11 de febrero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

A las trompadas contra uno de los meses que resultó de los más esquivos del año, en la última década, con un concierto de colegas mayores sufriendo ataques bajistas de bastante gravedad -como el Dow Jones, con semana de caídas en cerca de 3% y el Bovespa en más de 5%- los Merval locales se vienen defendiendo bastante bien. Con modestos volúmenes, el hecho de volver a estrechar filas de oferta, cuando la plaza se dio vuelta en contra, pudo generar ese principio de reacciones por imperio de negativas a dar papeles debajo de ciertos límites, así como la demanda -escasa- es muy rígida en lo que hace a tener que pagar por más de una leve reacción. Y puede resultar, también, la vieja estrategia de los «osos» (de los buenos vendedores, claro, porque hay cada «oso»...) que venden, pero no ahogan. Porque precisan cierto nivel de precios, solamente para que el escaso tomador no se espante del todo. Hace rato que no se ve un mercado entrando en «corrida», aunque existieron varios motivos puntuales como para presenciarla. Sin embargo, dentro de lo que resultan zonas desordenadas -que las hay- a los pocos pasos se consigue volver las cosas a la ruta original. De cualquier manera, hay paredes anchas y altas por delante, empezando por las de afuera y esa guerra con la que sueña Bush (hijo), casi para la misma fecha en que la implementara su padre. Un juego de «cowboys» que tiene al mundo en vilo y a los mercados temblando. La otra pared, también alta y densa, lo constituye un frente interno que está vacacionando, pero ya con la imagen de un acto electoral que está al alcance de la mano. Y lo que pueda suceder, de aquí hasta allá (y más allá), es cuestión fundamental para la salud de la tendencia. Lo que se sabe es que el sector accionario está predispuesto a resultar la inversión más lucrativa, solamente precisando de algunos estímulos favorables. Y está moviendo lo suyo con el principio del buen jugador: cuando hay «cartas» buenas gana mucho, mientras se encoge y defiende con mínimos daños, cuando «la mano» viene de negras.

Por más que se diseñen escenarios meramente internos, donde se desaten acontecimientos duros en el mundo es posible que haya que jugar al ritmo de aquello. Son hechos demasiado notables y preocupantes, como para poder esquivarlos y hacerse los que no ven. Podríamos estar cerca de tener que terminar febrero junto con lo que se produzca en mercados mayores. Y si la «cruzada» moderna -en pos del petróleo-les va bien, de modo rápido, también en Wall Street son capaces de festejar con euforias, si les acomodan bien las noticias. Después, se tendrá a
marzo con preámbulo y ya deberíamos estar inmersos en abril, en el trascendental acto político de la Argentina. Preocupante y filoso, como nunca quizás, los candidatos prosiguen denostando adversarios y todavía no se ven más propuestas: que las que el «marketing» les aconseja, (hasta el nacionalizar de nuevo, lo que antes se rifó...).

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