzgada. Que no tenía nada de malo, en absoluto, lo malo era querer gobernar sociedades con porcentuales bajísimos y después enojarse, porque se llevaban la sorpresa en una asamblea. Pero las ventajas de juego fueron dadas a las mayorías, cayendo en el olvido la posibilidad de entrar vía mercado en el control de una sociedad. Acaso Garovaglio, actualmente, puede resultar un símil de aquello -con ciertas diferencias- y, a propósito de ella, detrás del sumario del que dimos cuenta: el pasado miércoles 29, informó a la Bolsa de un llamado a asamblea ordinaria, en primera convocatoria, que se realizaría el 23 de febrero próximo y con la finalidad de «reconsiderar cada uno de los temas de la asamblea del 20/12/02». (Y la película continúa...). Informate más
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