14 de febrero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

El Banco Central está diseñando una suerte de rescate final para los bancos, para sanearlos -según se lo tituló en nuestro diario-, y en virtud de esos 18.000 millones de pesos en «redescuentos», que debieron inyectarse en las entidades frente a la verdadera «corrida» de 2001. Y aquí hacemos una pausa, porque escribimos lo de «verdadera corrida» y no nos cerró completamente la expresión. ¿Hasta dónde hubo, lo que puede definirse como acción y efecto de una «corrida»?. ¿Hasta dónde quedó neutralizada, por la surgencia de «corralitos» y «corralones»? En fin, no es tema del día, acaso deberíamos repasar primero cuáles resultan -de modo ortodoxo- los perfiles para adjudicar el término y, después, volver sobre el mismo.

Pero, retomando el hilo, el asunto es que -con el interés de por medio del Fondo Monetario, en persona- se debe sacar a luz ese «saneamiento» y apoyado en los argumentos tantas veces meneados, en el correr de 2002: que el default, que la pesificación, que la asimetría y los amparos, etcétera... Y aquí, entonces, también nos preguntamos si no resultan -algunos bajo otras formaslos mismos males sufridos por los ciudadanos- contribuyentes de tan horadado país.

¿O no es asimetría, que se haya dado una devaluación violenta, con posterior inflación, y que los sueldos generales hayan quedado como en la época previa? ¿Cómo denominaría a esto un ministro de Economía, o un analista?

Si a los bancos les pesificaron los créditos, también a los ahorristas se lo hicieron con sus depósitos. ¿Y quiénes, perteneciendo a una larga cadena, no han sufrido el «default» del eslabón anterior? Los mayoristas, por minoristas que se vieron insolventes por ventas y por cuentas capturadas. Los fabricantes, por mayoristas que no cobraban abajo y no tenían financiación. ¿Qué nos queda, en el comparado de ciudadano y banco? Pues, que el contribuyente, en lugar de «un amparo», está destinado al «desamparo» más cruento...

Porque no solamente que nadie diseñará nada para mejorar las situaciones sino que llueven ya aumentos de tarifas y apretones impositivos, para proseguir succionando a la cada vez más limitada parte «pudiente» de la pirámide. De allí que, los señores gobernantes, para escudarse en cuanto firman un decreto para aumentar algo, se apresuran a decir que: «esto no involucra a los consumidores menores». Y revientan al de más arriba, que ve aumentar las asimetrías y hasta deberá cargar con todas esas cifras monstruosas que se estudian para compensar, con dinero del Estado, a entidades, sectores, que se consideran perjudicados y reclaman resarcimientos. Esto, de todos modos, después se termina pagando con otra vuelta a la recesión y a desandar el poco trecho que denota un escenario mejorado en el consumo, de estos últimos meses. Un mordisco por aquí, una suba de tarifas por allá, la obra social, el impuesto al cheque que termina por pagar el que abona una factura de un servicio.

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